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Presupuesto 2018

14-09-2017 15:46 En año electoral, los ingresos salvan la austeridad.

El secretario de Hacienda, José Antonio Meade, hizo lo más difícil: presentar un proyecto de presupuesto para el 2018, el último del mandato de Enrique Peña Nieto, el que más se vigila al estar asociado a las elecciones presidenciales, sin levantar mucha polvareda.

A primera vista es un presupuesto, en esencia, técnico, con un objetivo muy claro y sin mucho margen de maniobra.

 

José Antonio Meade, secretario de Hacienda y Crétdito Público desde septiembre de 2016.

 

Su objetivo era dar un último apretón restrictivo a las finanzas públicas con el fin de situar la senda de la deuda pública en una tendencia descendente bajo ciertas premisas:

  1. No se podrían fortalecer los ingresos mediante un alza de impuestos para no romper la promesa de Peña Nieto ni castigar al contribuyente en un año electoral.
  2. Por lo mismo, tampoco se disponía de mucho espacio para recortar el gasto público a nivel agregado, para no golpear a los futuros votantes.
  3. El rubro de gasto en capital, en el que ha recaído gran parte del esfuerzo de austeridad de los últimos años, está exhausto, cerca de su límite, y había poco espacio para que siguiera haciendo de contrapeso.
  4. Existía la certeza de que algunos componentes del gasto como el capítulo de pensiones, el del costo del servicio de la deuda o el de las participaciones a las entidades federativas, absorberían más recursos que en el 2017.

Por tanto, no era tarea fácil la que tenía la Secretaría de Hacienda por delante. Sin embargo, los números que presentó el gobierno cuadran con el objetivo de consolidación fiscal, son realistas, y han recibido el beneplácito de los mercados y de la clase política.

¿Por qué gusta tanto este presupuesto? Porque no exigirá grandes sacrificios: en el 2018 se espera que las arcas públicas se llenen más que nunca en este sexenio, tanto que no será preciso siquiera recortar el gasto público. Veámoslo.

El objetivo del gobierno era generar un ahorro en términos reales de 51,900 millones de pesos (mdp) entre el déficit público presupuestado para este año, de 518,600 mdp (a pesos de 2018), y el proyectado para el año que viene, de 466,700 mdp.

Ese ahorro permitirá recortar los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP), la medida más rigurosa de déficit público, de un 2.9% del PIB en 2017 (excluyendo los ingresos extra de los Remanentes de Operación del Banco de México) a otro de 2.5% del PIB en 2018, un nivel congruente con una reducción de la deuda pública.

Pues bien, ¿de dónde salen esos 51,900 mdp de ahorro necesario para cambiar la tendencia de la deuda?

Ese ahorro proviene, en su totalidad, del aumento de los ingresos presupuestarios: su crecimiento, de una tasa de 3.6% en términos reales, o equivalente a 165,300 mdp respecto a lo presupuestado en la Ley de Ingresos de la Federación para 2017, será suficiente para cubrir el crecimiento del gasto, de 2.2% o 113,400 mdp, y generar ese ahorro de 51,900 mdp que precisa el gobierno.

Nunca antes en todo el sexenio habían crecido tanto los ingresos totales en términos absolutos. La pesadilla de Videgaray fue que cada peso que entraba por la reforma fiscal se perdía por el derrumbe de los precios del crudo y de la plataforma petrolera: el incremento de 165,300 mdp en los ingresos totales presupuestado para el 2018 contrasta con otro de apenas 17,200 mdp en 2017 o una caída de 8,600 mdp en el 2016.

 

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Pero esta vez no será así: a los ingresos petroleros, que aportarán 154,700 mdp adicionales en el 2018,  hay que sumar 10,600 mdp más por ingresos petroleros. En eso Meade ha contado con mucha fortuna: el precio del barril se ha recuperado y la plataforma de producción se espera que mejore levemente en el 2018.

Con las arcas públicas más llenas que de costumbre, para el 2018 el gobierno no plantea un recorte en el gasto programable, donde han recaído los tijeretazos fiscales en años previos.

Para el 2018 está presupuestado que se incremente el gasto programable en 11,300 mdp reales respecto a lo aprobado en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) de 2017. Eso contrasta con un recorte de 228,600 mdp en el 2017 (o los 239,700 mdp si excluimos la inversión de alto impacto); o los 221,100 mdp de 2016. Por tanto, en términos agregados, el gasto programable se espera que crezca ligeramente en el 2018,  aunque a una tasa modesta de 0.3%.

Es cierto que dentro del gasto programable sí se sacrifican algunos rubros, los tradicionales. De nuevo sufren un recorte sustancial, dentro del gasto corriente, el rubro de subsidios (-37,600 mdp), así como el gasto en capital (-20,900 mdp). Sin embargo, esta vez esos recortes no son suficientes para contrarrestar el aumento en el gasto de pensiones (+39.100 mdp) y el rubro de otros gastos de operación (+30,300 mdp). Si excluimos pensiones, el gasto programable se habría reducido en 27,800 mdp.

Si vemos el gasto programable por la clasificación administrativa, los ramos que pierden más recursos en términos absolutos son los de Comunicaciones y Transporte (-11,400 mdp), Agricultura y Ganadería (-9,700 mdp), Salud (-5,700 mdp), Educación (-5,000 mdp) y Desarrollo Social (-3,700 mdp).

Parte de esos ahorros se destinarán a fortalecer el presupuesto de Defensa (+8,300 mdp) y Marina (3,700 mdp). Aun así, los ramos administrativos en su conjunto sufrirán un recorte de 28,300 mdp.

 

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También Pemex vuelve a sufrir una merma: su gasto se reducirá en 18,000 mdp tras recortarse en más de 100,000 mdp durante el ejercicio de 2017. El presupuesto para la CFE, sin embargo, se incrementará en 39,200 mdp.

Los recursos para pensiones se reflejan en el IMSS (+26,800 mdp) y el ISSSTE (+6,400 mdp) en tanto en los ramos autónomos, las elecciones presidenciales implicarán un aumento del gasto del INE en 9,200 mdp, mientras que el intocable Poder Judicial incrementará su presupuesto en 4,500 mdp. ¡Actualmente los recursos asignados al Poder Judicial son del mismo tamaño que para Comunicaciones y Transporte: 77,300 mdp!

Pero a ese moderado aumento del gasto programable hay que sumar el del gasto no programable, donde se contabilizan el costo financiero de la deuda y las participaciones a las entidades no financieras, rubros que se espera crezcan como resultado del mayor nivel de deuda y el alza de tasas de interés, así como por la mayor recaudación tributaria.

El gasto no programable se estima que aumente en 102,100 mdp, por lo que el gasto total se ubicaría en los 113,400 mdp. Ese incremento del gasto neto total pagado contrasta con los recortes de 2017 (-84,200 mdp) y de 2016 (-92,700 mdp).

Por tanto, medido contra el PEF de 2017 contabilizados a pesos de 2018, no hay recorte de gasto en contraste con lo observado en los dos años previos. Entonces, ¿por qué se habla de que este año hay una reducción de 90,000 mdp en el gasto programable? Porque en esa medición se está comparando el gasto presupuestado de 2018 contra el gasto estimado para este 2017: ese ejercicio de comparación es nuevo y no se había realizado en la presentación de presupuestos anteriores.

Pero si se sigue la práctica tradicional, este año no hubo recorte, a nivel agregado, ni sobre el gasto programable ni sobre el gasto neto total pagado.

En consecuencia, el delicado presupuesto para el 2018 se ha salvado y sin generar mucho bullicio. La bendición del notable crecimiento de los ingresos totales gracias a la contribución positiva de los recursos petroleros, ha aliviado el diseño del presupuesto y los recortes han sido selectivos y menos traumáticos: la senda de consolidación continúa, pero sin la verdadera cirugía que realmente precisan las cuentas públicas mexicanas.

INFOGRAFÍA

Para el 2018, la SHCP presupuestó una reducción en el déficit público por un monto de 51,900 mdp comparado con 112,500 mdp para este año. Esa meta permitirá recortar las RFSP de 2.9% en el 2017 (excluyendo el ROBM) a 2,5% en 2018, lo que a su vez hará disminuir el saldo de la deuda pública respecto al PIB a 47.3%, o 0.7 pp por debajo del estimado al cierre de 2017, pero sin tantos sacrificios… 

 

…  la razón es que los ingresos presupuestarios, en términos reales y con respecto a lo aprobado en la LIF de 2017, se estima que registren en el 2018 su mayor incremento absoluto de todo el sexenio: 165,300 mdp recibirán las arcas en el 2018,  comparado con 17,200 mdp en 2017 y una caída de 8.600 mdp en 2016. Los ingresos tributarios siguen creciendo y los petroleros, por primera vez desde 2013, crecen…

 

 

ese  mejor comportamiento de los ingresos tributarios permitirá alcanzar la meta fiscal del gobierno sin someter a la economía a otro trance de austeridad en pleno año electoral. El gasto programable, en términos reales y respecto al gasto aprobado en el PEF de 2017, aumentará en 11,300 mdp tras caer en 20107  y 2016 en más de 200,000 mdp. El gasto total, incluyendo gasto no programable, subirá en 113,400 mdp…

 

 

…  dentro del gasto programable sí habrá recortes selectivos para compensar el aumento de las pensiones (39,100 mdp) y de otros gastos (30,300 mdp). Los sacrificados son los de siempre: los subsidios (-37,600 mdp) y el gasto en capital (-20,900 mdp) aunque lejos de los estragos de los dos últimos años, cuando los recortes fueron mucho más pronunciados y generaron mucho ruido.

 

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ACERCA DEL AUTOR
José Miguel Moreno
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en la consultoría estadounidense Stone & McCarthy Resarch en Londres, Nueva York y México DF, realizando análisis para las economías de Europa y América Latina. En México fue director editorial de Infosel, así como consejero, columnista y jefe de análisis económico de El Semanario de Negocios y Economía . Además de conferencista, ha colaborado con T1msn, Invertia, Radio Intereconomía, O Estado de Sao Paulo y The Miami Herald, entre otros medios. Actualmente dirige “Llamadinero.com”, es asesor, colaborador de la revista Forbes México y profesor titular en la Facultad de Economía de la UNAM.
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