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La Ley de Herodes Obrador

16-04-2019 23:21

Ya lo dijo la titular de la Secretaría de la Función Pública: AMLO es el Estado.

Conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Como no me gusta la Constitución, la anulo con el poder de mi firma. Suspendo lo que establecen las leyes por un plazo indefinido, en tanto el Congreso aprueba aquello que yo quiero. Me arrogo facultades que no tengo, como es legislar por medio de un “memorándum”, con todo ese poder que me otorga mi pluma.

 

Juan Vargas, Victioriano Huerta, Adolfo Hitler y AMLO

Pero no es Juan Vargas, el Presidente Municipal de San Pedro de los Saguaros, inventando leyes para sangrar a sus gobernados. “La Ley de Herodes” era finalmente una película, una parodia del poder en la era del PRI. Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México, ni siquiera se toma esa molestia de inventar leyes a su gusto. Es un aprendiz de Dictador como este país nunca lo ha visto, sin siquiera la pretensión de modificar el marco legal para acomodar sus deseos.

Un Victoriano Huerta se tomó la molestia de obligar al Presidente y Vicepresidente a renunciar, y que el Presidente interino (Pedro Lascuráin), lo nombrara como titular de Relaciones Exteriores y renunciara (todo en 45 minutos), para así llegar a Presidente por la vía “legal”. AMLO muestra con descaro su arrogancia al arrogarse el legislar por medio de tres páginas con su rúbrica. El mentado “memorándum” ni siquiera marca copia a los líderes del Congreso, sino que va dirigido a miembros del Poder Ejecutivo: los titulares de Gobernación, Hacienda y Educación.

Cuando el Primer Ministro británico Neville Chamberlain y el Canciller alemán Adolfo Hitler negociaron en septiembre de 1938 la entrega de territorio de la entonces Checoslovaquia a Alemania, Hitler detalló sus exigencias en un largo documento. Chamberlain le dijo que era un ultimátum (“diktat” en alemán), a lo que el líder germano contestó poniéndole el papel frente a los ojos. Le contestó: vea usted que lo encabeza la palabra ‘memorándum’”.

 

El Presidente Sol

La ironía es que López Obrador no requiere de argucias que tampoco engañan a nadie encabezando sus órdenes como “memorándum”. Podría perfectamente requerir al Congreso a legislar lo que le plazca. Cuenta con la mayoría legislativa, y en los congresos locales, para modificar la Constitución a su gusto (atrayendo o adquiriendo algunos votos de partidos formalmente en la oposición), como lo acaba de hacer para militarizar la seguridad del país. En el “memorándum” dicta lo que quiere aprobado, pero en calidad de mientras anula lo que está claramente dispuesto en Constitución y leyes secundarias aprobadas a partir de 2013.

El “memorándum” es una oda al poder unipersonal. Dice que “con base en las facultades que me confiere el cargo que detento”. Obviamente no establece esas facultades y menos todavía su fundamento legal (como se hace en cualquier iniciativa de Ley) puesto que no existen. El primer párrafo del documento inicia con la ya sobada fantasía de AMLO sobre los gobiernos que le antecedieron: “Como es de público conocimiento, las reformas conocidas como estructurales y la agenda impuesta desde el extranjero durante el periodo neoliberal no han dejado más que pobreza, violencia, corrupción y malestar social”. La fantasía personal como base y justificación para la proclamación de un poder dictatorial.

 

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Ya lo dijo la titular de la Secretaría de la Función Pública: AMLO es el Estado. Ese “memorándum” lo muestra y demuestra. No hace falta hacer una proclama como la hecha por Luis XIV, el llamado Rey Sol, ese omnímodo poder está claramente expresado en las órdenes que contiene el documento. Todo un andamiaje legal debe ser rotundamente ignorado como si no existiera, en tanto aquello al gusto del Presidente Sol es aprobado por esos legisladores complacientes a los que acaba de ningunear.

 

El contrapeso judicial

La aplastante mayoría de Morena en el Congreso asegura que López Obrador no enfrentará consecuencias por violar esa Constitución que juró cumplir y hacer cumplir. La única esperanza de cierto contrapeso democrático reside en el Poder Judicial, en primer lugar anulando las pretensiones presidenciales de gobernar a golpe de “memorándum”. Sería lo deseable, aunque en el México actual ya no puede asegurarse que las leyes se cumplan cuando se tiene a un Presidente que ni siquiera finge tomarlas en cuenta.

López Obrador inicia, una vez más, una crisis por completo innecesaria. Teniendo a su alcance el poder y cauces legales, recurre al capricho. Ya salió derrotado de esa guerra artificial que desató contra el huachicoleo, solo provocando semanas de desabasto de gasolina a cambio de nada (el huachicoleo sigue tan campante, ahora simplemente ignorado). Esta crisis será mucho más grave, al romper claramente el orden constitucional.

El perdedor debería ser el Presidente, pero lo más probable es que, como Juan Vargas, logre imponer al menos por un tiempo su propia Ley, la Ley de López Obrador.

 

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía (Essex, Reino Unido), Licenciado en Economía (ITAM) y Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UNAM). Profesor-Investigador en el ITESO.Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional y en el gobierno de México.
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