Arte y Política
Estos dos mundos nunca han estado separados, la inspiración para uno puede llegar desde el otro o verse reflejada en él. Aquí una mirada de ambos desde Washington.

¿Quién es MILO, el autodenominado “Joto” Peligroso? 2a Parte-Caída

08-03-2017 09:39 Después de todo lo dicho en la primera parte de esta columna, cabría preguntarse ¿por qué vale la pena ocuparse de alguien como Milo, que además ya cayó? Porque su triunfo nos alerta de la existencia de un universo paralelo en Estados Unidos habitado por millones de personas que no sólo, no lo rechazaban, sino lo enaltecían.

Después de todo lo dicho en la primera parte de esta columna cabría preguntarse ¿por qué vale la pena ocuparse de alguien como Milo, que además ya cayó? Porque su triunfo nos alerta de la existencia de un universo paralelo en Estados Unidos habitado por millones de personas que no sólo, no lo rechazaban, sino lo enaltecían.

Esa tierra donde pegó la semilla de Milo sigue fértil. Y lo peor es que ese universo esta compuesto no sólo de blancos de clase trabajadora (como se ha dicho), sino de jóvenes universitarios.

En las conferencias de Milo se podía ver que su audiencia podía discrepar con él en algunos puntos, excepto en uno: Donald Trump. Cuando mencionaba a “daddy” la aclamación era unánime.

Milo Yiannopoulos

Milo supo con más de un año de anticipación algo que ni las mejores mentes del mundo, ni los mejores medios, ni las encuestadoras más renombradas, ni los centros de investigación alcanzaron a vislumbrar: que Trump ganaría las elecciones. Milo lo aseguraba sin el menor asomo de duda.

Y no era una corazonada que le llegaba por las entrañas; lo sabía porque cuidadosa, detallada y fríamente había observado el poder de convocatoria de Trump; que sus concentraciones reunían a miles de personas, mientras que las de Hillary Clinton apenas a cientos.

Entendió también que más que las políticas o el programa de gobierno que ambos candidatos promovían, Trump validaba a los electores en los dos asuntos que sentían más cercanos a sus vidas: la corrección política y la inmigración. Pero así como fue su fulgurante ascenso, llegó su caída.

 

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Todo comenzó el sábado 18 de febrero luego de que el director de la Unión de Conservadores Americanos (CPAC) anunciara con bombo y platillo que se había invitado a Milo a dar un discurso en su reunión anual. La noticia levantó una ola de protestas en Twitter.

El golpe fatal llegaría en la madrugada del domingo—y vendría de la derecha. A las 2:30 AM el blog conservador Reagan Battalion subió a Twitter el link al video de una entrevista (realizada en 2015) en la que Milo, supuestamente defendía la pedofilia. Ver aquí:

 

Como se puede ver, Milo entró en confianza y se “fue de lengua” diciendo que no veía nada de malo en que adolescentes tuvieran relaciones con personas mayores, que la edad consensual era arbitraria y que él en lo personal había tenido una muy buena relación con un sacerdote a los 14 años que le enseñó excelentes técnicas de sexo oral.

El video se hizo viral y el escandalo se levantó como pólvora. Sus enemigos utilizaron las mismas tácticas que él y comenzaron un verdadero acoso mediático donde de diferentes bandos surgían otros clips donde Milo decía frases similares. Pronto, las voces que repetían el horror de que promovía la pedofilia fueron imposibles de acallar.

El lunes a la 1 PM CPAC anunció que cancelaba su participación. Esa misma tarde la editorial que iba a publicar “Dangerous”, su autobiografía, no solo se echó para  atrás sino le pidió que devolviera los 250,000 dólares de adelanto. La noche de ese mismo lunes comenzaron a circular los rumores de que varios de sus compañeros en Breitbart News exigían su despido amenazando con dimitir si él no se iba.
 

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El martes en la mañana, Milo mismo anunció su renuncia a Breitbart, la plataforma que lo había lanzado a la fama y acercado a los corredores del poder en Washington.

Al mediodía dio una conferencia de prensa en la que negó rotundamente que promoviera la pedofilia, pero aceptó que el lenguaje utilizado en algunos de los clips que salieron a la luz podrían malinterpretarse y ser ofensivos para muchas victimas y que por lo tanto, les pedía perdón.

En la conferencia de prensa Milo parece ya estar más en control. El video más contundente lo subió en la madrugada del lunes y aquí sí se le ve destrozado. Demacrado y pálido, atribuye su apariencia a que esta enfermo.

Es difícil no sentir pena por Milo después de verlo así, pero deberíamos seguir su propio lema: “Lo que sientas o te ofenda, me tiene sin cuidado”. Milo promulgaba la especie de que la izquierda abusaba de nuestra tendencia a sentir lástima por los otros para crear una cultura de victimización en la que las minorías compiten por el primer lugar de sufrimiento y creen que el estado y la sociedad deben resarcirlos por su dolor.

Milo respondía con un argumento que empataba perfectamente con la sensibilidad nacionalista de sus escuchas diciendo que en todo caso el gobierno se debería de ocupar primero de su gente: la clase blanca trabajadora. En otras palabras “los blancos también lloran”.  Nadie en su sano juicio podría afirmar lo contrario.

Millones de personas perdieron todo después de la crisis financiera del 2008 (incluido el padre de Stephen K Bannon). No es de sorprender entonces que la ideología que promueve Milo tuviera ascendencia en la Casa Blanca.

Curiosamente, Milo niega ser un supremacista blanco. Sin embargo, ha inspirado a personalidades aun más siniestras que él como Richard Spencer.

El dirigente de un nuevo movimiento que pregona los valores de la cultura occidental europea fue capturado haciendo el saludo nazi para celebrar a Trump.  Spencer ha iniciado su propia cruzada por las universidades para “liberar a la torre de marfil tomada por la izquierda.”

Tanto Milo como Spencer enarbolan la bandera de la libertad de expresión para que puedan lanzar sin restricción mensajes que son declaraciones de guerra contra un enemigo común: los liberales progresistas de izquierda, y no solo se refieren a los Demócratas, sino a los conservadores tradicionales por no ser lo suficientemente radicales.

En todo caso, Milo es el único que había alcanzado el estatus de estrella. Además de su innegable carisma, utilizaba el humor para crear una cortina de humo que podía disimular la seriedad de sus insultos y hacerlos pasar por bromas.

Al centro, Milo Yiannopoulos en conferencia a universitarios.

Por otra parte, algunos de los puntos que atacaba son cuestión de simple sentido común. Por ejemplo, la ridiculez de que en las universidades se creen espacios “seguros” para que los estudiantes se puedan retirar a oír música suave y relajarse en caso de que escuchen algo que les desagrade en sus clases; o que los libros tengan mensajes de advertencia ante un pasaje que pueda perturbar la tranquilidad del lector. 

 Excesos como el de que en la Universidad de Oberlin los estudiantes se hayan quejado de que en la cafetería se les ofreciera sushi por considerarlo una forma de “apropiación cultural” irrespetuosa hacia los japoneses. O de la intolerancia que se esconde detrás de la corrección política. Cualquiera podría estar de acuerdo con esto. El problema era que Milo volvía sus ataques personales y no a las ideas.

 

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Para exhibir lo ocurrido en Oberlin, Milo dirigió sus municiones hacia la actriz Lena Dunham, graduada de esa universidad, porque se puso del lado de los estudiantes. Y lo hizo con insultos al tenor de: “esa gorda asquerosa, ésa que abusó de su hermana menor”. En el caso de Dunham, hablamos de una celebridad que esta en una posición de poder y se podía defender tomando el micrófono.

Pero sus blancos eran por lo general más indefensos. En la universidad de Wisconsin, Milo exhibió la fotografía de un estudiante transexual e invitó a su publico a que se burlara de él.

“Son solo travesuras”, decía, “a las palabras se las lleva el viento”. Pero en las manifestaciones que se dieron en su contra cuando se presentó en la universidad George Washington, una persona fue baleada.

Milo salpicaba sus insultos con destellos de erudición como recitar de memoria, en alemán, líneas del Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein.  Por lo tanto descalificarlo como un imbécil ignorante, no era tan fácil. Hay otras descalificaciones que también se sacudía fácilmente.

Milo Yiannopoulos

Por ejemplo, que no es racista porque tiene amantes negros; que no es misógino porque solo está en contra de la tercera ola del feminismo, no de las mujeres; o que no es antisemita porque él mismo es de origen judío.

Lo más alarmante es que a quienes lo apoyaban, desde las más altas esferas del gobierno hasta los más humildes, nada de esto les parecía inaceptable… hasta que salió el video de su desgracia.

Podríamos simplemente regodearnos con la estrepitosa caída de Milo y decir que se lo tenía merecido, pero además de que no se vale hacer leña del árbol caído, habría que sacar algo de mayor provecho de esta historia; algo que vaya más allá de la simple moraleja de que “el que la hace, la paga”.

En nuestras desgracias, y contra nuestra voluntad, adquirimos sabiduría, por la terrible gracia de Dios. Esquilo (525 a. C. 456 a. C).

Imaginando a Milo en los oscuros abismos del dolor, esperamos  que el horror de lo que ha vivido le dé un poco de sabiduría. Y no creo que haya mejor figura intelectual para acompañarlo en esta pena que Simone Weil.

Decíamos que Milo es de origen judío, pero profesa la fé católica. La escritora francesa también era judía y encontró en el catolicismo, el pensamiento clásico y el Zen budismo las bases para su filosofía.  Para Weill es en la aflicción donde el ser humano se topa con la verdad trascendental.

Es en esa textura emocional donde toda vida cobra sentido. En la cosmovisión griega, aflicción se entiende como infortunio.

La fortuna era la fuerza impersonal del universo que nos exponía a todos por igual a sus caprichos. Saber esto, nos lleva a comprender que aquello a lo que llamamos “yo”, mi persona, no es otra cosa que un momento de nuestra siempre contingente, fluida y azarosa posición en el tiempo.

¿Por qué la gente que finca sus convicciones en la anulación del “otro” se equivoca, no solo ética, sino intelectualmente? Porque en una vuelta de fortuna, el “otro” se puede convertir en uno mismo.

El caso de Milo es emblemático. En 48 horas pasó de despotricar contra la cultura que usaba la victimización como moneda de cambio, a usarla para justificar sus actos.

Milo Yiannopoulos apoyando la candidatura de Donald Trump

“Fui víctima de abuso sexual; ahora lo entiendo y mi mecanismo de defensa fue pensar que yo había estado disfrutando la relación con un hombre mayor”, dijo en su última conferencia de prensa.

Milo pasó de aplaudir a su público cuando entonaba: “construyan el muro, construyan el muro”, a que su propio estatus migratorio esté en peligro, dado que su visa en Estados Unidos depende de que este empleado.

Pasó de calificar a Lena Dunham de pedófila —en su biografía la actriz confiesa que cuando tenía 7 años, exploró las partes intimas de su hermana menor—a que a él lo acusaran de lo mismo. Pasó de decir que los insultos y el lenguaje no podían hacerle daño a nadie, a lamentar que se le etiquetara de “pervertido”.

Pasó de insultar a transexuales y lesbianas, a que muchos se comenzaran a referir a él como homosexual depravado. Es decir, pasó de ser esa persona que consideraba tan guapa, simpática e inteligente y que portaba como mérito propio, a ser el “otro” al que antes impunemente denostaba.

Puede parecer un detalle menor, pero es interesante observar a Milo en la cúspide de su arrogancia en una entrevista con el mismo locutor con quien había hablado de su relación con hombres mayores. Aquí se refiere a la gente gorda en los términos más despectivos, sin ponerse a pensar que pueden estar librando batallas de las que solo por azar su propio metabolismo los ha librado… hasta ahora.

Sería la última ironía que ni siquiera de su muscular y esbelto físico pudiera ya vanagloriarse, recordemos que  la depresión también puede llevar a la gente a ganar peso.

Después de lo ocurrido ha quedado claro que Milo es también un ser dañado; que a pesar de su arrogancia, en el fondo guardaba a un ser herido y que quizás ese odio expresado con tal intensidad no hacía sino esconder el peor de todos: el odio a uno mismo.

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ACERCA DEL AUTOR
Anne Wakefield
Crítica de cine para AARP, la organización no gubernamental más grande de EEUU, es miembro del comité de selección del Festival de Cine en Morelia y trabaja como corresponsal para Formato 21. En 2007 recibió la Beca Paul Miller para reporteros en Washington, de la National Press Foundation. Su tesis "Identidad y Cine Chicano: Cruzando la Frontera del ser al Otro" fue incuida en una antología publicada por la Universidad de París X.
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