El Observador

¿Usted también, doctor Carstens?

05-06-2017 22:04

Doctor Carstens.

En 178 días más usted dejará el Banco de México. El próximo 1 de diciembre su nombre y su legado quedarán registrados en la historia del banco central y del país como el tercer gobernador desde que en 1994 el Banco de México se convirtió en un organismo con autonomía plena por mandato constitucional.

Como usted bien lo sabe, el banco central es una de las muy pocas instituciones que en las últimas dos décadas ha avanzado seriamente en la construcción de un grupo de profesionales respetables y creíbles para la sociedad.

Un logro sorprendente en medio de la desconfianza y del rechazo generalizado de los ciudadanos hacia sus gobernantes y autoridades por el decepcionante proceder de quienes han actuado en contra de los intereses de las grandes mayorías de mexicanos.

Una desconfianza que se ha desbordado en los últimos cuatro años por el cáncer de la corrupción desde las esferas políticas y que ha erosionado la credibilidad de instituciones que pensábamos sólidas hasta ese momento.

Ahora tenemos a una gran mayoría de instituciones de cascarón, que han sido carcomidas por los intereses mezquinos de una clase política voraz. Sin credibilidad, son apenas armatostes de un régimen autoritario.

 

Agustín Guillermo Carstens Carstens, gobernador del Banco de México. 

 

Con las naturales voces críticas de una sociedad viva, plural, el banco central al que usted llegó como gobernador el 1 de enero de 2010, había avanzado seriamente en ganarse la tan anhelada credibilidad frente a los ciudadanos.

Un Banco de México al que la Constitución lo define como el guardián del poder adquisitivo de nuestra moneda, del peso, y por lo tanto como el celoso protector ante cualquier amenaza que enfrente el poder de compra de los mexicanos.

En un país como el nuestro, con familias mayoritariamente de bajos ingresos, nada es más importante para nuestros compatriotas que suplir con dignidad y con suficiencia el hambre, el vestido, el techo y la educación para los suyos.

Por azares del destino, usted y la Junta de Gobierno del banco central tuvieron que enfrentarse a una crisis financiera global sin precedentes por su capacidad destructiva y por su duración.

Ella destruyó por igual gobiernos, sistemas financieros completos y zacudió los cimientos mismos de la economía global.

 

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Sabemos que no fue fácil atravesar ese largo e incierto pantano que también tiró los precios petroleros, una de las enmohecidas columnas de los ingresos fiscales históricos de nuestra economía.

Y, con ello, aquel inesperado terremoto al inicio del actual gobierno también cercenó las ambiciones del recién llegado poder mexiquense que, como lo explicaba Foucault, pretendía convertir a los individuos en sujetos.

Un poder subyugante aplicado en aquellas tierras que buscó reproducirse en toda la geografía nacional, sometiendo por igual a gobiernos locales que a instituciones nacionales, sin importar sus deberes autónomos.

A usted, doctor Carstens, se le cuestionará si sus esfuerzos fueron suficientes como para oponer la resistencia que establece la Constitución a ese poder subyugante que se deslizó todos estos años desde Palacio Nacional, particularmente desde la oficina que ocupa el secretario de Hacienda en la esquina con la vieja calle de Moneda.

Tomamos nota que saltando la retórica diplomática a la usanza del banco central, advirtió una y otra vez en sus documentos públicos sobre los serios riesgos que entrañaba el excesivo endeudamiento en el que se habían embarcado el secretario Videgaray y su jefe.

 

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Pero también se le cuestionará duramente si cedió a las pretensiones de Peña Nieto de tapar esos enormes agujeros fiscales con los multimillonarios recursos que le entregó al gobierno federal, producto de la mayor depreciación que ha visto nuestra moneda desde la crisis de 1994 y que ha lacerado el poder de compra de los mexicanos.

Ha cumplido su deber al incrementar las tasas de interés tantas veces como ha sido necesario cuando la inflación ha parecido desbordarse y, con ello, lastimar aún más el bolsillo de los ciudadanos.

Podrá discutirse si lo hizo con la oportunidad y severidad requeridas, pero la Junta y usted han actuado cumpliendo su encargo.

Qué bueno que ha anunciado recientemente que creará códigos de conducta para los ejecutivos de los mercados cambiarios y de bonos que ahora mismo son investigados por la autoridad antimonopolios por presuntas prácticas ilícitas.

Una reacción tardía, y presumo que poco efectiva, ante prácticas opacas que desde hace tiempo se alientan en el sector financiero desde los gobiernos federal y locales.

No cometa el error doctor Carstens, en estos más de cinco meses que le restan a su mandato, de que los aplausos aduladores de los banqueros le nublen la vista para cumplir su encomienda constitucional de velar por un sistema financiero saludable para el desarrollo nacional.

 

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Como tampoco debe dar pie a la opacidad en una institución de y para los ciudadanos. En las dos últimas semanas se ha cuestionado la veracidad de las cifras que el banco central elaboró y publicó en materia de turismo para 2014 y los años siguientes.

Cifras que el gobierno federal ha usado para enarbolar un triunfo más de su política pública. Queremos creer. Pero hay viejos y razonables motivos para pensar que estamos frente a una maniobra más del poder subyugante de Los Pinos. Usted debe dar una explicación. El silencio solo lo hace cómplice.

La credibilidad es el activo más poderoso del banco central. Su único activo. Y usted, doctor Carstens, tiene la responsabilidad de resguardarlo y acrecentarlo hasta su último día antes que llegue a Basilea este próximo invierno.

Su legado en el banco central está a la vuelta.

 

 

Twitter:  SamuelGarciaCOM

Correo:  samuel@arenapublica.com

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