Desde el cuartel de guerra

31-01-2017 09:39

¿Recuerda usted los diez objetivos formulados por el Gobierno de México para la negociación con los Estados Unidos? 

Con ese decálogo de exigencias partieron a negociar los ministros Guajardo y Videgaray la semana pasada. ¿En dónde están? Por supuesto, ni el papelito donde los llevaban apuntados se atrevieron a sacar al llegar.

La razón es simple, el nuevo presidente ya le había declarado la guerra a México y no se habían dado cuenta.

Para quienes la palabra guerra les parezca exagerada, podemos cambiarla por “política exterior hostil”, es lo mismo. Ante un escenario así, el gobierno deberá diseñar una estrategia. Tenemos algunas ideas que nos permitimos sugerir:

1.- Identificar al enemigo. Los Estados Unidos de Norteamérica no son el enemigo, ambos países tenemos vínculos importantes. Compartimos gustos, costumbres, comida, música, diversiones, un sincretismo cultural en los estados fronterizos y, por supuesto, economías indisolubles por muchas razones que ya se han expuesto con argumentos reales. Es importante la definición porque boicotear a las empresas americanas en México no es el objetivo.

El enemigo es Trump y algunos más de su equipo. Hay que estudiarlos en silencio buscando sus debilidades, lo que no es muy difícil en el caso de Trump por evidentes. Es bravucón, irascible y colérico, rara vez piensa con claridad. Sus tweets lo demuestran. A una mente así de perturbada, puedes controlarla y desequilibrarla a voluntad. Lo que hoy afirma mañana lo niega, miente compulsivamente. Sólo se necesita astucia para engañarlo, distraerlo y manipularlo.

Se podrían amarrar navajas entre él y cualquier otro líder u organismo internacional y no se daría cuenta. Hay que mantenerlo ocupado en distintos frentes de batalla por tres años, pues para el cuarto andará en campaña.

La discusión del TLC podría litigarse ante instancias jurídicas internacionales. La ignorancia en temas de comercio exterior y tributarios son debilidades graves que ya les conocemos.

2.- Actuar sin miedo. En los últimos meses y días Trump y su gente nos perciben frágiles y temerosos. El miedo rebaja y cede la iniciativa al enemigo, dándole posibilidades para obligarnos a permanecer a la defensiva. Consecuentemente, el gobierno mexicano deberá tomar acciones futuras sin temor.

3.- Dar el primer golpe al enemigo. Este hecho altera completamente la dinámica, creando nuestra propia circunstancia. Tiene que ir dirigido al centro de gravedad del oponente, haciéndole perder el equilibrio. Al día de hoy, todo han sido palabras de ambos lados, incluyendo las directivas presidenciales. Salvo los ataques a nuestra moneda por las declaraciones de Trump, no hemos sufrido un golpe directo aún. Podemos adelantarnos.

Ese primer golpe es un mensaje de que la guerra no le será fácil. El gobierno, con la información que posee, es quien puede identificarlo. De lo que estoy seguro, es que deberá ejecutarse en territorio nacional, ya en materia económica, ya en materia de cooperación y seguridad nacional.

Pienso en dos, con el ejército, blindar la frontera a fin de evitar la entrada de armas (mover tropas a la frontera manda además otros mensajes subliminales). El otro, legalizar la producción, transporte y consumo de la marihuana en México. El 56 % de los norteamericanos y ocho de sus Estados están de acuerdo en la legalización. No obstante, el gobierno federal de ese país sigue criminalizándola. El mercado ilícito de marihuana en Estados Unidos vale unos 40 mil millones de dólares al año. Sin duda una acción así, cambiaría la dinámica de todo el juego entre los dos países.

4.- Mandado el mensaje con el primer golpe, trabajar astutamente tejiendo hilos con alcaldes, gobernadores, congresistas, empresarios, universidades, organizaciones civiles y medios de comunicación, a fin de que sean ellos quienes encabecen la primera línea de ataque contra Trump, dejando en una segunda línea a nuestros propios negociadores, quienes pueden entrar más frescos. Con habilidad, buenas ideas y paciencia, se pueden ir logrando alianzas en su equipo.

Por último, la estrategia de guerra no es una práctica democrática. Ella se decide en el cuartel de guerra únicamente. De manera que consultar al Congreso de la Unión como pretendió el Presidente, es un grave error que sólo lo llevará a la inacción pues nunca jamás se pondrán de acuerdo.

P.D.: El tema de los inmigrantes ilegales en los Estados Unidos debe tratarse por separado. La entrada ilegal de una persona a un país, viola la ley de ese país. No puede el país del que es originario, defenderlo bajo ese supuesto de ilicitud. Ahí los caminos deberán ser indirectos, pero con las mismas estrategias.

 

@borozco16

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