¿Es terminal la crisis del PRI para 2018?

20-03-2017 09:24

Si es verdad que el PRI está pasando por una crisis, primero tendríamos qué dilucidar qué es una crisis. Estar en crisis es estar en un punto de inflexión que puede llevar al abismo o bien salir airoso de la prueba.

Esto ya le ocurrió al PRI, en condiciones inéditas, cuando se dio la primera alternancia, en el 2000. Opiniones aparte, el PRI de aquel tiempo jugó supo jugar sus cartas aunque el precio fuera la falta de reformas. Pero el PRI se conformó con el mediano plazo, ése que pasa por la elección presidencial como forma de reproducción del poder.

Hoy, habría que preguntar cómo es que en este tránsito -con o sin alternancia- el PRI tiene que 'apechugar' con el legado del presidente saliente -la posible segunda alternancia.

Si los números de aprobación presidencial nunca fueron tan bajos, ¿cómo articulará el PRI su oferta política, su agenda frente a los ciudadanos? Aceptando que el Presidente Peña carga con un descenso en popularidad como nunca, ¿qué harán los priistas en el país?

Ahora bien, el PRI podrá estar pasando por una crisis de credibilidad pero curiosamente el capital que aún tiene no es trivial: aunque por primera vez no conserve la mayoría holgada de los gobiernos de las entidades, sigue siendo el partido con más gubernaturas.

En la Cámara de Diputados tiene la primera minoría (que con el Verde y PANAL le dan mayoría) y de los 128 asientos en el Senado está cerca de tener la mayoría con 52 senadores.

Probablemente el PRI todavía, bajo el signo de la disciplina y el liderazgo, puede hacer creíble su narrativa anticorrupción si está dispuesto demostrar con hechos -sin cacería de brujas pero sin simulaciones- que la lucha es en serio. Este es el reto mayor.

 

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Hay quienes piensan que el presidencialismo del PRI se lo impediría, que no está en su DNA político emprender tales audacias. Tal vez tengan razón.

Es por eso que los escenarios futuros del PRI importan y mucho. 2017 bien puede ser crucial. No es difícil inferir que seguir en el escenario inercial puede ser un salto al vacío. Que la retórica de siempre sumada al gran aparato del PRI simplemente ya no le alcanza al partido.

Aún con la existencia del Verde y Nueva Alianza, la pura masa crítica no le alcance probablemente. Porque es un hecho que los demás partidos van abrazar los temas de inseguridad o violencia además de la corrupción. Y eso lo harán tanto desde la responsabilidad de gobierno como desde la oposición.

 

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Si cabe, habría que preguntar: ¿Qué tanto estaría el PRI, como clase política, dispuesta a demostrarle a los ciudadanos que puede abrazar el tema de la corrupción y de la seguridad de las vidas y bienes de los ciudadanos? Es decir, ¿qué tan verosímil sería esto para la gente?

La gran paradoja del PRI es que salir al paso apoyando a  su presidente constitucional deviene -no infrecuentemente- a pagar los costos de corto o mediano plazo del partido (esto fue en su momento señalado por el propio Luis Donaldo Colosio).

En efecto el presidente Peña logró, con los partidos, las reformas estructurales. Pero por otro lado -ante una realidad de violencia e inseguridad- sin reserva alguna ha sido señalado ante diferentes gobiernos en que la ciudadanía no se siente segura.

Ante un récord de deuda pública, crecimiento endeble e inflación, la imagen es de debilidad institucional.

Sin embargo, paradójicamente, parece que la crisis del PRI no es terminal. Afirmarlo es creer que el partido de cuadros no tiene nada para encarar a sus bases y rearticular un movimiento de masas.

Después de todo, el PAN salió airoso cuando le tocó perder en 2012. Y la gente, de una u otra forma, lo sabe. Hoy  importan la estructura, la organización y la narrativa que hagan que la nave partidista, más tarde o más temprano, llegue a buen puerto.

El PRI languidece pero no es posible darlo por muerto.

Twitter: CJonesTamayo

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