El Observador

Grandes empresarios, Trump e información privilegiada

30-01-2017 10:29

Algo saben los grandes empresarios sobre cómo va la negociación de Enrique Peña Nieto con Donald Trump, que se les ve relativamente tranquilos.

No quiero decir que el asunto que el jueves pasado puso la relación bilateral de cabeza, en unos cuantos días después se haya convertido en una relación tersa y, mucho menos, que vaya rumbo a la solución definitiva. ¡Qué va! Para eso queda mucha tela por cortar aún.

Pero lo que sí resulta evidente –y sorpresivo- es que algunos de los grandes empresarios, aglutinados en el exclusivo Consejo Mexicano de Negocios, han salido pública y explícitamente a opinar al respecto.

Llama la atención que lo estén haciendo porque tradicionalmente estos personajes mexicanos han preferido cerrar la boca públicamente en situaciones así cuando el gobierno y el país han enfrentado desafíos de tal naturaleza.

De hecho las últimas referencias que tenemos de un verdadero movimiento empresarial en torno a las políticas públicas del país las encontramos en los años setenta, durante el gobierno de Luis Echeverría, y cuando José López Portillo decidió estatizar los bancos privados el 1 de septiembre de 1982.

Después de eso han sido esporádicas y tibias las apariciones de los hombres más ricos de México, quizá con excepción de Carlos Slim Helú y Ricardo Salinas Pliego. Pero casi nunca hemos escuchado las opiniones de multimillonarios como Alberto Bailleres, Germán Larrea, Daniel Servitje, Emilio Azcárraga, Carlos Hank Rhon, Asunción Aramuburzabala, Juan González Moreno, Alberto Torrado o David Peñaloza, por citar algunos. Riquezas que se cuentan entre las mayores del mundo.

Los grandes empresarios mexicanos han sido públicamente timoratos cuando de debatir el futuro del país se refiere y solo han salido a la luz pública cuando algunos –los más expuestos- han debido responder a acusaciones sobre su falta de compromiso y de responsabilidad social de cara a la Nación.

Recuerdo las declaraciones de Carlos Slim en el Senado de la República en febrero de 2009, reaccionando a las críticas lanzadas por el presidente Calderón a los catastrofistas mexicanos cuando arreciaba la crisis financiera estadounidense y se llevaba entre las patas a la economía mexicana. Entres las filas de estos catastrofistas estaba precisamente Slim, así que el empresario más visible del país por su enorme riqueza e influencia decidió salir en su defensa, pero en lugar de plantear recomendaciones y soluciones, solo apuntó sus temores hacia lo que venía.

El viernes pasado el discurso de Carlos Slim fue otro. El empresario convocó a los periodistas para dar sus puntos de vista sobre la tensa relación binacional y sobre las intempestivas declaraciones del presidente Trump cuando la delegación mexicana en Washington estaba estableciendo condiciones básicas para una potencial negociación. Allí Slim fue más bien terso con Trump a quien calificó de un ‘gran negociador’, de la unidad en torno al presidente Peña Nieto, y de las fortalezas y oportunidades que tiene México si se enfoca en su mercado interno. Se le vio relajado.

Ayer domingo otro multimillonario, Daniel Servitje, el mandamás de Grupo Bimbo, publicó un artículo en Reforma en un tono similar pero enfocado en la defensa del TLCAN y, eso sí, lanzando un crítica a la clase política gobernante en el país por los ‘muros internos’ que no se han derribado: “la impunidad, la inseguridad, la corrupción y la pobreza”. “¡Hagámoslo ya!” desafió Servitje para luego apelar a la unidad nacional y al respaldo al presidente Peña Nieto.

En todo esto, uno de los resultados positivos en ciernes es la mayor apertura de los grandes empresarios a participar de un debate que a todos compete y afecta. Cuestión de compromiso social.

Pero más allá del muro, de los asuntos de la dignidad nacional y de la unidad en torno a la defensa del gobierno frente a Trump –que han explotado los políticos en las redes sociales, a los grandes empresarios les preocupa el futuro de sus negocios. Y en ese campo importa mucho más el planteamiento y la operación del ya famoso impuesto de ajuste fronterizo (BAT, por sus siglas en inglés) que Trump pretende sea aceptado por México en el TLCAN y, por lo tanto, en la Organización Mundial de Comercio (OMC). De ocurrir así, los empresarios y el gobierno mexicano están coincidiendo en adoptar el ajuste fronterizo dentro del ISR de las empresas, con lo que se impondría –tácitamente- un impuesto a las exportaciones estadounidenses hacia México.

La relativa tranquilidad de los grandes empresarios y banqueros mexicanos tiene que ver con una negociación en marcha y un arreglo de esta naturaleza. De otra manera quienes así lo intuyen y saben, más allá del ruido popular, han aprovechado la subasta de permuta de bonos que hizo el gobierno federal el miércoles pasado, vía el Banco de México, en la que se retiraron bonos de mediano plazo a cambio de bonos de largo plazo (26 años) con tasas de rendimiento superiores al 8%.

Un gran negocio basado en información que tienen unos cuantos sobre la buena marcha de la negociación con Trump. No se entiende de otra manera.

 

@SamuelGarciaCOM

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