El Observador

La película de terror

23-12-2016 12:24

Una de las características del gobernador Agustín Carstens es su sentido del humor.

Cuando en la conferencia de prensa del pasado 1 de diciembre con motivo de su renuncia se le preguntó al robusto funcionario cuál sería el perfil de su sucesor, su primera respuesta fue: “que sea más esbelto”, arrancando la carcajada de los periodistas y disfrutando él mismo de su ocurrencia.

Unos días antes en una entrevista radiofónica el todavía gobernador del banco central recurrió a la meteorología para ilustrar que aquel escenario que había pronosticado de huracán categoría 5 con un Donald Trump cumpliendo sus promesas de campaña, se había degradado aunque tampoco se podía decir que ya era una lluvia tropical.

A Carstens le encanta bromear usando metáforas y comparaciones. Lo ha hecho recurrentemente a pesar de los consejos en contra de sus asesores en comunicación. Y es que en muchas ocasiones sus metáforas han sido muy desafortunadas y le han acarreado más de un problema además por su pésimo sentido de la oportunidad. “Tiene mala puntería”, me decía un ex funcionario del banco central.

Quizá la más recordada -por dañina- de sus metáforas fue aquella declaración en 2009 cuando era secretario de Hacienda y de cara a la crisis que había estallado en Estados Unidos hacía apenas unas cuantas semanas.

“Antes, cuando la economía de Estados Unidos se desaceleraba, la de México también. Ahora pasa lo contrario, cuando Estados Unidos tiene neumonía, México solo tiene un catarrito”, soltó el entonces responsable de las finanzas públicas con el presidente Felipe Calderón; para dejar la frase grabada para la posteridad.

Aquella ocurrencia de Carstens marcaría para siempre el sexenio de Calderón en materia económica y no hubo estratega del gobierno que pudiera siquiera distraer de la memoria colectiva aquel ‘catarrito’ de Carstens que significó una dura caída de 4.7% de la economía.

Pero, con todo, la compulsión del gobernador por el uso de metáforas desafortunadas ha continuado.

Antier en Guadalajara el gobernador del banco central volvió a las andadas ante un nutrido grupo de empresarios y ejecutivos. Carstens refrendó que de materializarse las promesas de Donald Trump sería una película de terror para nuestro país porque se daría un choque sobre el tipo de cambio real. “Solo hemos visto los cortos de una película; la película de suspenso empezó hace muchos meses, y la de terror todavía no la vemos”, dijo en el evento en el que también participaron el secretario de Hacienda y el director general de Pemex.

La metáfora del gobernador cayó como una bomba entre los funcionarios públicos sabedores de que Carstens se había robado las primeras planas de los diarios y la atención de los medios de comunicación en un momento en que buscan recuperar la deteriorada confianza. El diario español El País tituló: “Trump puede ser una película de terror para México, alerta Carstens” y en el mismo sentido lo reportó Business Insider.

Si bien el gobernador lo planteó como un escenario en el que Trump cumple sus promesas que afectarían duramente a México, llamó la atención que lo hiciera cuando hace apenas unas cuantas semanas había ‘degradado’ la fuerza con la que el huracán Trump tocaría costas mexicanas a partir del 20 de enero próximo.

La razón es simple. A partir de que Carstens presentó su renuncia al banco central el 1 de diciembre, se siente más libre para advertir sobre los riesgos que está viendo para México en el futuro mediato, pero también para justificar las decisiones que tomó la Junta de Gobierno de subir la tasa objetivo en cinco ocasiones en este año y llevar la tasa de 3.25% a 5.75%, el nivel más alto desde 2009.

Efectivamente la película de terror, como lo refiere el gobernador, aún está en ciernes y dependerá de si Trump y su equipo anuncian: 1. La revisión del TLCAN en capítulos sensibles para las exportaciones mexicanas, 2. Si decide modificar la estructura tributaria estadounidense para hacerla más competitiva reduciendo tasas, y 3. Si impone algún tipo de arancel a las remesas que envían los migrantes.

En cualquiera de estos tres ámbitos la película de terror se materializará con golpes sucesivos al peso mexicano en un momento –además- en que la confianza se ha deteriorado y el riesgo México ha crecido.

¿Acaso Carstens está viendo un escenario así? Lo está contemplando sin duda; y no solo por el huracán Trump, sino también por lo que haga el gobierno de Peña Nieto. Mientras tanto la Junta de Gobierno del banco central no tiene muchas más canicas para enfrentar un juego así, porque tampoco sería deseable para la economía que llevara las tasas de interés a niveles tan elevados.

Así que más nos vale que la metáfora que usó el próximo gerente del BIS no sea la marca del final de este sexenio.

 

*Por Navidad y Año Nuevo esta columna volverá a publicarse el lunes 9 de enero. ¡Felicidades!

 

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