Recesión desigual

México se encuentra a las puertas de una recesión. El entorno hostil que representan las políticas comercial y migratoria de los Estados Unidos puede profundizarla y dificultar la salida de ella. A diferencia de la sufrida por el COVID-19, los efectos inmediatos de la recesión pueden ser más severos en los grupos con mayores desventajas. Además, la administración anterior no ha dejado margen de maniobra para enfrentarla y las políticas disponibles están perdiendo efectividad.
Desde mediados de 2024 la economía mexicana ha venido frenando su crecimiento, pero no ha sido sino hasta el último trimestre de ese año que el reloj de ciclos económicos del INEGI ha colocado tanto el indicador de la actividad económica actual (coincidente) como el que anticipa el desempeño económico futuro (adelantado) en terreno negativo y empeorando. Esto, por sí mismo, revela fragilidad de la economía nacional, pero no necesariamente una recesión inevitable.
La incertidumbre generada por las reformas al Poder Judicial, en particular la impredecibilidad del perfil de los jueces que sean elegidos ha contribuido a debilitar la inversión productiva. Sin embargo, ha sido la amenaza y finalmente la imposición de aranceles por parte de la administración del presidente Trump lo que ha empujado a la economía al borde de la recesión. Aunque los aranceles de 25% no sean generalizados, los actuales bastan para provocar una contracción económica.
La OCDE ha pronosticado que con aranceles generalizados la economía mexicana se contraería 1.3%, pero si se respeta el TEMEC este crecimiento sería positivo, de 0.1%. Desafortunadamente, cerca de la mitad de las exportaciones de México no están protegidas por el tratado y se les ha aplicado el arancel de 25%, y de las que están en el T-MEC, las del acero, el aluminio y los componentes de los automóviles han sido afectadas por un gravamen similar. Se ha entrado al terreno recesivo por esta vía.
A diferencia del golpe económico que representó el COVID-19, la recesión que se avecina no llega súbitamente y afectando más a los grupos de mayores ingresos concentrados en las áreas urbanas. Esto significa que quienes pueden tomar previsiones de ahorro o inversión están en posibilidades de amortiguar un poco más la crisis que se avecina, y que a través del mercado de trabajo se extenderá a todo el país. Los grupos más pobres, sufrirían en mayor medida sus consecuencias.
Estudios del Banco Mundial y diversos investigadores apuntan a que reducir 1% el PIB per cápita en México se traduce en un aumento de la población pobre por ingresos de entre 1% y 2%. Estas cifras son ligeramente mayores para la pobreza extrema. Una ligera recesión de 1% significaría borrar prácticamente la reducción de la pobreza atribuible a las transferencias en efectivo proporcionadas por los programas sociales, la cuál ha sido estimada por el CONEVAL en 2.7% de la población.
Para contrarrestar el ciclo económico la política a seguir es simple, expandir el gasto incurriendo, de ser necesario, en un déficit público. Sin embargo, esta opción la canceló el gobierno anterior al gastar y endeudarse extraordinariamente en año electoral. No sólo eso, al terminar también había agotado tres cuartas partes del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios, el cuál justamente permitía enfrentar adversidades como la que se avecina.
Entre las pocas herramientas para impulsar el gasto interno se encuentran el incrementar las transferencias monetarias con nuevos programas sociales y que surta efecto en el consumo el aumento en el salario mínimo. Sin embargo, las limitaciones de las finanzas públicas debilitan una seria expansión de las primeras y la desaceleración de la creación de empleos formales la efectividad del segundo. Poco puede esperarse de las políticas públicas disponibles en la coyuntura.
Por si faltara algo, el Banco de México reporta que el total en dólares de las remesas provenientes del extranjero ha venido reduciéndose desde mediados de 2024, y su caída se ha acentuado con el inicio del gobierno de Trump. Desde su valor máximo en junio del año pasado a febrero de 2025 se ha contraído 28%, mientras que tipo de cambio del dólar ha aumentado en 10% en ese lapso. Esto significa que también valuadas en pesos las remesas han disminuido.
2025 no es un año favorable para el optimismo, pero será más difícil para las personas más pobres, quienes sean marginados del empleo formal y los receptores de remesas.
