Sociedad dividida

20-02-2017 15:30

Más allá de filias y fobias, de opiniones y sentimientos, lo que mostró la marcha VibraMéxico, convocada para el domingo 12 de enero es que, la intensidad y variedad de opiniones de la sociedad mexicana, siendo muestra de vitalidad, expone profundas divisiones de perspectiva y propósito y, a la vez, expone la desazón de una ciudadanía cansada de las mismas penurias nacionales y de los mismos temas.

 

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El 16 de enero, cuatro días después, en los Estados Unidos, la acción colectiva -llamando a no asistir a clases, a no trabajar, a no salir de compras o salir a comer, todo por parte de la comunidad hispana- quedó de manifiesto cuando los propios restaurantes cerraron en protesta por la política antiinmigrante de Trump.

El contraste con lo ocurrido en México con la marcha del domingo 12 ha sido evidente -toda diferencia guardada entre ambos eventos.

La movilización estadounidense se dejó sentir en ciudades como Washington, Chicago, Boston y Nueva York, entre otras ciudades (p.ej., Filadelfia). Se ha dicho además, que la acción colectiva en torno al tema de los inmigrantes no termina aquí sino que seguirá en eventos futuros.  

Se ha dicho con razón que la marcha en México  -la cual no tuvo el éxito esperado- se dividió en dos flancos: uno evidentemente anti-Trump pero otro claramente anti-Peña, además de los temas como derechos humanos, Ayotzinapa, etcétera.

 

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Se ha dicho también que, además de la división evidente, la convocatoria no fue la mejor en cuanto a su efectividad. Lo cierto es que la masa crítica de participantes no fue lo suficientemente nutrida y que los obstáculos a la acción colectiva no fueron zanjados satisfactoriamente.

A pesar de que algunos de nuestros mejores pensadores y líderes se manifestaron en la marcha, desde la organización y el liderazgo asociado a ella, la marcha se quedó corta frente a sus expectativas. 

Esto, sin embargo, parece que no sorprende a nadie, ni a las mentes lúcidas que estuvieron detrás de la marcha ni a las mentes lúcidas que analizaron ex-post-facto a la propia marcha en los medios. Hay un evidente consenso de que no se logró lo que se esperaba.

A quien escribe, interesa más bien otro ángulo, que es el de la todavía baja intensidad de nuestro pluralismo mexicano. Esto último va muy de la mano de la calidad todavía muy incipiente de nuestra democracia.

Ello no es un dato menor: si el autoritarismo que vivíamos hace relativamente poco hablaba de un pluralismo claramente limitado, poblado de “mentalidades” más que de sistemas de ideas, hoy el furor del pluralismo al servicio de temas clave de la vida nacional dista mucho de la plenitud que debiera caracterizarle si es que la comunidad política, la sociedad civil, estuviera francamente activa y entregada a las causas que fueren. 

En el pluralismo, estar divididos no es condición crítica ni problema sino condición normal porque la división pasa por muchos segmentos sociopolíticos y, evidentemente cuando se expresa la virtud ciudadana de la participación, la división no desaparece simplemente sino que se supera en aras de un bien superior, una acción política mayor.

Ése es precisamente la cualidad interesante del pluralismo: el hecho de que un tema o asunto toral -un issue como dirían en el análisis político Allende el Bravo- es capaz de acrisolar un conjunto de diversidades en torno a un nuevo eje, dando vida a la política y a la democracia un vigor único.

De otro modo, si el pluralismo no para a la política, la democracia pasa por un estado depresivo. Si algo vale del pluralismo es su fecundidad. Pero hoy, llamémosle depresión, se siente en el ambiente. Alguien dijo lúcidamente desánimo, y yo concurro.  

Hay una nota esperanzadora, sin embargo. Desde los Estados Unidos de Trump -sin agotar la agenda de temas clave (comercio, seguridad, etc.)-  nos van a sobrar momentos en que la política, la del desafío, va acometernos.

 

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Es de decir que la realidad nos va a obligar a ir más allá -con todo respeto- de las banderas nacionales posteadas en las redes sociales. La crisis, mediante el consenso y la proactividad políticas en el pluralismo, también puede ser fecunda.  

@cjonestamayo​

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