Populismo y cartelización partidista

08-08-2017 17:07

El populismo que está tan en boga en el mundo campea por múltiples democracias, viejas y nuevas.

Se trata de un fenómeno de la política que es necesario dilucidar. Sobre todo es imprescindible discernir las características que ello puede revestir en México de modo que pueda diferenciarse cada modalidad de populismo. Hubiéramos pensado hace dos o tres años que no era posible el arribo del populismo a Estados Unidos o a Europa. He ahí los resultados.  

Ha ocurrido. En países como el nuestro, solíamos hablar de transición y el arribo de la democracia. Pero hoy basta con leer a Armando Ríos Piter (caso de la FEPADE, Excélsior, 19-06-17) y todo el análisis de Leo Zuckerman sobre el Estado de México (Excélsior, 19-06-17) (tarjetas rosas y rojas) para ver que nuestra variante de populismo se caracteriza por partidos que se 'cartelizan' en el poder y encuentran la manera de burlar la ley mediante la compra del voto y hasta la coacción del mismo.

 

Políticos usan el populismo como medio para llegar y mantener el poder, ejemplo de ello es la tarjeta de salario rosa durante las recientes elecciones del Estado de México.

 

Si Ríos Piter anuncia una  Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) que está muy rebasada por la realidad, Zuckerman evidencia lo que bien pudo hacer el PRI en el Estado de México.

Desde la jornada electoral en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y alcaldías en Veracruz no han dejado de presentarse denuncias y señalamientos sobre el desaseo de los comicios por no decir el lodazal electoral.

 

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Probablemente estamos acostumbrados a ello desde que en 1994 fue creada la Fiscalía Especial para los Delitos Electorales. De entonces a la fecha, en la medida que el pluralismo de fuerzas políticas se manifiesta, los partidos se parecen cada vez más entre ellos mismos por las razones incorrectas.

Es por eso que no es exagerado hablar de partidos-cárteles, término que se acuñó en la política comparada hace un buen rato (Richard Katz y Peter Mair, 2009). La cartelización, pues, consiste en la colusión entre partidos para mantener sus cuotas de poder; se valen de las instituciones del Estado para controlar la competencia.

El populismo a la mexicana se apuntala en la cartelización de los partidos. No hay duda. La insatisfactoria FEPADE le viene bien a actores políticos que compiten en márgenes estrechos de competencia y se reparten el poder.

 

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Nótese que el fenómeno de las alianzas no es ajeno a la cartelización del poder partidario y y su rostro populista. Al contrario al estilo populismo de la dádiva y los regalos electorales es funcional a partidos que se conducen como cárteles y minimizan los riesgos de la competencia bajo niveles de judicialización del conflicto.

 

Las alianzas entre partidos es el motivo por el que muchos políticos mantienen un lugar en el poder.

 

Es necesario insistir que nuestro populismo sólo puede prosperar ahí donde el poder se carteliza para obtener recursos materiales e institucionales. Lo que en determinado momento recuerda la elección mexiquense también recuerda lo ocurrido en Coahuila. Son fenómenos paralelos, con matices, pero con una misma lógica: retener el poder a toda costa.

 

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Preocupa particularmente la elección del próximo año. Primero porque cada partido importante tiene su propio estilo de populismo y, ante la polarización que casi seguro va surgir, el acarreo y la compra de votos estarán a la orden del día. Segundo, porque las instituciones están diseñadas para mantener el equilibrio de la cartelización. Tercero, si como expresa Ríos Piter, la FEPADE está rebasada, la gobernabilidad está comprometida y no puede garantizarse.

 

Twitter: @CJonesTamayo

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