Cero y van tres… Oda a la desesperanza

04-12-2018 07:00

“Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo

             Porque no es lo que importa llegar solo ni pronto

                    Sino con todos y a tiempo.”

León Felipe

 

Ya es, ya llegó, ya comenzó, ya nos llevó el/la …… (inserte usted la palabra que más le inspire).

Así y de muchas maneras están, estamos, quienes como yo, percibimos que la realidad se ha movido, como si hubiese girado sobre su eje para mostrarnos un aspecto de México y de sus posibilidades que apenas hace unos meses no imaginábamos posible. En riesgo de un tropezón financiero internacional serio derivado de la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco, así como la consecuente degradación progresiva del sistema aeroportuario de la Ciudad de México, ambos derivados de un manotazo en la mesa: aquí mando yo y si me equivoco, sigo mandando yo, y si no me creen, pregúntenle al pueblo sabio.

Y sí, en efecto, el poder decisorio del presidente es prácticamente absoluto, un control centralizado del ejecutivo, así como del legislativo, a nivel estatal la irrupción de los “superdelegados” para acotar en los hechos el poder legítimo de los gobernadores y el control partidista de la mayoría de las legislaturas estatales; el pasado 1 de julio durante la votación muchos millones de mexicanos le hicieron ese terrible regalo y no pocos se arrepienten (para lo que sirve, pero se arrepienten…).

Y en este desolador escenario, hace su entrada triunfal (suenan fanfarrias): la desesperanza. Desesperanza, nombre femenino que nos indica el estado de ánimo del que no tiene esperanza o la ha perdido. Y ¿qué es eso que se ha perdido? La esperanza, esa confianza de lograr una cosa o de que se realice algo que se desea. Yo no sé los demás,1 pero yo deseo un México mejor, más justo, más seguro; un México estable económicamente y cuya población no esté radicalmente polarizada. Me parece que no vamos en ese rumbo y algo tenemos que hacer.

Mi problema, lo que a mi me preocupa, es que ha llegado la desesperanza; que la gente que me rodea está plagada de dudas y angustias. La incertidumbre parece ser el único panorama. Por ejemplo, al plantearse qué hacer en la defensa del país, se compara el riesgo de la apuesta contra la certeza del no me muevo. Parece que las decisiones hoy se toman con la negación como método; está horrible, pero mejor no hago nada.

 

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Me viene a la mente el famoso poema (si se le puede llamar así) escrito por el pastor Luterano alemán Martin Niemöller(1892-1984). Este hombre vivió y criticó duramente la falta de solidaridad de la sociedad alemana, protegiendo sus privilegios, hasta que no les quedó ninguno tras el ascenso de los nazis al poder. La complicidad social en espera de mantener privilegios o de obtenerlos; me aterra pensar que mañana podamos estarlo parafraseando:

"Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada, porque yo no era judío.

Luego vinieron por mi, un protestante, y no quedó nadie para hablar por mí.”2

Por favor, no esperemos hasta que no haya nadie para hablar por nosotros. No podemos cerrar los ojos; pero tampoco dejarlos abiertos y hacer como que no vemos; no se vale.

Hay quien se pregunta: ¿me voy del país o me quedo? Pero claro, no todos podemos irnos, muy pocos (muy, muy pocos) pueden hacerlo, la mayoría no podemos. Entonces nos preguntamos: ¿si no me puedo ir me callo o me quejo? “Porque si me identifican como enemigo de la 4T que miedo…” Y si finalmente nos decidimos a hablar entonces es: ¿voy solo, o me agrupo? Hacer equipo es algo que nos cuesta trabajo a los mexicanos, pero si suponemos que estamos dispuestos a hacerlo, entonces viene: ¿el grupo lo organizo, lo sigo, o lo dirijo?

 

no esperemos hasta que no haya nadie para hablar por nosotros. No podemos cerrar los ojos; pero tampoco dejarlos abiertos y hacer como que no vemos

 

¿Saben qué? no importa. Solos o acompañados, como líderes o como seguidores, no es momento de dudas.  Así como el camino del infierno está empedrado con buenas intenciones (o sea, no es suficiente tener la intención, hay que actuar) el camino a la dictadura, a la pérdida de libertades a la destrucción de las instituciones, está empedrado de buenas intenciones de decir o hacer algo pero no actuar. Y hay quien me ha dicho, “es que a la mejor me equivoco”.

¿Saben qué? Si nos equivocamos no importa, hay que intentar y aprender de los errores, este país es nuestro, no renunciemos a él. Sobre este tema (el derecho a equivocarse) escribí hace tiempo. Si no lo leyeron, ojalá lo hagan (yo lo hago de vez en cuando y me ayuda a reconciliarme conmigo mismo; será que yo lo escribí…).

Somos muchos, somos más los que queremos lo bueno para todos, no solamente para unos cuantos (sean de la 4T o no). Y sí, aunque nos preocupe, aunque nos de miedo, estamos decididos. Sí, hay riesgos, pero el que no arriesga no gana. Los invito a que nos ganemos el país que queremos y para eso, hagámoslo juntos, más que juntos, unidos.

Entendamos que no todos irán a nuestro ritmo, ni con nuestra enjundia o con nuestro entusiasmo, pero irán, eso es lo importante. Por eso escogí la cita inicial de León Felipe, por que se trata de que no nos desboquemos, que vayamos siempre al ritmo del más lento, pero decidido.

Porque más vale llegar juntos y después que llegar sólo y el primero.

 

@metron01

[1] Notarán quienes se fijen que he abandonado el uso de masculino y femenino en ocasión de hablar de los (ya no de los y las) demás. La razón es la reprimenda del la RAE y la verdad, si no está bien dicho, trataré de no hacerlo, dicho sea sin ánimos sexistas ni patriarcales.

Véase http://www.rae.es/consultas/los-ciudadanos-y-las-ciudadanas-los-ninos-y-las-ninas

[2] Escrito originalmente en alemán, hay diversas traducciones; me parece que este texto refleja al menos razonablemente el espíritu del texto original:

Als die Nazis die Kommunisten holten,

habe ich geschwiegen;

ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,

habe ich geschwiegen;

ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,

habe ich nicht protestiert;

ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,

habe ich geschwiegen;

ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,

gab es keinen mehr, der protestierte