“La economía está muy fuerte”

La frase es categórica. La presidenta Claudia Sheinbaum ve una economía mexicana fuerte, muy fuerte.
Así respondió a una última pregunta en la conferencia de prensa matutina del viernes: "La economía de México está muy fuerte. A diario veo el ingreso, me lo envía Antonio (Martínez), del SAT, y estamos como seis por ciento arriba en términos reales del año pasado, en recaudación". Fue la respuesta a una pregunta sobre cómo los aranceles de Trump han dificultado alcanzar los objetivos fiscales del gobierno.
La respuesta de la Presidenta se entiende desde la perspectiva de los ingresos totales del sector público, que en el primer bimestre crecieron 4.8% real, frente al mismo periodo del año pasado, con un destacado crecimiento de 10.1% en la recaudación tributaria; aunque los ingresos petroleros disminuyeron 14.0%. De hecho, los ingresos totales quedaron 1.5% por debajo de lo programado para el año.
Por su referencia al Jefe del SAT, la afirmación de Sheinbaum sobre la fortaleza de la economía tuvo que ver con los ingresos tributarios que la Secretaría de Hacienda reportó ese viernes, y particularmente la recaudación por IVA e ISR que creció 7% real en el bimestre, comparado con el año pasado.
Es evidente que la recaudación tributaria como proporción del PIB no es suficiente para afirmar que la economía es fuerte. De hecho, México, con el 17% de recaudación tributaria como proporción del PIB, es el país con el porcentaje más bajo de América Latina frente a economías como Brasil (33%), Argentina (30%), o Chile (24%), o frente al promedio de la región (22%), con cifras de la OCDE.
Podría decirse que Sheinbaum no se equivoca si con “fortaleza económica” se refiere al nivel de las reservas internacionales, a la solidez del sistema financiero, a una deuda pública manejable, una deuda externa reducida, a un sector exportador potente, un consumo más robusto, una política cambiaria flexible, o, incluso, a un déficit público que aún es manejable.
Sin embargo, la afirmación de Sheinbaum no convence en el contexto actual. La razón es muy sencilla. La mayoría de estas cifras económicas se están deteriorando de un tiempo para acá, y el crecimiento de algunas otras ya registran números negativos. Es allí cuando la afirmación de fortaleza económica no resiste las evidencias. Si la economía se contrae uno o dos trimestres más (como es posible que ocurra), la recaudación tributaria puede caerse en términos anuales reales, afectando las finanzas públicas y comprometiendo el objetivo de consolidación fiscal.
En estas semanas, se ha hablado mucho sobre los riesgos para la economía mexicana por la imposición de mayores aranceles efectivos a las exportaciones a Estados Unidos que se anunciarán este 2 de abril y en las semanas siguientes. Y sí, dada nuestra alta dependencia, existe un importante riesgo de un shock para la economía.
Sin embargo, el monopolio de la conversación sobre los aranceles de Trump ha minimizado el importante efecto sobre las inversiones derivado de un reforma judicial que añade más incertidumbre, al clima reinante de incertidumbre.
Difícilmente se puede afirmar en perspectiva que la “economía mexicana está muy fuerte”. No con estas dos enormes barreras que exacerban la incertidumbre y que impiden la inversión, cancelando las oportunidades aparejadas al nearshoring.
A la sensata propuesta de Fausto Hernández de elaborar un ‘Plan México B’ que haga frente a los inevitables aranceles, habría que añadir una iniciativa política de la Presidenta para reducir riesgos con futuros jueces y magistrados cooptados.
