El Observador

El doble discurso: más trabajadores formales, pero baratos

08-05-2017 23:48

Veinte millones de trabajadores afiliados al Seguro Social.

Ésa es la meta que anunció el presidente Enrique Peña Nieto el 1 de mayo pasado para el final de su mandato, en un acto rodeado de líderes sindicales, patronales y de los funcionarios de su gobierno.

La meta luce alcanzable en los más de 19 meses que le restan a su gobierno.

A finales de marzo pasado el número de trabajadores registrados ante el IMSS estuvieron a un tris de alcanzar los 19 millones, así que la apuesta presidencial es que sumará, por lo menos, un millón más.

En 2016, el número de trabajadores afiliados al IMSS creció en 732 mil 591, y en 2015 el incremento fue de 644 mil 446.

 

En  2016, el número de trabajadores afiliados al IMSS creció 732 mil 591.

 

Así que de mantener ese mismo ritmo de afiliación de los dos años anteriores, Peña Nieto habrá logrado la meta que anunció en la pasada conmemoración del Día Internacional del Trabajo; si bien una buena parte de éstas cifras de creación de empleos formales provienen de una más eficiente labor de fiscalización del propio IMSS y del SAT.

Si bien la formalización laboral es uno de los mayores retos que tiene la economía mexicana hoy en día por sus implicaciones en el bienestar de los trabajadores, hay otros más que deben atenderse.

Quizá el más relevante por su rezago, es el del ingreso de los trabajadores. La inflación, medida a través del índice nacional de precios al consumidor, se incrementó 5.35% entre marzo de 2016 y marzo de 2017, mientras que el salario diario de los trabajadores asegurados al IMSS solo creció 4.49% en este periodo.

Es decir, los salarios diarios de los trabajadores reportados al IMSS sufriéron un pérdida en términos reales en los últimos doce meses.

 

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De acuerdo a INEGI, las remuneraciones (salarios o sueldos y prestaciones) medias reales de los trabajadores del sector manufacturero solo crecieron 0.2% a tasa anual en febrero; sin embargo, 16 de 20 subsectores manufactureros vieron tasas anuales de crecimiento negativas en el segundo mes del año.

En una comparación internacional, los salarios en la industria manufacturera mexicana fueron de 2 dólares la hora en febrero pasado, contra 4.7 dólares en Chile y 20.7 dólares en Estados Unidos.

Tenemos un serio problema en el país con los ingresos de los trabajadores.

No solo por la gran disparidad –la mayor de los países de la OCDE- que existe entre los pocos que obtienen altos ingresos y los muchos que perciben ingresos bajos, como lo señaló la OCDE en su más reciente reporte económico sobre México (www.oecd.org/eco/surveys/mexico-2017-OECD-Estudios-economicos-de-la-ocde...).

Sino también porque la política pública que impulsa el gobierno sobre la competitividad de la economía mexicana, se sigue fincando en los bajos ingresos reales de los trabajadores mexicanos.

Así lo promueve ProMéxico –la agencia del gobierno federal para el comercio y la atracción de inversiones en el mundo.

 

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El 5 de mayo pasado los reporteros David Welch y Nacha Cattan, de la agencia Bloomberg, publicaron una nota que ilustra esta política que ha seguido el gobierno de Peña Nieto con las inversiones de las grandes empresas  automotrices.

El caso que reseñó Bloomberg es la inversión de la automotriz alemana de coches de lujo BMW en San Luis Potosí, por mil millones de dólares y la creación de 1,500 empleos, para producir sedanes de la serie 3 de la firma.

 Es el gobierno quien sigue ofertando no solo mano de obra barata a las inversiones extranjeras, sino también fomentando prácticas contrarias a los derechos laborales de los trabajadores ¡Y a eso se le llama competitividad!

La empresa alemana en acuerdo con la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y con el aval del gobierno federal a través de la Secretaría del Trabajo, a cargo de Alfonso Navarrete Prida, estableció un salario inicial de 1.10 dólares la hora y un salario máximo de 2.53 dólares la hora para los trabajadores de la línea de ensamblado, según relata Bloomberg.

Un salario de entrada que es casi la mitad de lo que se paga en promedio en la industria automotriz en México.

Y todo –sindicato, contratos de protección y salarios- a espaldas de los trabajadores que ingresarán a laborar.

 

El gobierno de Peña se ha caracterizado por las inversiones de las grandes empresas automotrices.

 

Es el propio gobierno quien sigue ofertando no solo mano de obra barata a las inversiones extranjeras, sino también fomentando prácticas contrarias a los derechos laborales de los trabajadores.

¡Y a eso se le llama competitividad!

Así que los 20 millones de trabajadores registrados ante el IMSS que ha comprometido el presidente Peña Nieto para el final de su gobierno, luce como un buen propósito para ganarle terreno a la informalidad que tanto daño le hace a la economía.

Pero hay un doble discurso del Presidente que echa por tierra la credibilidad de su política laboral y de inversión: Cuando desde su gobierno se fomenta la precarización de esos empleos formales y se alientan viejas y nocivas prácticas sindicales en contra de los propios trabajadores.

 

Twitter:  SamuelGarciaCOM

Correo:  samuel@arenapublica.com

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