La fiebre del arte Ghibli por IA: autoría en disputa

Más allá de los servidores recalentados, surgió una preocupación mayor: el posible vacío creativo y ético detrás de tantas imágenes inspiradas en el estilo de autores y artistas renombrados.
3 Abril, 2025
Imagen de perfil en X de Sam Altman, fundador de OpenAI, en un retrato tipo Ghibli (Imagen: X)
Imagen de perfil en X de Sam Altman, fundador de OpenAI, en un retrato tipo Ghibli (Imagen: X)

En cuestión de días, internet se llenó de escenas cotidianas y memes convertidos en ilustraciones al estilo de Studio Ghibli. La última actualización de ChatGPT, con generación de imágenes, permitió a cualquier usuario “ghiblificar” fotos populares o personales, replicando la estética inconfundible de Hayao Miyazaki, cofundador del estudio japonés conocido por sus películas de anime, siendo El viaje de Chihiro (2001) una de las más reconocidas.

La fiebre fue tal que muchos adoptaron avatares con este estilo —incluso el propio Sam Altman cambió su foto de perfil en X por un retrato tipo Ghibli—, alentando el fenómeno. Sin embargo, la celebración vino acompañada de advertencias. La avalancha de solicitudes sobrecargó la infraestructura de OpenAI y expuso tensiones más profundas. Detrás de la exasperación tumultuosa de muchos, surgieron preocupaciones éticas, legales y culturales. ¿Fue un experimento para exponer la “democratización” de la creatividad? ¿Dónde quedan los derechos de los autores? ¿Cómo se redefine el arte en la era de la inteligencia artificial (IA)?

La “fiebre Ghibli” llevó al hardware de OpenAI al límite, al grado de que Altman bromeó con que el equipo técnico no se daba abasto y necesitaba un respiro. Su reacción combinó fascinación y alarma. Por un lado, celebró el entusiasmo —“es genial ver a la gente amar las imágenes”, comentó—, pero por otro, tuvo que pedir mesura ante una “demanda insana” que saturó el sistema. Como medida, se restringió la generación gratuita de imágenes a solo tres por día, buscando aliviar la presión.

Pero más allá de los servidores recalentados, surgió una preocupación mayor: el posible vacío creativo y ético detrás de tantas imágenes inspiradas en el estilo de autores y artistas renombrados.

Desde Japón, la voz legendaria detrás de Studio Ghibli alzó una crítica contundente. Miyazaki, famoso por infundir empatía y humanidad en cada dibujo, ve con recelo el arte generado por IA. Para él, estas imágenes carecen de alma y emoción genuina. Sus palabras resurgieron con fuerza esta misma semana, viralizándose en redes sociales junto con las imágenes al estilo Ghibli. Muchos compartieron un video de 2016 donde el director, visiblemente incómodo, declara que jamás incorporaría una tecnología “sin alma” en su trabajo.

Al mismo tiempo, la figura de Miyazaki también se viralizó, lo que probablemente impulsará un nuevo auge de sus películas en los próximos meses. Tal vez por ello, hasta ahora, ningún representante del estudio se ha pronunciado al respecto.

Para Miyazaki, cada trazo animado debe contener la intención y sensibilidad humanas. Ver a una IA imitar su estilo le resulta un sacrilegio artístico. Su postura, aunque dura, refleja el sentir de muchos artistas que ven sus técnicas replicadas sin su esencia. Pero más allá de lo emocional, la tendencia de “ghiblificar” imágenes ha encendido un debate ético: ¿es legítimo que una IA aprenda y replique el estilo visual de Studio Ghibli? Algunos lo ven como un homenaje y una democratización del arte —fans comunes creando obras al estilo de sus animadores favoritos—, mientras que muchos artistas lo consideran una forma de apropiación indebida. La herramienta fue entrenada con miles de ilustraciones preexistentes.

OpenAI ha revelado que su modelo tiene restricciones para no imitar directamente a artistas vivos específicos, como medida de respeto. Sin embargo, permite recrear “estilos de estudio” completos, como el de Ghibli. Esto deja un vacío legal que muchos usuarios han aprovechado: aseguran que generar imágenes “en el estilo de” no viola derechos de autor, ya que estos protegen obras específicas y originales, pero no los estilos, cuya protección resulta ambigua.

Esa zona gris es hábilmente aprovechada por los modelos de IA: evitan mencionar a un ilustrador famoso en los prompts, pero de facto están usando su estética sin permiso. Además, no está claro si para lograr ese estilo los modelos fueron entrenados con material protegido por derechos de autor del propio Studio Ghibli. Es posible que se hayan utilizado millones de fotogramas de las películas para “enseñar” al algoritmo.

Para Luis Bernal Salazar, director de IA en la agencia de publicidad alemana Portfolio-X, en lugar de replicar estilos ya conocidos, se deberían explorar nuevas estéticas, inventar lenguajes visuales y desarrollar técnicas originales asistidas por IA, como el “tacto visual” (imágenes que se sienten con los ojos, como si fueran esculpidas), el collage de profundidad de campo (planos visuales que conviven en capas narrativas) o la ilustración cuántica (múltiples estilos coexistiendo en la misma imagen como realidades superpuestas). Su propuesta va de la mano con el fenómeno que se conoce como “fanart” una forma de homenaje que ayudó a construir imperios como Marvel o DC. Para Bernal Salazar las imágenes generadas al estilo Ghibli repiten esto con las nuevas herramientas de IA.

Lo cierto es que los vacíos legales ya han escalado a los tribunales. A inicios de 2023, un grupo de ilustradores profesionales —entre ellos Sarah Andersen, Kelly McKernan y Karla Ortiz— presentó una demanda colectiva contra compañías generadoras de imágenes como Stability AI, Midjourney y DeviantArt. Acusan a estas empresas de usar millones de obras ajenas sin autorización para entrenar sus modelos, violando derechos de autor. Según la querella, algoritmos como Stable Diffusion contienen “copias comprimidas” de ilustraciones originales dentro de sus parámetros matemáticos.

Las empresas demandadas, que incluyen a gigantes de la IA independiente, niegan haber actuado ilegalmente. Alegan que entrenar sistemas con datos disponibles en internet constituye un uso justo (fair use) amparado por la ley, como una extensión de fines educativos o analíticos. Además, sostienen que las imágenes generadas son nuevas y transformativas, no simples copias, y que ningún artista tiene el monopolio de un estilo. Esta defensa está siendo evaluada en los tribunales.

El caso Andersen vs. Stability AI es seguido de cerca por su carácter pionero. El tribunal ha considerado válidas las reclamaciones de los artistas al alegar que Stability, Midjourney y DeviantArt copiaron y almacenaron su trabajo sin permiso. Esto sugiere que hay méritos suficientes para avanzar en juicio. Sin embargo, se desestimaron los reclamos sobre las imágenes generadas, al considerar que no hay una similitud sustancial con las obras originales. El proceso sigue en curso y aún no se ha emitido un fallo definitivo.

En esta zona gris, se permite la generación de imágenes al estilo de Studio Ghibli, aunque en algunos casos la imagen resultante se acerque peligrosamente a la copia directa de una obra específica. La frontera es sutil, y la justicia apenas comienza a delinearla caso por caso.

Por eso, empresas como OpenAI se sienten confiadas al ofrecer herramientas que generan arte tipo Ghibli: operan en una zona legal ambigua, pero no prohibida. No obstante, que algo sea legal no significa que sea aceptado sin debate. El estilo visual puede considerarse un patrimonio artístico intangible, una especie de “marca de fábrica” creativa de sus autores. Verlo reproducido en masa por una IA incomoda a muchos creadores, que sienten que se diluye la autenticidad de ese legado.

Para algunos artistas, es una forma de explotación: la IA capitaliza las marcas artísticas para atraer usuarios, mientras que los creadores originales no reciben ningún beneficio. Culturalmente, muchos sienten que la “ghiblificación” trivializa la labor artesanal de décadas, reduciéndola a un simple filtro en una app de moda. La popularidad de estas herramientas va de la mano con una posible erosión en la valoración del arte humano: si el público se acostumbra a obtener imágenes impresionantes, gratuitas e instantáneas, ¿seguirá valorando el esfuerzo, la técnica y la originalidad de un artista de carne y hueso?

La tensión es palpable: entusiastas de la IA celebran el ingenio técnico, mientras artistas reivindican la profundidad y el alma insustituible de la creación humana.

La polémica por el estilo Ghibli generado por IA es apenas un capítulo en un debate mucho más amplio que nuestra sociedad apenas comienza a enfrentar. No hay respuestas fáciles. Es tentador maravillarse con la creatividad democratizada que prometen estas herramientas, así como es comprensible el temor de los artistas al ver diluido su aporte. Lo cierto es que necesitamos un diálogo sereno e informado entre tecnólogos, juristas, artistas y sociedad.

La tecnología avanza vertiginosamente —como bien lo ha demostrado Sam Altman con sus servidores al rojo vivo—, pero nuestras normas sociales y legales no pueden seguirle el paso. La fiebre por las imágenes al estilo Ghibli nos dejó una lección: la IA puede recrear la magia visual que tanto atesoramos, pero también nos confronta con el riesgo de un arte sin contexto ni sentimiento genuino.

En última instancia, el futuro del arte en la era de la IA no lo definirá solo el poder de los algoritmos, sino los principios éticos y culturales que acordemos como sociedad. Es momento de un debate profundo para que la innovación y la tradición artística puedan convivir.

 

Referencias de interés

https://www.copyright.gov/ai/

https://www.reuters.com/legal/litigation/us-judge-finds-flaws-artists-lawsuit-against-ai-companies-2023-07-19/

https://www.instagram.com/bookerfilmdirector/

https://portfolio-x.net/

Claudia Jiménez Claudia Jiménez Politóloga e Internacionalista en temas de cooperación internacional y derechos humanos en América Latina, con 20 años de experiencia en consultorías nacionales y gobierno. Profesora universitaria y conferencista. Desarrolladora de cursos y proyectos de tecnología y ética para la academia y empresas. Catedrática de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno, y de Estudios Humanísticos y Educación del Tecnológico de Monterrey. Pionera en Inteligencia Artificial en educación.