Ex bibliotheca
Lector: en este espacio encontrarás notas de opinión y notas breves sobre el sistema financiero y la economía. El nombre -Ex bibliotheca- apunta a que escribo partiendo de algún libro o estudio; también hace referencia a la conexión del universo interior de la mente con el universo público de los textos.

Jesús Silva-Herzog Flores. Un adiós.

08-03-2017 09:58 Jesús Silva-Herzog Flores fue un funcionario de larga trayectoria en el sector público. Fue protagonista y a la vez producto histórico de su época. Su período más emblemático fue como Secretario de Hacienda, cuando estalló la crisis de 1982. In memoriam, reproduzco aquí fragmentos de sus testimonios.

Jesus Silva-Herzog en una charla a estudiantes, en 2013. Jesus Silva-Herzog en una charla a estudiantes, en 2013.

La vida y los tiempos de Jesús Silva-Herzog Flores fueron interesantes. Fue protagonista y a la vez producto histórico de su época. Su carrera pública la marcó la vida hacendaria. Nunca fue novato, ya que tempranamente conoció el oficio hacendario y el político. Sabía que el manejo ordenado y firme de las finanzas públicas es una tarea central.

Pero más allá de esa labor, un Secretario de Hacienda requiere de un arte para conciliar y convencer, primero. Segundo, requiere de un arte para saber elegir ante disyuntivas engañosas: el deber frente a la lealtad, la ecuanimidad política frente al canto de las sirenas. En épocas de catástrofe, esas cualidades son indispensables. Eso lo vivió en los momentos más críticos de su trayectoria como funcionario.

A su partida, vale recordar lo que su padre, Jesús Silva Herzog, escribió en 1972: “Es ya largo el camino caminado y ya no es largo el que queda por caminar. … Ocho décadas, entra viajero y reposa de tu largo viajar”.

Las batallas más emblemáticas de su vida fueron cuando estalló la crisis de 1982, la gran crisis de la deuda. Él era el Secretario de Hacienda.  In memoriam, reproduzco aquí fragmentos de sus testimonios sobre aquellos eventos: 

[...] Desde el mes de mayo de 1982 se habían iniciado contactos frecuentes y discretos con las autoridades de los organismos financieros internacionales y con el gobierno de Estados Unidos.

La salida de capitales no paraba, todos los recursos disponibles –créditos de la banca internacional al sector público y privado, apoyos suscritos con la tesorería y la reserva federal de Estados Unidos- eran insuficientes para satisfacer la demanda de un mercado que no sólo había perdido la confianza en el peso mexicano, sino en las instituciones.

Con autorización del presidente, yo salía en un avión del Banco de México, los jueves en la tarde, para llegar a Washington en la noche. Desayuno con el director-gerente del Fondo Monetario Internacional, entrevista con el secretario del Tesoro y almuerzo con Paul Volcker, presidente del Sistema de la Reserva Federal. Aeropuerto y regreso a la ciudad de México para asistir a algún evento en la noche del viernes.

Nadie se enteraba de estos viajes relámpago.

Por cierto, en una de las entrevistas con el secretario del Tesoro, Donald Regan, al acompañarme a la puerta y despedirme y después de haber escuchado nuestra descripción de la situación que enfrentábamos, me dijo: “Señor secretario, usted tiene un problema”, le respondí, “No, señor secretario, los dos tenemos un problema”. Cara de asombro, pero de inmediato reconoció la gravedad de lo que podía ocurrir en el sistema financiero internacional.


Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos de 1981 a 1989.

A finales de julio se obtuvo el apoyo del Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos. Se nos acabó en una semana.

Se iniciaron las negociaciones frente a la crisis. México se vería ante la imposibilidad de continuar sus pagos financieros al exterior. Esto podía tener consecuencias desastrosas para todo el mundo. Una suspensión de pagos de México contagiaría de inmediato a otros deudores de América Latina, y un buen número de bancos de Estados Unidos enfrentarían enormes problemas, pues sus créditos a México, Brasil, Argentina y otros países excedían su capital contable.

La negociación se llevó a cabo en Washington. Se le conoció como “el fin de semana mexicano”.

La negociación fue larga, llena de angustia, rabia y zozobra. El viernes 13 de agosto la reunión terminó a las cuatro de la mañana, para reanudarse en las primeras horas del día siguiente.

Las negociaciones que tenían lugar en el viejo edificio de la Tesorería, se prolongaban hasta las 3 ó 4 de la mañana –hecho insólito.  Participaban el Fondo Monetario Internacional, el Banco de Pagos Internacionales, la banca comercial, las tesorerías y los bancos centrales de los principales países industriales. Además, el Departamento de Energía e incluso la CIA-.  

Hubo momentos en que los mexicanos anunciaron el rompimiento de las negociaciones. Una expresión de uno de los miembros de la delegación de estados unidos fue “hay que aprovecharse de quien está en dificultades y atraviesa por una emergencia, para cobrarles más caro la ayuda”.

Se logró armar un “paquete” financiero en el que participaban el Fondo Monetario Internacional, el Banco de Pagos Internacionales, la banca comercial, las tesorerías y los bancos centrales de los principales países industriales. Por supuesto, el país deudor.

Nunca antes se había hecho un esfuerzo de esta naturaleza. Era la primera vez, en la historia financiera internacional, en que todo un grupo de entidades acreedoras participaban conjunta y directamente en la solución de los problemas de un país deudor. Se estableció un precedente que sentaría pauta para el futuro.

A mi regreso de Washington y en las primeras horas del lunes 16 de agosto me percato, de modo muy reiterado, de un ambiente en la sociedad mexicana de enorme incertidumbre.

El 19 de agosto, en el salón Panamericano de Palacio Nacional, di una conferencia a la prensa nacional y extranjera. En aquella ocasión expresé: “Definitivamente el problema que enfrentamos es muy serio, es de coyuntura y carácter financiero, es casi –exagerando los términos- un problema de caja”. La expresión me perseguiría durante largos meses y años.

Al día siguiente, me trasladé a Nueva York. Habíamos arreglado el apoyo con los gobiernos y ello estaba en marcha. Había ahora que negociar con bancos. El domingo anterior, en pleno verano, había hablado con los directores generales de los principales bancos del mundo. La mayoría de ellos, a pesar de haberme comunicado al campo de golf, en el yate o en sus casas, tomaron las cosas con serenidad y espíritu positivo. El dinero se nos había acabado.


​Edificio de la Fed de Nueva York

La convocatoria para una reunión entre los banqueros de todo el mundo y la delegación mexicana el viernes 20 de agosto a las nueve de la mañana en el edificio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, estaba ya en las manos de los interesados.

Gracias a los buenos oficios de Paul Volcker, habíamos extendido la invitación para la reunión a cerca de 1,000 bancos privados de todas las partes del mundo. Gran expectativa. Más de 600 personas llenaban el auditorio del banco en Wall Street. Nunca hablamos de moratoria, sino de reestructuración.  

En la mañana, temprano, antes de la reunión grande, constituimos el grupo asesor de bancos. El ambiente era tenso. De expectación. Nadie sabía lo que podía pasar.

Expliqué la situación general y presenté nuestra solicitud de prórroga de 90 días para el pago de las amortizaciones de capital de la deuda pública mexicana.

La crisis mundial de la deuda había iniciado en ese momento.

Terminaba una era de México y empezaba otra.

Envío: llamo a este texto “un adiós”, porque habrá otros tributos en su memoria. Las horas que me regaló en charlas y entrevistas fueron importantes para mi visión de los acontecimientos históricos. En varias ocasiones comentó mi trabajo en eventos públicos, siempre con su inigualable elocuencia y humor de alta precisión, eso se va a extrañar. ¡Adiós y Buen camino!


Los fragmentos provienen de testimonios que aparecen en las siguientes publicaciones:

Silva Herzog Flores, Jesús, (2005) “Recuerdos de la nacionalización de la banca. Testimonio” En: Del Ángel Mobarak, Gustavo A., Carlos Bazdresch Parada y Francisco Suarez Dávila (editores) (2005) Cuando el Estado Se Hizo Banquero. Consecuencias de la Nacionalización Bancaria. Fondo de Cultura Económica, Colección Lecturas del Trimestre #96.

Silva Herzog Flores, Jesús, (2007) A la Distancia. Recuerdos y testimonios. México, Editorial Océano.

Silva Herzog Flores, Jesús, (2011) “La crisis de 1982 y la nacionalización de la banca”, en Amparo Espinosa y Enrique Cárdenas Sánchez (editores) La nacionalización de la banca, 25 años después. La historia contada por sus protagonistas, tomo I, 2ª. ed., Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

Del Angel Mobarak, Gustavo A. (2012) El crédito público en la historia Hacendaria de México. Secretaría de Hacienda y Crédito Público y Trilce. México.

 

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ACERCA DEL AUTOR
Gustavo Del Angel
Gustavo es académico del CIDE, especializado en la historia del sistema financiero, así como en su estructura y regulación contemporáneas; ha sido profesor visitante en la Université de Paris y National Fellow en el Hoover Institution.
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