El Observador

El elogio a Peña Nieto

24-03-2017 23:36

La reunión anual de los banqueros se convirtió en un acto más de campaña electoral.

Vendida por sus organizadores como una sesuda discusión de ideas sobre el liberalismo y el populismo en el mundo, la realidad desnudó sus verdaderas intenciones.

El tema ya había generado controversia al interior mismo de los asociados del poderoso gremio. Era inverosímil.

Presidente Enrique Peña Nieto al estrado en la 80 Convención Bancaria.

 

Los banqueros discutiendo sobre liberalismo y populismo en el mundo cuando la agenda sobre los asuntos bancarios y financieros es tan intensa y tan amplia como la espesa incertidumbre que cae sobre la economía global.

Y, más aún, cuando la economía mexicana está metida en un oscuro callejón en su relación bilateral con Estados Unidos como no había ocurrido desde hace mucho.

Y es que aquello de “El dilema global: liberalismo versus populismo” solo fue una coartada.

 

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El verde intenso fosforescente que brilló en las enormes pantallas del salón principal, ya hacía presagiar lo que vendría desde la inauguración del miércoles pasado.

El intercambio de elogios en los primeros discursos en esa tarde-noche, cuando en punto de las seis horas con seis minutos arribó el Presidente Enrique Peña Nieto al salón de sesiones, así lo corroboraba.

El mensaje de Luis Robles, el líder gremial de los banqueros, fue un elogio interminable a Enrique Peña Nieto y a su obra reformadora, aderezada con las virtudes de un liberalismo conceptual lejos de las oportunidades e igualdades vistas en México.

Luis Robles Miaja, líder de los banqueros.

En la cresta del elogio, el también presidente del BBVA Bancomer llegó a sugerir, con más o menos ingenuidad o adulación, que el Presidente Peña incluso arriesgó su capital político para sacar adelante las reformas.

 

Y aunque el nombre de Andrés Manuel López Obrador no se mencionó, su fantasma recorrió la noche en la zona diamante de Acapulco.

 

 

Apenas si Robles tuvo tiempo para mencionar a las graves situaciones de violencia y de inseguridad públicas, de corrupción y de impunidad que imperan en el territorio nacional y que son motivo de graves señalamientos dentro y fuera del país.

Pero había que señalar, una y otra vez, los peligros del populismo y aunque el nombre de Andrés Manuel López Obrador no se mencionó, su fantasma recorrió la noche en la zona diamante de Acapulco.

El presidente Peña Nieto no perdió la oportunidad que, en charola de plata, le brindaron los dirigentes bancarios para hacer campaña a unas semanas de disputarse la elección en el Estado de México.

De izquierda a derecha: Enrique Peña, Presidente de México, Luis Robles, presidente de la Asociación de Bancos de México y José Antonio Meade, secretario de Hacienda. 

 

El fondo verde intenso hacía pensar que la sede priísta se había instalado en el Hotel Princess de Acapulco, que ya para ese momento era una fortaleza rodeada por elementos del Ejército, de la policía local, por el fuerte destacamento de la Marina apostada en la playa frente al hotel y por tres cinturones de seguridad controlados por el Estado Mayor presidencial.

No era para menos. La violencia con la que las bandas del crimen organizado se disputan Acapulco y la sierra de Guerrero, han hecho de las ejecuciones un asunto casi cotidiano.

La postración de Acapulco como destino turístico, es espejo de esa realidad.

 

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Mientras que el gobernador Agustín Carstens, la estrella de la noche, se enfocaba en lo suyo; el secretario Meade también salió a apoyar a su jefe, el Presidente, cuando se trató de criticar a los populistas.

"Hay voces que invitan a regresar al pasado", dijo sin señalar a qué pasado se refería.

Quizá el responsable del tesoro público hacía alusión a Echeverría o a López Portillo, aquellos presidentes priístas que vendieron espejitos de una prosperidad que nunca llegó para la gran mayoría de los mexicanos y que, en cambio, metieron al país en crisis recurrentes.

O a sus sucesores —panistas y priístas— que han presumido por dos décadas la estabilidad económica como su máximo trofeo, aunque la pobreza y la calidad de vida de la gente sigua siendo una tarea aún sin resolver.

 

Hay voces que invitan a regresar al pasado, señaló Meade.

 

 

La adulación fue el signo de la noche inaugural y el tema de conversación entre los cientos de asistentes a la convención.

Una noche de campaña electoral brindada para el presidente Peña Nieto que correspondió a los banqueros con creces durante la tradicional cena anual. Allí se mostró receptivo, afable, contento; hasta condescendiente.

No era para menos. Luis Robles y la dirigencia de los capitales financieros y del sector más conservador de la sociedad dejaron por un momento los temas de su agenda y decidieron rendirle tributo y su apoyo tácito de cara a las elecciones que vienen.

 

Twitter: @SamuelGarciaCOM

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