Agenda digital frente a la pobreza en América Latina

14-04-2019 08:55

La tercera parte de los latinoamericanos vive en situación de pobreza. Ello equivale a casi 190 millones de personas. Mientras que 62 millones, el 10% de la población de la región, vive en pobreza extrema.

De acuerdo con la CEPAL, si bien Latinoamérica ha logrado en los últimos años mantener el indicador de pobreza estable, la tendencia de pobreza extrema, por el contrario, continúa en aumento.

En su informe sobre la materia, el organismo dependiente de Naciones Unidas establece que Uruguay es el país en el que el porcentaje de pobreza es menor, al registrar 2.7% de su población en esta condición.

Las naciones que le siguen son Chile, Costa Rica y Panamá, con 10.7, 15.1 y 16.7% respectivamente. Argentina, con 18.7, y Brasil, con 19.9%. Estos mismos países, a excepción de Brasil, presentan cifras de pobreza extrema por debajo del 5%.

Y si bien el promedio de la tasa de pobreza extrema en la región ronda el 10%, solo en siete países el porcentaje de personas en tal situación se encuentra en un rango entre el 5 y el 10%: Brasil, Ecuador, El Salvador, Panamá, Paraguay, Perú y la República Dominicana. El resto de los países, se presenta una tasa de pobreza extrema al 10%.

Desde principios de este siglo, al menos, la medición de la pobreza ha dejado de ser un asunto exclusivamente centrado en la noción de ingreso mínimo o ingreso bajo.

El Centro Internacional de la Pobreza, entre otras instituciones, han subrayado desde hace ya algunos años, la necesidad de tomar en consideración, por una parte, la falta de bienes, por ejemplo, vivienda o ropa.

A la vez que, se considera hoy, por pobreza deberá entenderse, asimismo, la carencia de servicios de calidad en materia de educación, salud, infraestructura, etc.

En este marco, se considera también como pobreza a la limitación o privación completa de las oportunidades para que los distintos grupos sociales desarrollen y expresen sus capacidades, al tiempo que el valor de éstas sea incluida y justipreciado por el conjunto de la sociedad.  

Bienes, servicios y oportunidades de desarrollo de capacidades conforman, pues, estas tres líneas sobre las que puede considerarse la dimensión real de la pobreza y su impacto respecto a la vida y horizonte de futuro de las y los individuos.

En la intersección entre estos tres ámbitos se colocan el acceso a la conectividad, la inclusión tecnológica y el estímulo de las creatividades digitales.

Es cierto que, como bien señalan los investigadores ecuatorianos John Gabriel Rodríguez y Angélica Sánchez Riofrio, en su estudio sobre pobreza y TICs no existe una receta infalible para disminuir los efectos perniciosos que ésta acarrea en la vida de las personas.

Mas, no hay duda de que como subrayan Rodríguez y Sánchez, “los servicios de telecomunicaciones conceden un uso más eficaz y eficiente de materiales, tiempo y energía. Además, los servicios TIC ofrecen una productividad creciente a través de una mejor administración de compañías públicas y privadas”.

Aun así, y considerando incluso que Latinoamérica ha tenido un crecimiento significativo durante la última década en materia digital, la región logró alcanzar en 2013 el mismo nivel al que llegaron los países de la OCDE en 2002.

 

En América Latina hay un manifiesto rezago en materia de economía digital, apropiación creativa tecnológica, y tránsito hacia una sociedad digital en general.

 

Para CEPAL, por su parte, se debe avanzar hacia un diseño integral de la política social para la región, al señalar que "es fundamental proteger y preservar el gasto social, fortalecer la institucionalidad social y laboral”.

De la misma manera, el organismo llama a “prestar especial atención a las causas que redundan en que la pobreza y la exclusión afecten de manera desproporcionada a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, a las mujeres en edad productiva y a las personas indígenas y afrodescendientes".

América Latina ha avanzado en cuanto a temas de infraestructura y acceso. Eso es innegable.

El Índice de Desarrollo de las TIC (IDI) señala que dos de sus tres subíndices muestran mejoría: 'acceso' y 'habilidades'. No suficientes, pero avances.

El tercero, en cambio, 'utilización' es el más rezagado. Refiriéndose con ello a la incidencia que las TICs están teniendo en materia de productividad e innovación.

Es decir, hay un manifiesto rezago en materia de economía digital, apropiación creativa tecnológica, y tránsito hacia una sociedad digital en general.

De tal suerte que las estrategias digitales de los países no tendrán el efecto deseado en la prosperidad económica de los países, y una deseable por consecuencia redistribución del ingreso, si antes no dejan tener a la política doméstica y cotidiana en el centro.

Se trata, entonces, de lograr remover la loza de la discontinuidad, a través de políticas públicas genuinamente de Estado.

Tanto como de ser capaces de colocar el tema de la conectividad, la inclusión tecnológica y la alfabetización digital en la agenda de la protección social, y no solo del fomento económico.

Mientras ello no ocurra, y el cortoplacismo de la política siga mandando, las frases irán y vendrán, en tanto la pobreza ancestral las mira pasar y perderse en el resultado de la elección siguiente.

 

@antoniotenoriom