Entrevistas

Los políticos tratan al elector como idiota

Los políticos han 'santificado' convenientemente a los ciudadanos y a los jóvenes, creando una generación de conformistas y de víctimas. Es pura demagogia y hay que combatirla, dice Luis Carlos Ugalde.

26-03-2018 10:27 Por : Arena Pública
"Los candidatos sí hacen propuestas lo que pasa es que a la gente no les interesan", comentó Luis Carlos Ugalde.

“Si este país tiene tendencias a la corrupción es porque su sociedad es así; si esta sociedad es apática es porque los mexicanos tienen poco afecto por la participación. Que la política se esté degradando es porque hay una sociedad permisiva e igualmente degradada y hay que empezar a decirlo”

Quien responde es Luis Carlos Ugalde, en una entrevista que concedió en su oficina de Integralia, la firma que encabeza en la Ciudad de México. Es pesimista sobre una participación importante de los jóvenes en las próximas elecciones y no cree en ellos como factor de cambio. "Son clichés" repite, como aquella idea de que la sociedad es pura y virgen, como lo ha dicho Andrés Manuel López Obrador. Para Ugalde, los políticos tratan al elector como idiota al no hacerle corresponsable de los problemas.

Sobre los medios en México y su rol en las elecciones, sentencia: "El exceso de dinero público está pudriendo a las industrias de medios". Ugalde presidió el Instituto Federal Electoral entre 2003 y 2007 y fue el árbitro en la elección presidencial de 2006, en la que Felipe Calderón fue elegido presidente de la República.

El economista por el ITAM y maestro en Administración Pública y doctor en Ciencia Política -por la Universidad de Columbia-, comparte con Arena Pública sus percepciones sobre la actual contienda electoral, sus similitudes con el proceso de hace 12 años, así como del rol de la ciudadanía y los medios de comunicación.

Aquí la entrevista completa:

 

Fuiste presidente del Instituto Federal Electoral en 2006. ¿Cuáles son los puntos vulnerables en esta elección dada la experiencia que tuviste en las elecciones anteriores?

 

Hay varias amenazas que están en el panorama: la primera es de carácter logístico, se centralizó el modelo de rendición electoral y además vamos a tener la elección más grande en la historia de México; que sean muchos cargos y que sea un proceso centralizado pueden crear cuellos de botella que estallen el día de la jornada.

El INE ha resuelto muy bien la parte operativa durante su existencia, pero este nuevo modelo plantea riesgos que desconocemos y básicamente tiene que ver con la capacidad de la maquinaria del INE y sobre todo de los funcionarios de casilla que son personas escogidas al azar para procesar el número de casillas, votos; y eso es un riesgo logístico operativo.

El segundo riesgo tiene que ver con la aceptación del resultado, y hemos visto cómo en los últimos 12 años se acepta o no se acepta de acuerdo con cálculos políticos. El mayor riesgo del 1 de julio es que los perdedores (efectivamente) acepten el resultado y que inicie ahí un conflicto postelectoral.

Más allá de que el INE de a conocer un conteo rápido o la hora en la que lo dé -creo que eso es secundario- la tentación del madruguete, o sea, salir antes de que el INE dé resultados o, bien, salir después a decir que se desconoce, es un riesgo que tenemos.   

 

¿El madruguete lo ves cómo una posibilidad latente y que puede darse de manera casi inminente?

 

No sé si inminente, pero es una posibilidad. En 2017 a las seis de la tarde con un segundo, cuando acaban de cerrar las casillas, salió Ricardo Anaya -sin información- a decir que el PAN había ganado las tres elecciones en competencia.

Antes de las ocho de la noche en 2016 teníamos como 30 candidatos ganadores a gobernador, en una elección donde se compitieron por nueve lugares. Todo mundo decía que había ganado; entonces ya está ocurriendo. ¿Por qué no va a ocurrir el 1 de julio?

Y después de la elección el mayor riesgo es la legitimidad del nuevo gobierno. Dependiendo quién gane y por cuánto, un riesgo es que el nuevo gobierno inicie en condiciones de fragilidad institucional, de desconfianza e incredulidad. Eso es un riesgo.

 

Estos tres riesgos que mencionas ¿han crecido con respecto de las últimas elecciones presidenciales?

 

El primer riesgo que es el logístico operativo es nuevo, porque tenemos una nueva ley. Esta elección se va a hacer con una nueva ley que todavía no se prueba para una elección presidencial.

Segundo riesgo que es el riesgo del madruguete o del desconocimiento, eso lo hemos tenido. En 2006 fue en su máxima expresión, en 2012 estuvo más atenuado, no es nuevo; pero como esta elección son muchos cargos en disputa puede haber más litigios que antes.

Y el tema de la legitimidad lo tuvimos ya en 2006 y lo tuvimos parcialmente en 2012. ¿Volverá a ocurrir? Depende. Si gana López Obrador no va a haber ese riesgo, porque va a haber cierta percepción de que fue una elección justa y democrática.

Pero si no gana López Obrador, habrá un problema de legitimidad sea quien sea quien gane, porque ya está construida así la narrativa en un segmento del 30% de la población. Para ese segmento si no gana López Obrador es porque hubo fraude, irregularidades, conspiración y ese núcleo de población no va a aceptar el resultado. Eso es un hecho que ya no se puede cambiar.

 

¿Hoy tenemos una sociedad más dividida -frente a resultados de esta naturaleza- que lo que viviste hace doce años?

 

Sí, primero hay más desconfianza hacia las instituciones políticas. En 2005-2006 la confianza en el IFE era del 60%-70%, hoy está entre el 30%-40%.

Dos, el humor social se ha deteriorado. Hace doce años el país estaba en crecimiento, la tasa de paz era la mejor en la época moderna, había siete homicidios por cada 100 mil personas, hoy hay 20-21.

Tres, hoy hay focos de ingobernabilidad muy localizados en algunas regiones del país. La sociedad está más cansada, está más harta, desconfía más. Sí es un contexto político y social más difícil que el de las elecciones presidenciales del 2006.

Mira en la entrevista completa en video.

 

Las elecciones del 2006 tuvieron como elemento central las campañas negativas, las campañas de ataque y lo que hemos visto de las precampañas es lo mismo. ¿Crees que esto va a marcar el derrotero de las campañas que están por iniciar?

 

Sí. Así son las campañas en todo el mundo. Así fueron las de 2006, así están siendo ahora a pesar de las prohibiciones ingenuas de la ley que dice que no puedes denigrar o calumniar a tu oponente. El hecho es que está ocurriendo, y va a seguir ocurriendo.

Pero también combinado con propuestas. Creo que en esta campaña -como nunca- hay muchas propuestas. López Obrador ha publicado un libro de su autoría y luego un proyecto de nación. No hay ningún candidato que haya propuesto tantas cosas. Podemos criticar su inconsistencia o viabilidad, pero hay propuestas.

José Antonio Meade ha venido haciendo unas propuestas muy específicas y Anaya es el que menos cosas concretas ha dicho, pero tiene una propuesta ahí de Renta Básica Universal, quiere un mando mixto policial y nos ha dicho que quiere un gobierno mixto de coalición. Hay cosas que me parecen muy riesgosas e inviables, pero sí hay propuestas.

El hecho en realidad es que a la gente no le interesan las propuestas. La gente simplemente quiere oír una o dos cosas muy básicas: quiere saber quién va a ser el vengador de los corruptos -López Obrador ha ganado esa confianza de que él va a vengar la mafia del poder- y para un segmento de la población eso es lo único relevante. O bien, que va a duplicar las pensiones para la tercera edad.

Fuera de estas dos o tres cosas muy simples que cada candidato nos va a decir, el electorado no requiere más información.

 

Eso es muy interesante. Si tú fueras un asesor de cualquiera de ellos, les dirías: “Céntrate en una o dos propuestas y lo demás... ¿campañas negativas?"

 

Sí. Hay como clichés que se repiten y se repiten: “Los candidatos no hacen propuestas”. No, los candidatos sí hacen propuestas lo que pasa es que a la gente no les interesan.

Dos, yo sí creo que la campaña se gana atacando a tus adversarios para que resalten sus pecados, y con dos o tres propuestas muy concretas de lo que vas a hacer como presidente, además de dar muestra de tu temperamento, tus atributos personales son potentes: que eres un hombre de familia, austero, joven y listo. En fin, esos mensajes verbales y no verbales de la familia, tu integridad personal o lo que estudiaste, son cosas que la gente también ve.

Pero ¿qué elector fuera del círculo rojo está interesado en saber cuál va a ser la política fiscal de López Obrador en la franja fronteriza del norte del país? Nadie. 

Hay otras propuestas más específicas que son simbólicas, por ejemplo: cancelar el aeropuerto, una propuesta de López Obrador. Es una propuesta que es muy concreta; es como el muro de Trump, es un símbolo de yo voy a acabar con los abusos. O vender el avión presidencial, esas son cosas muy específicas.

Entonces, quizá exageré ya. La gente quiere una o dos ideas: combatir la corrupción y ejemplos concretos, el avión, el aeropuerto y echar para atrás el gasolinazo. Pero más allá de eso, no creo que la gente esté interesada en algo más.

 

Quiero insistir con esto. Tenemos personajes 'exóticos' como candidatos de diferentes partidos. ¿Esta degradación de la vida pública no está asociada con la explicación que estás dando?

 

Hay que partir de algo que los políticos no dicen: la fuente original de la degradación está en la sociedad. Si este país tiene tendencias a la corrupción es porque su sociedad es así; si esta sociedad es apática es porque los mexicanos tienen poco afecto por la participación. Que la política se esté degradando es porque hay una sociedad permisiva e igualmente degradada y hay que empezar a decirlo.

Porque luego López Obrador sale a decir que el pueblo es virgen y es bueno, eso no es cierto, es una mentira. Los políticos son reflejo de la sociedad, entonces esta santificación de la ciudadanía hay que combatirla porque es pura demagogia.

Y por cierto esta cultura de que el ciudadano es bueno porque es ciudadano ha llevado a generar una generación de conformistas o de víctimas que dicen: “Yo soy ciudadano, yo no tengo culpa de nada”. Y no, todos somos culpables.

Segundo, yo creo que la degradación en la clase política tiene que ver mucho con la corrupción. Yo sí creo que en los últimos 10 o 15 años la corrupción se ha convertido en un leitmotiv de muchos que entran a la política, o que entraron por esa onda del servicio público y ya después que vieron que es muy fácil tener acceso a recursos y al peculado, pues se ha degradado.

Y se ha degradado también porque no hay un sistema de evaluación, sanción o castigo al desempeño de los gobiernos. Básicamente tú estás en el gobierno y ¡no hay nadie que te diga nada!, hagas bien o hagas mal las cosas.

Entonces creo que se está reclutando, cada vez más, a personajes de menos integridad, de menos capacidades políticas y aún más -voy a decir algo con mucho cuidado y responsabilidad- la sociedad mexicana está tan enojada que en esta elección quizá esté buscando un castigo o una revancha.

Pero en ese castigo o esa revancha no se fija quienes son las 3 mil 400 personas que van a ocupar los cargos a nivel nacional, en los estados y en las localidades. Y puede ocurrir que en 2019 volteemos a ver y digamos: “hubo una sacudida de venganza contra la clase política”.

Pero, la otra clase política que va a llegar a tomar todas esas posiciones que tenían antes los políticos de la misma clase política, a lo mejor son de peor calidad y de peor integridad. Entonces podemos tener un efecto de desplazamiento de muchos políticos y la llegada de otros políticos que no son sino los mismos de los que se fueron, pero con menor calidad y menor integridad.

En esta ola de querer cambiar y de querer castigar y vengar, podemos acabar con problemas de gobernabilidad a nivel local, y eso es sumamente grave.

Hay muchos congresos que se van a renovar y, no dudes, (que) de esos 27 que se van a renovar este año, en la mitad de ellos ganen personajes que ni si quiera tienen idea del negocio legislativo, que ni siquiera tienen las habilidades y que van a llegar para combatir la corrupción de la mafia del poder y acaben por reproducir lo mismo que había antes.

 

Somos un país de jóvenes y en esta elección van a jugar un rol importante. ¿Cuál es tu expectativa?

 

Con la información que uno ve, lo más probable es que no tengan ninguna relevancia y otra vez, los políticos van a decir que los jóvenes son el futuro y la verdad es que eso es falso. Hay otro discurso demagógico que dice que los jóvenes son buenos por ser jóvenes y no es cierto.

Los jóvenes son parte de una sociedad apática, conformista y aislacionista y los jóvenes-o millennials- tienen un factor adicional que la tecnología les ha generado: Esta política de inmunidad frente a lo que pasa, entonces muchos de ellos piensan que la política está podrida y a ellos no les afecta porque tienen su smartphone y pueden seguir sus vidas independientemente de la sociedad.

De hecho, los jóvenes millenials ni si quiera quieren tener contacto humano, entonces yo no veo que sean un factor de cambio. No quiero con esto demeritar al ser joven pero tampoco quiero caer en el lugar común de que los jóvenes van a cambiar el rostro del país porque hasta ahora no lo han hecho.

El 19 de septiembre que hubo un terremoto y hubo una participación espontánea de los millenials -que es algo que se debe aplaudir- y muchos concluyeron que iban a ser el motor del cambio. Y yo pensé: “A lo mejor de aquí se deriva una participación constante que se transforme en candidatos independientes o en apoyo a partidos” y no pasó eso.

Yo no veo que vaya a pasar, salvo que ocurra un evento en las próximas semanas que haga que se organicen como en 2012 con el movimiento ´#Yosoy132 que ocurrió a raíz de un evento fallido de Peña Nieto en la universidad Iberoamericana. Pero yo no veo que vayan a ser un motivo de cambio, desafortunadamente.

 

¿Crees que el ausentismo vaya a permanecer en esta elección?

 

La tasa de participación de los millenials ha andado alrededor del 53% que se compara con la tasa promedio nacional que es del 63%-64%; si eso se mantiene, los jóvenes van a tener un peso, pero no va a ser definitorio.

Imagínate que la tasa de participación de los millenials te subiera al 65%-70%, (entonces) ellos definirían la elección; pero como veo las cosas no lo van a ser. Puedo equivocarme, pero salvo que ocurra un evento o suceso, un evento viral que haga que salgan y se activen, van a permanecer en la medianía, y ojalá ésto los provoque de que no están siendo factor de decisión ni haciendo una diferencia.

Cuando los jóvenes en el Brexit amanecieron después de que los cuarentones, cincuentones habían decidido salirse, se dieron cuenta: “Yo soy el más afectado porque a mi me quedan 50 años de vida productiva y tú que te quedan 10 años decidiste por mí”. ¡Pues sí! Porque no saliste a votar, si hubieras salido a votar otra cosa sería.

Ojalá no pase eso en esta ocasión; que amanezca y digan: “¿Por qué este candidato que ganó ahora propone algo que me afecta cómo joven?” Pues porque ¡eres un conformista! Y crees que aislándote vas a combatir la podredumbre y no, no es así.

Entonces, creo que hay que desafiarlos y no ser complaciente, porque un gran problema de este país es la complacencia.

Los políticos tratan al electorado como idiota: “Ustedes no tienen problema, ustedes son el pueblo santo, a ustedes yo les voy a resolver todo, les voy a dar dinero, combatir la corrupción”. Nadie hace corresponsable a la sociedad, ni a los jóvenes, y yo creo que ese paternalismo, conformismo, confort sicológico que se le administra a la gente con discursos, debemos cambiarlo.

Ojalá algún independiente -de los candidatos- hable y sacuda la corresponsabilidad de la sociedad, que tiene la misma responsabilidad que los políticos a los que acusamos.

 

¿Eso solo lo ves a partir de un independiente?

 

Sí, porque los candidatos de partido están atados para decir cosas políticamente incorrectas. Yo creo que hay que decir esas cosas políticamente incorrectas para que haya un debate más interesante e inteligente.

 

Y entre los independientes que hay, ¿Ves que harían una convocatoria así?

 

Ríos Piter estoy seguro de que sí, porque es más audaz; es un político progresista liberal, no López Obrador.

Yo creo que el Bronco de repente dice cosas, pero él también es parternalista, con el término ´la raza´ le da el avión a la sociedad; esos conceptos denigran al electorado porque los tratas como un algo amorfo y como si fueran por si mismos ya algo bueno que debiésemos aplaudir.

No sé lo que vaya a pasar con Ríos Piter ya lo sabremos pronto, pero yo creo que solo por ahí podría venir una sacudida al electorado.

 

Tú fuiste presidente de la autoridad electoral. ¿El aparatado de estado juega una presión definitiva sobre el resultado electoral?

 

No. Hay que dividir dos cosas: el resultado electoral -que es contar los votos que se depositan en la urna- es un mecanismo totalmente independiente que no es manipulable. Puede haber que en cierta casilla haya irregularidad, pero una orquestación generalizada para cambiar los votos, eso no existe, no ha existido y no puede existir.

Ahí el Estado, o el gobierno o ¡Trump!, no hay manera de que intervenga; el sistema está blindado para que una vez que entre el voto a la urna, sea inviolable.

 

Pero en el imaginario popular…

 

Eso sigue estando porque López Obrador dijo que hay fraude, y Ricardo Anaya dijo que en Coahuila se habían robado las urnas el año pasado. Eso no existe. Ahora, lo que sí existe y sí se ha degradado son las condiciones de la competencia y ahí lo que sí ha ocurrido y está ocurriendo -y es un gran problema- es el desvío de recursos públicos para apoyar campañas y fondearlas.

Las campañas cuestan 10 veces más de lo que la ley permite y se fondean en parte con dinero público. Pero no es el Estado, son los gobiernos. En la Ciudad de México seguramente el gobierno local va a apoyar al PRD y en Chiapas se dice que el gobierno de esa entidad acaba apoyando a Morena, y en otras entidades donde gobierna el PRI se va a apoyar al PRI.

Entonces, son los gobiernos los que apoyan a los partidos. Se usa esto de ´elección de Estado´, como si hubiera un Estado monolítico y pues no.

Hay muchas elecciones, va a haber 3 mil 406 elecciones y ahí hay un problema de que los programas sociales se usan como publicidad. Nada impide que tú como gobernador salgas a repartir televisores en un estadio, ¡la ley no lo prohíbe! Y se está usando, desafortunadamente.

 

¿Cuál es tu valoración respecto a la actuación profesional de los medios frente a un evento tan relevante como son las elecciones presidenciales?

 

Déjame hacer antes un comentario al margen de las campañas. Yo estoy muy preocupado por el proceso de degradación de los medios de comunicación en México en general, aunque hay excepciones.

Pero el dinero los está pudriendo, el exceso de dinero público legal e ilegal, porque está registrado como presupuesto de comunicación social y de publicidad gubernamental. Y hay también donaciones en efectivo, eso está también pudriendo a la industria.

Es corresponsable el gobierno y las industrias de medios. Habiendo dicho lo anterior, en una elección con tantas elecciones, tantas campañas, los medios juegan un papel de cobertura de los hechos y también de parte interesada ¡porque reciben mucho dinero de los gobiernos!

Reciben mucho dinero del gobierno federal que encabeza el PRI, pero en las entidades hay muchos gobernadores de otros partidos que dan mucho dinero y por lo tanto tienes una cobertura distorsionada por el 'entre' de esa cantidad de dinero fuera de control.

Entonces todo lo que vemos en una campaña tiene también un interés económico, o un pago de un servicio que se está proveyendo a quien paga. También en las campañas, muchos medios cobran por cubrirlas, sobre todo en el ámbito local. Se tienen que firmar convenios de publicidad y los candidatos tienen que pagarle al medio local, a la estación de radio, al periódico local para que les cubra. ¡Eso está ocurriendo todas las campañas! Y es lamentable.

Ahora bien, a pesar de eso, al menos en el tema de la campaña presidencial, lo que se observa es que los medios le han dado un trato más o menos parejo a los tres candidatos que hoy tenemos de partido. De hecho, López Obrador es el candidato que más cobertura ha tenido en tiempo.

Y yo creo que ahí los medios sí se cuidan mucho -en el caso de las campañas presidenciales- porque como están siendo monitoreadas por la UNAM y el INE -en qué porcentaje de tiempo le dedican a cada uno- más o menos si hay equidad. Tú como elector, si quieres saber qué hace cada candidato, los medios lo están reportando.

 

Una cosa es cobertura y tiempo y otra es enfoque o sesgo editorial ¿Cuál es tu percepción al respecto?

 

En las campañas presidenciales anteriores el tono neutro es el que prevaleció. Claro hubo algún conductor de noticiero que es ´anti tal´ o ´pro tal´, pero en general lo que prevaleció fue el tono neutro.

Ahora bien, en esta elección que va a empezar, no te puedo decir. Pero yo creo que como la elección está tan competida y hay buen monitoreo, en general lo que los noticieros de televisión abierta- al menos- van a procurar es tener una cobertura mayormente neutra. Esa es mi impresión.

Ahora, a nivel de prensa lo que sí ves es que hay algunos periódicos -sobre todo aquellos que reciben mucho dinero de un gobierno o del otro- van a tener una cobertura a favor o en contra abierta y ya lo estamos viendo. Eso también es cierto.

 

¿Crees que dentro de los medios -en la opinión- haya una falta de balance?

 

Otro comentario, a mí me parece que los medios se están pudriendo también de tanta opinión. Y yo soy parte de ese mercado de opinología. Es un exceso y claro para un medio de comunicación -sobre todo escrito- lo más fácil es contratar a 20 personas que llenen sus páginas porque la investigación no paga, porque como te pagan los gobiernos ¡¿Para qué investigas?!

En fin, esta es una degradación adicional. Yo creo que en todos estos opinólogos, veo muy poco profesionalismo en general, yo creo que todo mundo dice lo que se le ocurre, hay poca labor de preparación de los textos de artículo de opinión.

Cada uno escribe lo que leyó o lo que cree. Nadie se pone a documentarse. Hay una enorme irresponsabilidad de la comentocracia mexicana; hay un enorme confort, flojera de hacer el mínimo esfuerzo porque -otra vez- como los medios de comunicación abren la cartera para comprar opinadores, les pagan... se está deteriorado.

La opinología a veces simplemente reproduce lugares comunes y son pocos los opinadores que traen datos, cifras y que además cimbran el lugar común.