Entrevistas

Vivimos momentos de frustración, pero podemos superarlos

15-08-2017 15:00

No hay que hacerse ilusiones para no terminar desilusionados y los mexicanos en el año 2000 nos formamos muchas ilusiones, reflexiona Javier Garciadiego

México está pasando por un mal momento, no cabe duda, asegura el historiador e investigador especializado en la Revolución Mexicana, Javier Garciadiego. Agrandar
México está pasando por un mal momento, no cabe duda, asegura el historiador e investigador especializado en la Revolución Mexicana, Javier Garciadiego.

México está pasando por un mal momento, no cabe duda, asegura el historiador e investigador especializado en la Revolución Mexicana, Javier Garciadiego.

Sin embargo, el ex presidente del Colegio de México es optimista respecto al futuro del país, pues menciona que si México superó tres siglos de coloniaje, la pérdida de la mitad de su territorio, la invasión una potencia como fue Francia y los vestigios de la Revolución, por qué no podría superar los momentos de frustración que se viven en la actualidad.

En un contexto en el que la clase política habla mucho sobre la refundación de la nación, el doctor en Historia de México por el Colegio de México y en Historia de América Latina por la Universidad de Chicago habla en entrevista para Arena Pública sobre si existen o no elementos que ubiquen al país en un momento de quiebre dentro de su historia, como en su momento ocurrió con la lucha de Independencia y la Revolución Mexicana.

A continuación, compartimos la entrevista completa:

 

¿Hay lugar para una refundación de la nación mexicana?

Sí, en México es posible hablar de una refundación. Pero antes yo me preguntaría ¿dónde está la fundación de México? O como diría el poeta Jorge Luis Borges, “¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?”.

¿Cuándo se fundó México? ¿Cuándo se asentaron en esta zona las tribus aztecas que provenían del norte? ¿Cuándo fue la conquista -esto es 1521- dos siglos después del asentamiento de los aztecas?

¿Cuándo se consolidó el mestizaje y nos dio una identidad étnica, cultural a los mexicanos? ¿Cuándo nacemos como país independiente y rompemos el vínculo con España? ¿Cuándo definimos nuestro proyecto histórico de desarrollo porque en la primera mitad del siglo XIX no lo tuvimos? ¿Con la Revolución mexicana en tanto que fija los derroteros del siglo XX? ¿O en el momento reciente en la transición democrática cuando se fijan los retos del siglo XXI?

 

 

Todo país tiene muchas fundaciones y muchas refundaciones en tanto tales. Un momento decisivo a lo largo de nuestra historia -hay varios- la Conquista, la consolidación del proyecto liberal, la Revolución, la transición a la democracia no entendida y, que quede muy claro, no como una transición partidista.

La transición a la democracia implica muchas cosas y no está ni remotamente concluida, pero sí hay elementos muy importantes. Por ejemplo, el acceso de la mujer a la vida pública, el crecimiento de la clase media, el acceso a la información, las exigencias de la ciudadanía en términos de transparencia.

Todos estos son retos que la Revolución de 1910 no previó, pero no estamos criticando la Revolución de 1910. Eran retos que no existían. Y son retos que sobre todo van vinculados con avances tecnológicos, con el crecimiento de la clase media, para que haya democracia tiene que haber clase media amplia. Y también, sobre todo, con la irrupción de las mujeres en la vida pública nacional.

 

¿La revolución fue un momento fundacional en la historia de México?

Considero que la Revolución es uno de los muchos o un momento que le asigna al curso de la historia del país nuevas características.

A mediados del siglo XIX, están Juárez, Lerdo y sobre todo Porfirio Díaz. En esos momentos nos fuimos a un gobierno muy autoritario, en buena medida y no quiero culpar a la sociedad de ello, porque la sociedad mexicana carecía de cultura y de cultura política, condiciones ideales para que operen los regímenes autoritarios.

Vino la Revolución y lo que proponía era básicamente la limitación de un gobierno autoritario. Pero no nos supo decir cómo construir un gobierno democrático. Lo que nos propuso fue cómo destruir un gobierno dictatorial y lo hizo en dos momentos, primero con Porfirio Díaz y luego con Victoriano Huerta. Lamentablemente la segunda parte del proceso no la supo hacer, que es construir un gobierno democrático. Y tardó mucho tiempo en hacerlo.

 

 

La Revolución no nos supo decir cómo construir un gobierno democrático, lo que nos propuso fue cómo destruir un gobierno dictatorial. 

 

Primero fue la Constitución y luego fue la construcción de partidos, en 1929, 1939 y en 1948. Es un proceso largo, de aprendizaje, en el que la sociedad tenga sus tres instancias ideológicas fundamentales. Esto fue lo que hizo la Revolución Mexicana, acabar con un gobierno dictatorial o formas dictatoriales de gobierno, e iniciar una lucha contra la injusticia social. Esas serían las dos aportaciones básicas.

Hay otras aportaciones igualmente importantes o un poco menos, como definir un país nacionalista, darle una cultura propia a la nación, una cultura propia con identidad muy clara.

Sin embargo, la principal aportación de la Revolución fue hacer partícipe de la vida pública a sectores sociales y populares prácticamente sin derechos durante la segunda mitad del siglo XIX, el sector campesino y un incipiente movimiento obrero: Cananea, Río Blanco y demás. La Revolución Mexicana les da voz y les da derecho a estos sectores populares.

 

¿Cuáles son los elementos distintivos que hacen ver que efectivamente se está frente a un evento refundacional?

Habría que distinguir entre las fundaciones reales y las fundaciones míticas, las dos son muy importantes.

Por ejemplo, para nosotros la fundación mítica es la llegada de los aztecas a la zona central del Valle de México. A la zona lacustre sobre la que hoy vivimos, aunque ya no sea lacustre. El problema es que eso no nos explica la fundación de la nación. Nos explica el inicio de lo que luego vamos a llamar el imperio azteca, pero eso no es toda la historia de México.

De hecho, los aztecas nunca llegaron a tener un control de lo que hoy es cabalmente México.  A mí me gusta hablar más bien de proceso, más que de momentos fundacionales. El historiador es lo que ve, procesos donde hay cambios y hay continuidades. Para mí los procesos más importantes son uno, el asentamiento, sí, efectivamente en esta zona central de lo que hoy llamamos México; la Conquista, indudablemente.

México es un país híbrido, tiene un componente originario y uno que llegó a principios del siglo XVI, y que juntos construyeron algo distinto a las cosas que había antes. Ni somos españoles ni somos indígenas puros. Tenemos una identidad propia que surge a principios del siglo XVI, 1520, digamos en la zona central, poco después en zonas periféricas, y que tarda en concretarse el mestizaje hasta bien entrado el siglo XVIII o XIX, porque al principio había vías paralelas, pero no había esta mescolanza, no había una cultura que juntara a las dos como en siglo XVIII tardío, pero sobre todo en el siglo XIX.

¿Quién es el hombre que representa la culminación del proceso de mestizaje? Pues obviamente Benito Juárez, y en segundo plano Porfirio Díaz.

En el siglo XX, una de las formas que tenemos para explicar la Revolución Mexicana es ese desmentido que le dan a los científicos los elementos populares como Emiliano Zapata, Pancho Villa y demás, para decir que todos podemos participar, que todos podemos formar parte de la vida cultural y política de este país.

 

¿El sentido de frustración que se percibe hoy en la sociedad podría ser un indicador de que estamos frente a un momento de quiebre en la historia del país?

Esta sensación de frustración es curiosa porque en el 2000 era distinto, eran momentos de felicidad pública, en la que estábamos iniciando una nueva etapa -donde también participaron elementos míticos- no cabe duda de que ese año fue fundamental para el cambio en la conducción política del país, en esto que llamamos la alternancia política.

 

No hay que hacerse ilusiones para no terminar desilusionados y los mexicanos en el año 2000 nos formamos muchas ilusiones.

 

Al tratarse del año 2000, hubo mucha gente que dijo que ya había pasado todo un siglo de discurso revolucionario y de PRI, por lo que era tiempo de lanzarse por otros derroteros. 17 años después esa emoción, esa esperanza, ese ánimo de cambio se frustró, no tanto por lo económico, pero sí por lo político.

Pero es una frustración que proviene de un error inicial. Pues no hay que hacerse ilusiones para no terminar desilusionados y los mexicanos en el año 2000 nos formamos muchas ilusiones.

No nos dimos cuenta de que estábamos cambiando de partido a nivel presidencial, pero no cambiamos de clase política, ni de cultura política. A través de estos años entendimos que todavía hacen falta muchas instancias democráticas y que es necesario cambiar no solo de partido, sino de clase política, para que ésta se encuentre a la altura de la sociedad mexicana.

 

Sin embargo, hay muy poca credibilidad en las instituciones que hemos creado

Esto parte de la modernidad y se da en el mundo entero. Una de las formas de la modernidad es el escepticismo, no le pidamos al mexicano de hoy la fidelidad en la creencia de varias instituciones que se han agotado, así es el curso de la historia.

El siglo XXI no se puede reducir a una alternancia partidista, hoy tenemos instituciones nuevas, lo que era el IFE ahora es INE, o lo que era el IFAI ahora el INAI. Son instituciones muy importantes que han tenido problemas en los últimos meses; sí, pero nuestra mejor apuesta es que sigan fortaleciéndose.

Hay otras instituciones que son menos polémicas, menos públicas como el INEGI, una institución importantísima para tomar decisiones políticas rigurosas.  Por eso además de pensar en el pasado y en el futuro hay que pensar estadísticamente, tomar decisiones que realmente estén asentadas en la realidad y en el conocimiento del perfil de la sociedad mexicana de nuestros días.

También hay instituciones que perdieron su importancia como la Confederación Nacional Campesina (CNC) o la Confederación de Trabajadores de México (CTM), instituciones que marcaron la segunda mitad del siglo XX, pero que hoy en un país que ha dejado de ser rural perdieron su lugar significativo.

Lo bonito de la democracia es la incertidumbre y los cambios constantes. Por ejemplo, si faltaste a tus promesas, tuviste una mala ejecución gubernamental, gracias al voto te cambian.

 

¿Hay algún paralelismo entre la época de la Independencia o de la Revolución que se pueda comparar con los momentos que viven hoy los mexicanos?

Hay momentos de enorme regocijo al término de la independencia, todos los textos nos hablan de que la entrada del ejército Trigarante a la Ciudad de México fue completamente feliz. México era completamente independiente.

A los pocos meses ese gusto comenzó a desdibujarse. España no reconoce la independencia, Iturbide pretende ser emperador, comienzan los conflictos entre la clase gobernante, un mal diseño constitucional y lo mismo pasa con la Revolución Mexicana.

En 1917, es un momento feliz para el país, acabamos de resolver el problema de la expedición punitiva, una ocupación de 11 meses. Poco después se inicia la vida constitucional, de febrero a mayo de 1917, tres años después ocurre el derrocamiento por parte de los sonorenses a Venustiano Carranza.

 

Nunca habrá una revolución que alcance la perfección y la felicidad completa. No hay una revolución que esté diseñada para ello, las revoluciones tienen logros, pero también costos enormes.

 

Había levantamientos por todas partes, todo conflicto electoral terminaba en rebelión, pensemos en la rebelión de Agua Prieta, en la rebelión delahuertista, pero sobre todo en las elecciones del 1928. Se nos olvida constantemente, pero los tres aspirantes a la presidencia murieron por bala: Serrano, Gómez y Obregón.

Fue entonces cuando la gente empezó a ver los resultados de la Revolución con cierto desánimo, con escepticismo, eso es normal.

Siempre la desilusión se presenta después de los momentos felices, es parte de la naturaleza humana y es parte especialmente de lo siguiente: Nunca habrá una revolución que alcance la perfección y la felicidad completa. No hay una revolución que esté diseñada para ello, las revoluciones tienen logros, pero también costos enormes.

 

¿La falta de líderes contribuye a este momento de pesimismo?

Estamos pasando un mal momento, eso significa vivir en sociedad. Carecemos de seguridad, nos da miedo salir a la calle, desconfiamos de toda la clase política y le urge al país retomar un rumbo de ley, de orden, de seguridad y de progreso.

Pero soy optimista. Si México superó tres siglos de coloniaje, si superó la invasión norteamericana y la pérdida de la mitad del territorio, si supero la invasión francesa, la Revolución Mexicana, la guerra cristera… México podrá a salir de ésta, pero no va a ser fácil. Todos estos conflictos tomaron años para suturar sus heridas.

Sobre el liderazgo… en esos momentos hubo grandes hombres. Hoy no los hay, pero habrá que construirlos. Los liderazgos surgen de la sociedad y construir líderes es parte de nuestros retos.

 

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