La innovación tecnológica en México y el TLCAN

28-11-2017 09:06

En este y otros espacios he abordado que el TLCAN como instrumento de apertura comercial no tuvo un impacto sobre la innovación y desarrollo tecnológico del país, a diferencia de lo que ocurrió en otros países que abrieron sus economías, como es el caso de la India y China[1].

En vista de esto la administración del presidente Fox diseñó una estrategia fiscal para promover la investigación y desarrollo.

Este consistía en subsidios fiscales para empresas que innovaran. Sin embargo, ese programa fracasó por distintos motivos. El profesor Kurt Unger del CIDE, experto en el campo, destaca que el mismo no distinguió el tipo de empresa, es decir, no diferenció para el otorgamiento de los subsidios entre las empresas pequeñas y medianas, por un lado, y las grandes, por otro.

 

La estrategia fiscal diseñada durante la administración de Fox fracasó, siendo las empresas norteamericanas las más beneficiadas.

 

En materia de innovación, Unger[2] sostiene que las primeras están naturalmente más expuestas al riesgo que significa invertir en ID sin lograr frutos inmediatos.

Las empresas grandes, por el contrario, al ser representantes naturales de sectores maduros, recurren a sacar provecho de cualquier tipo de subsidios, incluidos aquellos referentes a la innovación. La práctica sucede aún y cuando puede ser redundante e innecesaria para este tipo de firmas, en especial transnacionales y grandes corporativos. Estos subsidios, concluye Unger, resultaron en costos para la sociedad en su conjunto.

 

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Esa redundancia supone orientar la intervención de manera que los beneficios no se los apropien las empresas grandes y maduras con presiones de competidores y que cuentan con recursos propios y programas de todas maneras comprometidos a cierto tipo de innovación.

Qué relación tiene esta política con el TLCAN. Pues que los resultados del profesor Unger arrojan que las empresas que más se beneficiaron de los subsidios fiscales, por mucho, fueron empresas norteamericanas, cuya innovación sucede en los EU. No obstante, al ver la oportunidad de tales beneficios concursaron y ganaron dichas canonjías.

De acuerdo a sus estimaciones, para el año 2005 las primeras cinco empresas beneficiarias fueron, en orden de cantidad monetaria de apoyo: 1) General Motors, con 286.30 millones de pesos (mdp), 2) Nissan con 237 mdp; 3) Ford Motor Company, con 221 mdp; 4) Volkwagen de México, con 194 mdp; y Chrysler con 139 mdp.

La primera empresa mexicana que figura en la lista es Alimentos Sigma con 56 mdp, es decir, 5 veces menos que GM.

 

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Menciono este magnífico trabajo porque pone en perspectiva también de que parte de la política pública mexicana fue para favorecer empresas transnacionales asociadas al comercio con los EU. Más aún, no se les requirió que en caso de patentar algo se hiciera en México.

Si bien estas cantidades de dinero son modestas cuando se compara con los recursos que se destinan para la ID en nuestro país vecino, es importante que cuando se diseñen programas de innovación, el destinatario sean empresas mexicanas, y dentro de éstas, medianas y pequeñas. En otras palabras, se destinan pocos recursos a la ID, y de lo poco se destina poco a las PYMES mexicanas.

Luego nos preguntamos porqué México presenta uno de los niveles más bajos de innovación. Es necesario crear políticas congruentes en esta materia. El TLCAN “nos comió” en este sentido: el gran ganador de estas “migajas” fueron los EU gracias a ese tratado.

 

[1] Fausto Hernández Trillo. México, NAFTA and Beyond. The International Trade Journal, Diciembre, 2017.

[2] Kurt Unger. La política de estímulos fiscales a ID en México. El Trimestre Económico, vol. LXXVIII, 2011

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