La cancelación del TLCAN

17-10-2017 07:30

Paul Krugman ha sostenido que la ventaja de la apertura económica radica en poder comprar del exterior, más que en exportar.

Una posible salida del TLCAN no necesariamente afectará el flujo comercial de ambos países de manera dramática. El comercio entre ambos países ha existido aún en la época de una relativa autarquía mexicana durante el periodo 1950-1980. Es cierto, con el TLCAN la dinámica se aceleró impresionantemente. Es previsible que el comercio internacional siga su cauce, probablemente con un periodo de ajuste en el que habría una ligera disminución temporal, pero no más.

 

Las amenazas Donald Trump provocó que empresas retiraran su inversión de México.

 

El factor que, en mi opinión, puede afectar más es una disminución de la inversión directa estadounidense en México y con ello de otras nacionalidades. Como se sabe, la IED es una manera de financiar la cuenta corriente de un país cuando se encuentra en déficit, que es el caso de nuestro país. Más aún, menor IED implica menos creación de empleos.

Por otra parte, el sobreendeudamiento del país aunado a una falta de credibilidad de nuestro gobierno para lograr balances primarios positivos (es negativo desde 2003 y hasta 20016), ha ocasionado que la inversión en cartera también haya experimentado una desaceleración importante.

 

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Por ello, la única variable de ajuste para equilibrar las cuentas con el exterior ante la posibilidad de cancelación del TLCAN es el tipo de cambio. ¿Hasta cuánto? La evidencia reciente (una especie de experimento natural) sugiere que el peso se ubicaría alrededor de los 21 pesos, nivel que alcanzó cuando Trump tomó posesión (justo en ese momento se pensó que el TLCAN se cancelaría, aunque después las bufonadas de ese presidente perdieron impacto, que ahora se reanima).

Probablemente, si la SHCP logra un escenario de balance primario superavitario este 2017, donde además se dé un proceso electoral menos accidentado (con un resultado “limpio” en términos de legitimidad y sin sobresaltos, sin importar el o la candidata que gane), el peso podría rebotar a los 19 pesos después de julio.

Para la pequeña y mediana empresa, que no accede a servicios de pronósticos económicos, lo recomendable es que su planeación para el año que viene se haga en el escenario normal con 19 pesos (promedio al año), y en el pesimista con un tipo de cambio de 21 pesos (promedio al año).

 

Hay escepticismo sobre obtener un buen resultado de la renegociación del TLCAN.

 

A pesar de lo doloroso, esta amenaza de cancelación del TLCAN, suceda o no, es una oportunidad importante para que nuestro país rediseñe y repiense nuestro modelo de desarrollo.

Como lo he repetido en este mismo espacio, es importante que quitemos de la mesa las verdades de perogrullo (à la Goebbels) que la [aprobación] consolidación de las reformas de Peña son la solución del país. Si bien positivas, estas reformas no atacan el problema de raíz de la baja productividad de la economía nacional, así como de los altos niveles de informalidad. Nuestra economía está llena de incentivos para no ser productivos, empezando por la política de ineficiencia de gasto público, independiente a las reformas mencionadas.

 

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México depositó su suerte al ciclo de la economía estadounidense (la propia reforma energética va en esa dirección); no fue culpa del TLCAN que el país no haya podido explotar y multiplicar las ventajas del comercio internacional. En suma, hay que integrar el comercio internacional a una estrategia general de desarrollo, en lugar de que la primera sea el motor de la segunda, y esto último fue lo que hicimos, infortunadamente[1].

 

[1] Este último argumento lo desarrollo en un artículo que aparecerá en diciembre de este año en The International Trade Journal, intitulado “Mexico, NAFTA and Beyond”.

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