América Latina, de la electricidad a la 5G. Conectividad y alfabetización digital al centro del desarrollo con bienestar

31-03-2019 08:20

Para 2030, 674 millones de personas continuarán privadas del servicio de energía eléctrica en el mundo.

Una apabullante mayoría de ellas, el 87%, corresponde a población rural. Del mismo modo, que un número muy alto de quien padece aún esta condición se concentra en Asia y África, fundamentalmente.

En 1990, última década del siglo pasado, un escalofriante 30% de los habitantes del planeta no tenían energía eléctrica. Apenas un poco menos de la tercera parte. Y si bien a partir del 2010 hay visos de que la electricidad está llegando de modo más rápido a las zonas de mayor marginación en el mundo, está claro que al comenzar la cuarta década de este siglo, el 8% de la población mundial continuarán sin este servicio básico.

Así, para 2030, resulta que para rebasar el 90% de los habitantes con energía eléctrica, el mundo habrá tardado 135 años, si tomamos como hito la inauguración de la Planta hidroeléctrica de Niágara, en 1895, la primera que produjo corriente alterna y que abrió el camino para transportar la electricidad a grandes distancias.

En contrasentido, la velocidad a la que avanza la cobertura de Internet es notable. A mediados del año pasado el número de personas con acceso a la red había rebasado los cuatro mil millones. Lo que representó poco más del 55%. En América Latina, se reportan 12 puntos encima, lo que supone que el 67% de los latinoamericanos son usuarios de la Red.

Por su parte, en su informe sobre el estado de la banda ancha en América Latina, la CEPAL subraya los 36 puntos porcentuales de crecimiento que en sus propias mediciones registra el acceso a Internet en la región en tan solo una década. Persisten, sin embargo, problemas de inequidad y de calidad en el servicio.

Las deficiencias a las que alude el informe de la CEPAL apuntan específicamente a las zonas rurales. En promedio, la brecha entre la conectividad en las zonas urbanas y rurales en Latinoamérica y el Caribe, corresponde a 27 puntos porcentuales. Ésta, no obstante, puede llegar en naciones como México, Brasil y Colombia a los 35 puntos porcentuales.

Las paradojas de la marginación afloran siempre de la misma manera. Ahí donde más se necesitan los servicios, es precisamente donde no llegan. El mercado es eficiente para crecer, pero no lo es tanto para distribuir con equidad. Esa tarea corresponde claramente al Estado, a través de políticas públicas claras, eficientes y con aplicación continua más allá de las turbulencias políticas.

La acelerada adopción de nuevas tecnologías en el ámbito de las tecnologías supone un reto adicional para los no siempre asertivos estados latinoamericanos. El Banco Mundial reporta un 97.8% de acceso a la energía eléctrica en la región latinoamericana y del Caribe. Ello, empero, no es suficiente si estos países son incapaces de convertir la electricidad, ahora, en una palanca efectiva para cerrar la nueva brecha del conocimiento y el acceso a servicios ligados al bienestar básico: la conectividad.

A diferencia de otros servicios, el acceso a la Red implica una evolución en relación con las tecnologías vinculadas a ella. Es decir, si una población tuvo acceso al agua o al servicio eléctrico en 1960 y otra lo tuvo en 1985, ese cuarto de siglo no significó modificación en la composición del agua o en el modo de uso de la electricidad. Con Internet esto es radicalmente distinto.

 

El Banco Mundial reporta 97.8% de acceso a la energía eléctrica en AL y el Caribe. Pero no es suficiente si estos países son incapaces de convertir la electricidad en conectividad.

 

Las tecnologías vinculadas a la Red, en cambio, se modifican y recomponen de modo más que raudo. La llegada de la 5G, la última generación tecnológica para el Internet es claro ejemplo de ello. La amplitud sustancial en la gama de servicios que promete, así como la noción misma de movilidad y relación con los objetos es tan amplia que resulta difícil calcular su impacto aún.

Aun hoy, en su etapa incipiente, la 5G comienza a asomar algunas de las muy hondas posibilidades que, en materia particularmente social, podría suponer.

Diagnóstico y seguimiento de pacientes en tiempo real, intervenciones quirúrgicas a distancia, acceso a expedientes médicos desde cualquier lugar a cualquier hora, prescindir de costosa infraestructura física de recuperación y rehabilitación, entre otras posibilidades marcarán la ruta del futuro inmediato.

No se trata, como quisieran ver algunos, incluso a muy alto nivel de responsabilidad, de un “lujo” o, aun peor: una moda, sino de comprender que la tecnología es el camino inminente para atender y revertir las condiciones de grave desigualdad que privan en Latinoamérica.

Resulta, pues, indispensable e impostergable, hacer de la expansión de la conectividad y el desarrollo de una estrategia de alfabetización digital, una verdadera estrategia nacional y regional de desarrollo hacia el bienestar.

El mundo demoró más de un siglo en expandir la energía eléctrica por todo el planeta. Le tomará menos de 50 años, sin embargo, que más del 90% de su población tenga acceso a Internet.

Tornar la conectividad en una oportunidad real para superar pobreza y marginación dependerá, no de la electricidad, claro, sino de Estados capaces de entender que el futuro se ha hecho presente.

 

@ATenorioM