El Observador

La rentable devaluación del peso

31-03-2017 23:04

La fuerte depreciación del peso frente al dólar ha sido una muy mala noticia para casi todos los mexicanos.

El peso se depreció 57% entre 2014 y 2016 provocando el encarecimiento de los bienes y servicios que compran las familias mexicanas y, con ello, la pérdida del poder de compra de los ingresos familiares.

Así que aquel objetivo constitucional que tiene el Banco de México de procurar la estabilidad del poder adquisitivo del peso, se hizo añicos en estos últimos años.

Y por si ello no fuera poco, el poder de compra de los mexicanos también fue minado por menores ingresos promedio reales en 2016 respecto de 2013, como lo muestra el más reciente Informe Trimestral del banco central.

Así que los grandes perdedores con la prolongada depreciación del peso frente al dólar, fueron millones de familias mexicanas. Sin embargo hubo unos cuantos ganadores, el mayor de ellos fue el propio gobierno federal.

 

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Una cifra histórica y escalofriante lo dice todo: En los últimos tres años la depreciación del peso frente al dólar le ha dado al gobierno federal recursos adicionales por 592 mil 147 millones de pesos. Y tan solo por la depreciación del peso en 2016 estos recursos que recibió la Secretaría de Hacienda ascendieron a 321 mil 653 millones de pesos.

De acuerdo a la ley, los recursos se los entregó el Banco de México por ‘remanentes de operación’ que, básicamente, tienen que ver con la mayor cantidad de pesos que contabiliza el banco central por sus reservas internacionales en dólares y que en 2016 se derivaron de una depreciación del peso cercano al 20%.

¿Es suerte del gobierno federal?¿Es acaso una ‘conveniente’ depreciación cambiaria? ¿Es un jugoso y perverso negocio que pone en entredicho la autonomía del banco central y el manejo de la política cambiaria en manos del propio gobierno?

El hecho es que estos más de 321 mil millones de pesos que acaba de recibir el gobierno de Enrique Peña Nieto desde el banco central le permitirán enfilarse a su objetivo de consolidación fiscal, por el que ha sido tan criticado por analistas e inversionistas, sin los sacrificios de las fuertes reducciones al gasto público al que estaba marcado. Y todo en una ruta electoral.

No nos extrañe, entonces, que el presidente Peña Nieto criticara, con sorna, a quienes hablan de crisis. “La crisis la tienen en sus mentes”, dijo el Presidente el martes pasado en una reunión con las fuerzas armadas y sus familiares.

Y es que los críticos del gobierno de Peña Nieto han cuestionado seriamente, y con razón, el manejo político de las finanzas públicas que orquestó Luis Videgaray desde el mismo inicio del gobierno y que –agravado con las malas condiciones externas- se salió de control encendiendo las alarmas de una potencial crisis económica en el país antes de concluir el gobierno.

Así que la pregunta del Presidente también puede derivarse en ¿cuál problema de finanzas públicas? Ahora con la llegada de miles de millones de pesos por la depreciación, ése problema parece resolverse con ‘maquinazos’, como en los viejos tiempos. Aquellos ‘maquinazos’ que le proveyeron del dinero necesario al gobierno, aunque ello implicara violentar las instituciones.

¿Qué implicarán estos recursos que recibió el gobierno por la depreciación del peso? Si se aplican los recursos como lo dice la ley y según ya lo ratificó el secretario Meade, implicará que el déficit público podría bajar de un golpe de 2.4% a 1.3% del PIB. En cifras absolutas, el déficit público deberá reducirse de 495 mil millones a 270 mil millones de pesos.

Y a nivel de requerimientos financieros del sector público la disminución del déficit también deberá ser sustancial: De 2.9% a 1.8% del PIB. Y aún después de reducir el déficit en esta magnitud, le quedarán al gobierno otros 94 mil millones de pesos para destinarlo a gastos. El negocio es redondo y la sonrisa del Presidente también. No se niega que las cifras de las finanzas públicas mejoran temporalmente, pero el asunto no es ése. Sino a qué costo para el país en el mediano plazo.

No se puede desestimar que el origen y uso de las ganancias cambiarias se produce a costa del ingreso y del futuro de millones de mexicanos.

No se pueden borrar de un plumazo los factores internos de desconfianza que alentaron la depreciación del peso.

Tampoco se puede dejar de cuestionar el conflicto de interés de un gobierno que mientras dirige la política cambiaria, también se beneficia de una depreciación del peso.

No se puede dejar de cuestionar sobre la captura de la autonomía del banco central en este gobierno, porque en ello va el último reducto de confianza en las instituciones económicas del país.

Allí está la génesis de la crisis, señor Presidente.

 

Twitter: SamuelGarciaCOM

Correo: samuel@arenapublica.com

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