Hechos son amores

15-08-2017 07:55

“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” reza la frase atribuída a Porfirio Díaz.

Y es que nuestra vecindad con la nación que desde el siglo pasado se estableció como imperio -por lo menos del mundo occidental, nos ha acarreado todo tipo de males: desde la pérdida de más de la mitad del territorio hasta el maltrato, incluso en flagrante violación de tratados trilaterales –léase el TLCAN.

A diferencia de Canadá, primer socio comercial estadounidense, México es el traspatio norteamericano en el que las empresas de tecnología estadounidenses colocan sus productos obsoletos a precio de innovación –con la colaboración de sus distribuidores mexicanos, por supuesto.

Habrá que reconocer que a México no le ha ido tan mal como a Nepal, ni tampoco como a Ukrania, pero sería ingenuo defender que como país somos libres de desarrollar cualquier proyecto de infraestructura, y permitir la inversión extranjera sin importar de que nación provenga –aclaro, esto es hasta antes de la era de Trump, puesto que hoy por hoy, no quedan claras las políticas internacionales de su departamento de estado.

Asumiendo la lógica que prevaleció durante los últimos 20 años y que fue directríz de la política internacional estadounidense, el territorio mexicano es continuidad del territorio del vecino del norte. En consecuencia, aceptar inversión extranjera en cualquier sector estratégico de la economía, proveniente de paises no alineados al poder hegemónico del imperio, representaría una afrenta inaceptable a la esperada sumisión al poder imperial del norte.

 

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Este sometimiento ha sido constante y evidente, especialmente a partir del gobierno de Miguel de la Madrid y de forma sistemática e incuestionable, desde nuestra integración al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Salinas de Gortari.

Ya no es tiempo de debatir si entonces vendimos nuestra alma al diablo, al integrarnos y firmar el tratado trilateral, y aplicar de la manera más cruenta las políticas neoliberales del Consenso de Washington -que innegablemente fueron responsables ideológicos de la abismal desigualdad en la distribución de riqueza en México.

Pero justo ahora que comienza la primera ronda para la renegociación del TLCAN, estamos obligados a evaluar objetivamente los saldos positivos y negativos que el tratado trajo para nuestro país, considerando todos los incumplimientos que hubo y continúa habiendo por parte de los Estados Unidos de América -sin que nosotros podamos hacer nada al respecto.

Tengamos en cuenta que uno –el más relevante de nuestros “socios” comerciales, nos ha pedido el divorcio, pero está dispuesto a escuchar ¿no será también tiempo de que nosotros hagamos corte de caja y revisemos si vale la pena continuar con esta tormentosa relación, de la que siempre salimos mal librados?

Donald Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica  (TPP)

No es este el momento para analizar opciones que tal vez hace quince años no aparecían en el mapa, pero que hoy pudieran ser alternativas a un camino que aunque nos resulte conocido, no necesariamente es el que nos brinda o nos ofrecerá en el futuro los mejores resultados.

En cualquier caso, antes de evaluar otras opciones considero relevante tomar en consideración que si bien Estados Unidos de América continúa siendo considerado como la primer super-potencia mundial en cuanto a poder económico, tamaño de mercado y poderío militar, su hegemonía y liderazgo internacional están en cuestionamiento.

A partir del 2014, Rusia bajo el mando de Putin ha realizado diversas incursiones en el territorio Ukraniano, y pese a la oposición de los paises miembros de la OTAN y las sanciones económicas impuestas, continúa en control de la península de Crimea y persiste en su apoyo militar al gobierno del presidente Sirio Bashar al-Assad.

 

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Por su parte, China a replanteado su posición en el concierto de las naciones, incluso solicitando una reevaluación de su participación en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, solicitud que le fue negada.

Este rechazo –liderado por los Estados Unidos, permitió al gigante asiático impulsar la creación de un competidor del FMI, pero con enfoque oriental abarcando especialmente la ruta de la seda y el pacífico, es decir, Asia, Medio Oriente, Europa y Oceanía.

Bajo el liderazgo del presidente Chino Xi Jinping, se iniciaron trabajos y negociaciones entre los paises interesados en incorporarse como miembros, y para octubre del 2014, ya contaban con 21 paises firmantes del memorandum de entendimiento para la fundación del banco multilateral, con un capital de $100 mil millones de dólares.

Entretanto, Estados Unidos trató de impedir infructuosamente la participación del Reino Unido, como miembro fundador, postura que fue acompañada por otros paises europeos como Alemania, Francia e Italia, entre otros; tanto como no pudo frenar el ingreso de Australia y Corea del Sur.

Cómo regalo de navidad para nuestro vecino del norte, el 25 de diciembre de 2015, entraron en vigor los artículos de incorporación del flamante Banco Asiático para Inversiones en Infraestructura (AIIB); y, el 16 de enero de 2016, el consejo de gobierno del AIIB, lo declaró abierto para operaciones. Como era de esperar, de entre las grandes economías mundiales, las únicas que no son miembros del AIIB son Japón y Estados Unidos.

Actualmente, 80 paises son miembros del AIIB –de entre ellos, 26 son prospectos, incluyendo entre otros, a Canadá, Chile, Brasil y Argentina. Sorprendentemente, México no aparece en la lista, pese a que no sólo en nada nos perjudicaría ser miembro sino que en mucho podría beneficiarnos, a menos de que nuestro gobierno continúe aterrorizado de las consecuencias que podría tener nuestra desobediencia a la voluntad de nuestro amo y señor del norte (aunque ni a Canadá ni a Corea del Sur, Estados Unidos les haya aplicado cualquier clase de represalia por su desacato).

Ahora bien, como en cualquier partida de ajedréz, Estados Unidos contratacó la estrategia China mediante la que buscaba consolidar su liderazgo económico en el mundo asiático y del Medio Oriente hacia la ruta de la seda, y lo hizo tratando de consolidar su hegemonía comercial en la zona de Asia Pacífico a través del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).

Pero hay circunstancias en que los males llegan acompañados de alguna bendición. Y para México, la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la bendición llegó disfrazada de orden ejecutiva retirando a ese país del TPP “un ambicioso y polémico tratado que [buscaba] dar forma al mayor bloque económico del mundo”.[1] 

Hoy, nuestra situación ante los Estados Unidos de Trump es totalmente distinta a la del modelo impuesto por la “Ley del Garrote” (conocida como “Corolario Roosevelt” –“Speak softly and carry a big stick, you will go far”[2]), aplicada por los presidentes estadounidenses de las últimas décadas.

 

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A Trump no le interesa México ni considera que nuestra posición geopolítica sea de relevancia estratégica para los Estados Unidos. En su visión tan sólo somos un problema del que desea librarse cuanto antes.

Para nosotros esta es la gran oportunidad de quitarnos los grilletes que durante siglos nos han mantenido rehenes de las veleidades del imperio. Posiblemente sea la única y la última oportunidad de generar acuerdos con naciones no alineadas al poder hegemónico estadounidense.

La posibilidad de concretar proyectos de infraestructura con fondos provenientes de organismos multilaterales de reciente creación, para fortalecer la conectividad con paises asiáticos, los signatarios del TPP y otros, con quienes esperabamos intercambios comerciales que fortalecerían el comercio y nuestra economía, haciendonos menos dependientes del norte.

Cómo bien dijo nuestro actual secretario de relaciones exteriores en su reciente visita a Japón: señores y señoras, no hay que poner todos los huevos en una canasta.

Yo agregaría: pasemos de las palabras a los hechos.

 

[1] BBC MUNDO, 23 de enero 2017, Donald Trump retira a Estados Unidos del TPP, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

[2] Roosevelt, Theodore, January 26th, 1900, Letter to Henry L. Sprague, “I have always been fond of he West African proverb: “Speak softly and carry a big stick: you will go far.” If I had no carried a big stick the Organization would not have gotten behind me…”

 

Twitter: @PuriCarpinteyro

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