El Observador

Echándole ganas. La falacia de Los Pinos

25-01-2017 22:00

El mensaje de Los Pinos es: “le estoy echando ganas”. Y eso es preocupante.  El mensaje que está enviando el presidente Enrique Peña Nieto es que aún no ha comprendido que el país está metido en un verdadero problema y que se requieren tomar decisiones a fondo para enfrentarlo.

Las generalidades que escuchamos en su mensaje del lunes pasado nos mostraron a un presidente que quiso transmitir lo interesado que está en proteger el libre comercio, a los migrantes y a las inversiones ante las amenazas planteadas por Trump y su gobierno, pero nunca escuchamos una estrategia concreta y coherente de medidas para llevarlas a cabo en un tiempo determinado.

Lo que escuchamos el lunes detrás de los cinco principios y los diez objetivos para hacer frente al desafío Trump, fue el mexicanísimo “estoy echándole ganas”. Esa expresión que tanto escuchamos en la vida cotidiana de quien no tiene una disciplina, ni un método, ni una estrategia, ni mucho menos un plan de acciones concretas para resolver algo. Es la expresión de quien no tiene idea de cómo enfrentar la situación problemática y más bien ésta se ha convertido en un asunto fuera de su control. Evidentemente que quien piensa en ‘echarle ganas’ está lejos de alcanzar metas y resultados tangibles.

Aquí hemos insistido en que el problema no solo se llama Trump. Ése es uno que se vino a añadir –y que potenció- a otros más que ya habían puesto a México en una frágil situación antes de las elecciones del 8 de noviembre. Le enumero algunos:

1. La inflación, que ayer alcanzó 4.78% anual, no solo fue producto del llamado ‘gasolinazo’ que el gobierno aplicó a partir del 1 de enero. Los incrementos de precios ya se habían acelerado desde el segundo trimestre del año pasado producto de la recurrente debilidad del peso frente al dólar. Entonces, ya se tenía un problema inflacionario estructural que se reflejó en los precios subyacentes y en los precios al productor, particularmente en aquellos sectores con un alto componente de insumos importados.

Pero más aún, la combinación de la fuerte depreciación del peso, el incremento a los salarios mínimos, los incrementos a las gasolinas y al gas, además de una política monetaria que impide la revaluación del peso para continuar financiando un déficit fiscal crónico, puede llevarnos a pensar en una tasa anual de inflación en un rango de 7% a 8%. Se tiene un problema inflacionario en México, más allá de Trump. Y de eso debe estar muy consciente Agustín Carstens y la Junta de Gobierno a la que no le debe temblar la mano para elevar las tasas de interés al nivel que se requieran para compensar una inflación de esa magnitud.

2. Las finanzas públicas ya se encontraban en uno de sus peores estados en mucho tiempo y el riesgo México se había elevado antes de que Trump fuese elegido inquilino de la Casa Blanca el 8 de noviembre pasado. El crecimiento de la deuda pública, la fragilidad financiera de Pemex, la resistencia de la clase política a reducir el gasto corriente en el sector público para adecuarse a los nuevos niveles de ingresos en un año electoral -con el resultante de un déficit fiscal crónico- pusieron en tela de duda las metas de consolidación fiscal planteadas por el gobierno de Peña Nieto para 2017. La debilidad con la que llegaron las finanzas públicas mexicanas de cara al incendio llamado Trump, era la de una casa de paja.

3. Las resistencias del PRI, de sus aliados y del gobierno federal para tomar acciones concretas respecto de la rampante corrupción en el sector público federal y en los gobierno estatales, de la resolución de graves casos de violaciones a los derechos humanos y de las libertades en el país, así como de la proliferación de la violencia y de la inseguridad pública en las calles, han cuestionado la solvencia y vigencia del estado de derecho y de las instituciones de justicia; un asunto grave para la confianza de las inversiones en México.

Los problemas de fondo de la economía y de la confianza en el país no comenzaron ni terminarán con Trump. Las nuevas reglas del proteccionismo que está lanzando el recién llegado gobierno estadounidense le hará más daño a un país como México que le apostó a un modelo exportador, casi exclusivo, como lo hizo ver Fausto Hernández en un artículo que ayer publicó.

Pero zafarse de la resolución de los graves problemas internos -por razones electorales- para intentar colocar en el centro de la atención pública al ‘terremoto Trump’, es querer enviar el mensaje de que el Presidente “le está echando ganas”.

Una respuesta irresponsable a una grave realidad, con consecuencias aún impredecibles.

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