La estadística de la pobreza: 2017

05-09-2017 10:02

“En Grecia, las estadísticas son un deporte de combate”.

Así hablaba Andreas Georgiou después del anuncio de que tendría que enfrentar cargos criminales y una investigación parlamentaria. Este hombre era un prestigiado estadístico que había trabajado por muchos años en el tema en el FMI, y había sido nombrado presidente del Instituto Oficial de Estadística de Grecia.

¿Su crimen? Tratar de producir estadísticas precisas sobre la economía griega después de que por décadas las estadísticas oficiales habían manipulado los datos a petición de los políticos. De hecho, George Clooney lo protagonizó en una película[1].

La historia reciente de la medición de la pobreza en México se remonta al inicio del presente siglo cuando un grupo de académicos (uno de ellos se convirtió en parte del equipo más tarde) convencen al presidente Fox y a su equipo de que era necesaria una medición oficial de la pobreza.

 

La necesidad de obtener datos más precisos sobre la pobreza en México, se remonta al sexenio de Vicente Fox.

 

¿La ventaja? La comparabilidad en el tiempo. ¿El reto? Definir con precisión qué era la pobreza (moderada y extrema) y poderla estimar con cierta precisión.

Para entonces se formaron comités plurales de especialistas y se llegó a que existían tres niveles de pobreza. La primera la alimentaria o extrema que identificaba el ingreso necesario para que la familia pudiera adquirir los nutrientes necesarios para la vida.

 

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La segunda se denominó de capacidades, en el que se definía aquél estipendio necesario para acceder a servicios básicos como la educación y la salud (se podía no ser pobre extremo, pero no contar con el recurso para esos servicios).

Finalmente, la patrimonial o pobreza moderada, en donde el hogar obtenía el recurso para satisfacer las dos primeras características, pero no el necesario para formar un patrimonio que le permitiera movilidad social.

Por supuesto que puede haber ciertas limitaciones en estas definiciones, pero fueron consensuadas y validadas por la comunidad nacional e incluso internacional.

Como se puede observar la variable clave es el ingreso de las familias. No obstante, existe un debate sobre si más bien el nivel de consumo es la variable que se debió haber considerado. La ventaja de este último es que la gente miente menos acerca de su consumo en las encuestas, a diferencia del ingreso.

En los EE.UU los resultados de J. Sullivan de la Universidad de Notre Dame sugieren que cuando se calcula el nivel de pobreza utilizando el consumo, la pobreza es considerablemente menor -en términos relativos- que cuando se usa el ingreso.

En fin, en México se ha utilizado el ingreso. Dado esto, lo importante, insisto, es guardar la definición para poder comparar en el tiempo, eso es lo más importante.

 

La gente tiende a mentir en cuanto a su ingreso, aún así hay metodologías que tratan de solucionarlo.

 

En la medida en que se conozca con mayor precisión, mejor sería la estimación. Se sabe que en las encuestas la gente miente. Por ello, existen metodologías para tratar de solucionar el problema de la mejor manera.

Puede haber refinamientos en el tiempo, pero siempre tratando de salvaguardar la comparabilidad, de lo contrario, se perdería la evaluación de la política pública.

Antes de examinar el resultado de la más reciente medición, conviene decir que un servidor está de acuerdo con James Sullivan quien afirma que las estimaciones de la pobreza a nivel multidimensional son muy útiles para la política pública, pero no sustituyen las definiciones de pobreza basada en consumo y/o ingreso.

 

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Infortunadamente, las mediciones multidimensionales en países con instituciones y democracias débiles como el nuestro se prestan más a conductas estratégicas por parte de los políticos, quienes diseñan política pública para “bajar” el índice de pobreza, concentrándose en la carencia más “fácil” de impactar.

Por ello, reitero, que la mejor medición de la pobreza continúa siendo el ingreso o consumo (mejor el último).

Por esto, me concentro en la evolución de la población en pobreza de acuerdo con el ingreso.

En este rubro la pobreza alimentaria (para el mundo, extrema) presenta una “línea de soporte” (en la gráfica la línea punteada que un servidor le añade a la gráfica del Coneval) del 20%. Es decir, en México la pobreza alimentaria se ubica estadísticamente en 20% desde 1992 (con un pico en la crisis del Tequila).

Para 2016 el indicador bajó ligeramente de esa tendencia, como se puede observar en la gráfica del CONEVAL presentada abajo. Sin embargo, es solo una observación posterior a la crisis del 2008. Una flor no hace primavera. De hecho, del año 2002 al 2008 la pobreza se encontraba también ligeramente abajo del 20% y la tendencia se revirtió a ese número.

Entonces, desde el punto de vista estadístico, en México para cantar victoria, debemos observar un mayor número de puntos por debajo de la línea punteada y con tendencia a la baja.

Es cierto que el inicio de una tendencia se da con la primera observación favorable; pero debemos esperar a que exista realmente una tendencia sostenida y permanente.

 

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Por lo pronto, creo que es prematuro decir que se redujo la pobreza, sin negar que es el inicio de una buena noticia. Ya lo vimos en el año 2002 y se volvió a la línea de soporte (para seguir utilizando términos financieros) del 20%.

Más aún, la ligera baja en la pobreza alimentaria observada en 2016 obedece a un nuevo cálculo (de aquí que el CONEVAL la dibuje con otro color) hecho con un nuevo modelo estadístico desarrollado por el INEGI. Entonces, la baja en la pobreza depende ahora también de la calidad técnica del modelo.

El INEGI no lo ha explicado aún y es necesario esperar a que haga público los detalles técnicos, pues el comunicado es todavía vago como para permitir la reproducción del cálculo por otros entes independientes.

Fuente: Coneval

 

En suma, es prematuro cantar victoria. Es natural que los políticos lo hagan, es su chamba. Pero la sociedad debe esperar para ello. No dejemos que el ciclo electoral altere las percepciones sobre el tema. Solo observe la gráfica con detenimiento y saque conclusiones.

Termino como empecé: ojalá en México las estadísticas no se conviertan en un deporte de combate.

 

[1] Ver la historia en Diane Coyle. El Producto Interno Bruto: Una historia breve pero entrañable. FCE, México, 2017 (Traducción de Ignacio Perrotini).

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