El Observador

Nuestros políticos son un peligro para México

10-12-2016 08:11

Avergüenza. Nuestra clase política es de una calidad y estatura que pone en riesgo nuestro futuro.

En un puñado de días transcurridos leemos en los diarios decisiones irresponsables, corrupción por doquier, e incompetencia sin pudor. Vea estos ejemplos recientes:

1. Los asambleístas de la Ciudad de México aprobaron el 6 de diciembre la Ley de Vivienda que en su artículo 94 faculta al gobierno de la ciudad a establecer mecanismos que le permitan obtener plusvalías al aumentar el precio de los inmuebles por el mejoramiento de la infraestructura urbana.

En otras palabras, el gobierno tendrá la posibilidad de cobrar un nuevo impuesto a los poseedores de un bien inmueble por el incremento de su precio derivado de las mejoras urbanas. Un verdadero atraco para los contribuyentes que ya pagan impuestos federales y locales que, entre otros objetos, se destinan al desarrollo urbano.

En su ignorancia y avidez los legisladores locales olvidan que un impuesto predial actualizado, permite poner al día los ingresos tributarios derivados de esa plusvalía. Pero peor aún, una ley como ésta es un desincentivo al ahorro patrimonial de las familias y a la inversión inmobiliaria en la ciudad.

2. Los resultados de México en la evaluación PISA 2015 que se dio a conocer el martes pasado, refrenda el brutal fracaso del sistema educativo mexicano. La gran mayoría (76%) de nuestros millones de niños y jovencitos que acuden a escuelas públicas y privadas no son capaces de aprobar una prueba de lectura. En matemáticas el 84% está reprobado. Retroceso puro. Estos resultados son peores que hace una década.

Pero para la educación los legisladores destinan 300 mil millones de pesos cada año.  Pero –por lo visto- ni a ellos, ni a los gobernadores, ni a los funcionarios federales del ramo, les importa la eficacia en el uso de esos recursos y mucho menos los resultados en las competencias, habilidades y conocimientos de nuestros niños y jovencitos. La educación es un botín político para algunos, un mecanismo de negociación para otros, y un espacio para los encendidos discursos huecos para aquellos.

3. Legisladores y partidos políticos presionan para que el gobierno federal rescate las finanzas de Veracruz y que el nuevo gobierno de Miguel Ángel Yunes estima en 20 mil millones de pesos. Un rescate con dinero de los contribuyentes debido a que el ex gobernador Javier Duarte desvió sumas multimillonarias del erario estatal.

Pero, como bien lo explica Eduardo Revilla, este rescate llega por la naturaleza misma del arreglo político entre estados y federación: “El actual sistema de coordinación fiscal entre los estados y la SHCP implica que, a cambio de no establecer impuestos a ingresos o actos por los que ya existen impuestos federales (como el IVA o el ISR), los estados reciben participaciones de la recaudación federal. Este mecanismo permite al gobierno federal controlar presupuestalmente a los estados y a éstos el poder gastar dinero que no recaudan sus tesorerías locales, generando un opaco sistema por el que los gobernadores simplemente no rinden cuentas a sus gobernados por recursos que no se generaron en su entidad”.

Así que el conveniente arreglo entre los políticos incentiva al robo de los recursos públicos locales para sus propios bolsillos y para fines electorales, como ocurrió con Duarte en Veracruz o Guillermo Padrés en Sonora, entre muchos otros; y que –además- se cubren bajo la impunidad de estos delitos.

De esto son corresponsables los propios legisladores federales ya que el 35 por ciento del presupuesto federal para 2017, 1.4 billones de pesos, van destinados a los estados y una buena parte al gasto corriente y a pagar deudas. Así que como lo dijo Fausto Hernández en un artículo reciente, con el rescate por los destrozos dejados por Duarte “México estaría inaugurando el rescate financiero por corrupción  y no por sobreendeudamiento o indisciplina fiscal”. Rescates desde los bolsillos de los ciudadanos, para mantener un arreglo político corrupto.

4. Y para acabar, a los senadores del PRD –con su coordinador de bancada por delante- se les ocurrió darle de golpes a una piñata con la figura del presidente electo Donald Trump con todo y el lamentable grito futbolero de “pu…”; justo cuando se trata de entablar negociaciones con el nuevo gobierno estadounidense.

El problema es de fondo, no es cuestión de frivolidades ni de simple irresponsabilidad. Va mucho más allá. Tenemos una clase política que avergüenza por incapaz y corrupta.

Y eso sí que es un peligro para el presente y el futuro de México, de nuestros bolsillos y de nuestros hijos.

 

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