Salud y Medio Ambiente

A pesar de leyes cambiantes, la Ciudad de México no baja el ruido

27-07-2017 17:45

Aunque existen leyes que abordan el tema y planes para reformar las normas existentes, la falta de sanciones claras hace que la contaminación ambiental no cese.

A pesar de las leyes que regulan la contaminación ambiental, esta sigue en aumento. Agrandar
A pesar de las leyes que regulan la contaminación ambiental, esta sigue en aumento.

El ruido que existe en la Ciudad de México es un problema de salud.

La legislación ha tratado de adaptarse para atender el problema, pero se ha quedado corta en la aplicación.

A pesar de que existen cinco normas, dos leyes que abordan el tema y una ley específica para este, las condiciones de contaminación auditiva en la urbe siguen aumentando.

La Ciudad  de México está en el  top 10 de las metrópolis con mayor contaminación auditiva del mundo, según un estudio de Mimi, un centro especializado en audición en Alemania. Por encima de ella solo se encuentran Guangzhou, China; Delhi, India; El Cairo, Egipto; Bombay, India; Estambul, Turquía; Beijing, China y  Barcelona,  España.

Y su nivel de contaminación auditiva está en la franja de peligro para la pérdida de este sentido, según los especialistas.

Todas las normas establecen un límite a los decibeles que se pueden emitir en distinto escenarios sin ser considerado ruido, sin embargo las sanciones para quienes sobrepasen ese límite son menos claras.

Por ejemplo, durante 2016, las quejas por contaminación auditiva fueron el tercer lugar de las denuncias ciudadanas de acuerdo con datos de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México (PAOT).

El artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el Congreso de la Unión tiene la facultad de legislar todo aquello que tiene que ver con la protección al medio ambiente. De ello se desprende la Norma Ambiental del Distrito Federal, que dice que los castigos serán determinadas por un juez cívico, este podrá aplicar una sanción económica de mínimo uno y hasta tres salarios mínimos (de 80 a 240 pesos), de 13 a 24 horas de arresto o una llamada de atención.

Esa Norma no contempla una verdadera sanción, solo los límites que no deben ser rebasados: 68 decibeles por la mañana y tarde y 65 por la noche y la madrugada.

Durante 2016 se recibieron poco menos de 3 mil quejas, una cifra en aumento a comparación con los 2 mil 500 de 2015 y las 2 mil 178 de 2014. A pesar de ese incremento en las denuncias, no se han llevado a cabo las sanciones necesarias para prevenir que la situación prosiga. El registro exacto de las multas aplicadas por ruido en la Ciudad no es conocido.

 

En la Ciudad de México las quejas sobre contaminación auditiva han incrementado considerablemente desde el 2014.

 

Eso se relaciona con dos factores: el que la ley no estipule claramente una sanción disminuye la probabilidad de que esta se aplique y el que para que se pueda consignar a alguien al juez cívico, cuando la policía llegue al lugar de la denuncia, las lecturas del sonido deben estar por encima de los límites permitidos, lo cual constituye un problema, pues muchas veces los policías no encuentran nada al llegar.

Los policías tendrían que contar con sonorímetros, aparatos diseñados para calcular los decibeles, y estos se tendrían que entregar a todos los policías de la capital para atender estas denuncias, cosa que no ha sucedido.

 

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“Es una situación complicada, ya que al asistir nosotros les pedimos a los dueños del establecimiento que le bajen, pero al no existir personal que esté constantemente revisando los niveles (de ruido) y al no existir una sanción real, es muy poco lo que podemos hacer para evitar que este problema continúe”, dijo al respecto Miguel Ángel Cancino, procurador ambiental en 2016.

De hecho, desde 2014 la Norma NADF-005-AMBT-2013 bajó los niveles de sonido aceptables a 63 durante el día y 60 en la noche, lo cual contrasta con la Norma Ambiental del Distrito Federal que tiene umbrales más altos.  

Para comparar, el sonido normal de una conversación humana normal es de 50 decibeles, una conversación a gritos, o el tráfico de una ciudad producen 70 decibeles. De 90 decibeles es el ruido que hace una aspiradora y el motor de un cohete espacial durante un despegue crea 180 decibeles, de acuerdo con el centro Mimi.

Por lo que, en la letra de la ley, todo lo que esté por encima de una conversación normal, y por debajo del tráfico de la ciudad amerita una sanción. Lo cierto es que de las denuncias que se presentan se sanciona con multas a

Solo el proyecto de la Ley general para el control del Ruido Urbano tiene dentro de su texto las sanciones que se contemplarían para las personas que la incumplan, pero no ha sido aprobada por el Senado de la República, lo cual, a decir de quienes lo impulsan en el Partido verde, facilitaría que sí se pongan en práctica las sanciones correspondientes.

 

Los peligros del ruido

Más allá de si es molesto o no vivir en una ciudad con exceso de sonidos afecta la salud, de maneras obvias –reduciendo la capacidad auditiva- y no tan obvias como al provocar problemas crónico-degenerativos.

En los últimos 10 años han aumentado 10 veces los casos de trauma acústica crónico presentados en México como consecuencia del ruido, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). La exposición de una persona a sonidos de más de 70 decibeles por periodos mayores a 24 horas puede provocar discapacidad auditiva y a más de 110 decibeles puede provocar sordera, según el mismo organismo.

130 millones de habitantes de países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) viven en ambientes con niveles sonoros superiores a los 65 decibeles, que es el límite aceptado por la OMS para no tener ninguna afectación ni física ni mental y  otros 300 millones viven en zonas clasificadas como de “incomodidad acústica” en las que el ruido está entre 55 y 65 decibeles, de acuerdo con la OCDE.

El nivel diario de ruido en las guarderías y jardines de niños a menudo se encuentra entre los 80 y 85 decibeles, lo cual durante una jornada puede provocar daños auditivos, de acuerdo con realizados por especialistas de la Federación Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Fesormex).

El centro Mimi hizo también un análisis que compara la edad en años de una persona con su edad auditiva. México tiene una diferencia de 10.3 años menos de edad auditiva, es decir que una persona de 50 años oye como una persona de 60, de acuerdo con lo encontrado por los investigadores.

 

La problemática de la contaminación auditiva es un reto que las autoridades deben enfrentar y regular.

 

No solo es eso, sino que el ruido también genera afectaciones a la salud emocional. El estrés que genera el estar expuesto a un ambiente con niveles constantes de ruido puede hacer que se desarrollen enfermedades crónico-degenerativas, de acuerdo con Santiago Jesús Pérez Ruiz, investigador del Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico (Ccadet).

 

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“Estás estresado y llegas a tu casa a querer descansar, pero si hay mucho ruido afuera evidentemente no lo harás, por lo que aumenta el nivel de estrés. Son sutilezas, si así lo quieres ver, pero si este panorama se vive todos los días te va generando una situación de estrés muy marcada que afecta todo tu sistema cardiovascular y hormonal”, explicó Pérez Ruiz.

Para 2019, las autoridades pretenden integrar un reglamento de construcción donde se especifique que las viviendas y espacios escolares deben lograr cierto aislamiento según su ubicación, de acuerdo con Santiago Jesús Pérez Ruiz, investigador del Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico (CCADET) de la UNAM y líder del proyecto.

Lo anterior se hará para hacer que un número cada vez mayor de mexicanos tengan viviendas que protejan del ruido y que exista información urbanística para reducir este desde el trazado de los proyectos, afirmó.

 

MÁS INFORMACIÓN: Proyecto de Ley general para el control del ruido urbano, 2016.

MÁS INFORMACIÓN: Índice Mimi de Pérdida Auditiva, centro Mimi, 2017. (En inglés)

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