¿Halcones o palomas?

06-02-2017 12:10

Nunca una relación tan compleja y tan rica como la que hoy tienen Estados Unidos y México -a pesar de su asimetría- fue llevada al límite de su resistencia formal como ahora.

Para algunos expertos en relaciones bilterales y diplomacia, el contacto de los funcionarios de México con sus similares de Trump desde hace algunos días acusó ya por su tono y características un episodio tirante del que el presidente Peña -hay que aceptarlo- reviró a su contraparte la respuesta de no asistir a Washington. Bien. Bocanada de aire fresco dirían algunos. 

Ojalá ese acierto tenga un premio frente a la opinión pública porque esta presidencia -con todos sus errores y entuertos- entra en una última etapa en que el asunto-tema de la relación con Estados Unidos está en un área peligrosa de desencuentro y, por qué no decirlo, conflicto. Como si le faltaran piedras en el zapato a Peña Nieto, aquí está una de verás grande. Y el dolor apenas comienza. Faltan muchos episodios de esta tortuosa relación que no pueden evadirse de manera alguna.

Trump carece por completo del insight que presidentes anteriores a ambos lados de la frontera tuvieron en torno a una visión conjunta. Desprecia el insight, el arte de tener conciencia. Demuestra sin desparpajo que no le importa en absoluto el entendimiento real con México, que no le interesa tomar en serio a su vecino del sur. El presidente de EUA está acostumbrado a que sus 'trumpadas' no le cuesten y, arrogante por años, ha respondido con demandas y bravuconadas.

En términos de liderazgo ése es su mayor boquete porque limita enormente su capacidad de ser estratégico y coherente. ¿Qué confianza real puede inspirarle a sus contrapartes de otras naciones por importantes o débiles que sean? ¿Qué puede hacer México, sus autoridades, para siquiera articular una agenda con un gobierno como el del presidente Trump?

Dicho lo cual, no deja de ser cierto que la relación de los dos países -tras unos veinte años de entendimiento mutuo y la construcción de una agenda robusta de cooperación- se da ya en aguas en extremo procelosas.

En ese rejuego perverso, ya lo expresó Ernesto Zedillo elocuentemente, los dos países llevan las de perder, aunque México sea el que más pierda. La comunidad estratégica de Washignton sabe que nuestro país es un socio estratégico en su espacio vital.

¿Hasta qué punto podrá el presidente quien encabeza el Consejo Nacional de Seguridad ignorar a los mexicanos? En algún punto habría un límite. Pero la realidad cruda del desacierto trumpiano, desgraciadamente, no es un consuelo para este país al que le urge perseverar en su imagen hacia el exterior e interior. Esto quiere decir sencillamente que el reto del presidente Peña Nieto es monumental y que nadie en el pasado moderno o contemporáneo de México, ha pasado por algo semejante.

Sabemos por lo expertos -de nueva cuenta- que lo que conviene a México es negociar en conjunto: aprovechar las fortalezas en áreas como seguridad para traducirlas en oportunidades a la hora de revisar el TLCAN y así sucesivamente. Pero del otro lado no hay simplemente condiciones ya no digamos para negociar sino para articular un terreno de interlocución y de ahí construir una narrativa. Esta última del lado de Trump en relación con México es una historia de terror.

¿Alguien duda que el hombre que elige como asesor principal, a Steve Bannon -quien tiene una silla asegurada en el Consejo de Seguridad Nacional- tendrá otro rostro que el de un halcón inmisericorde frente a México? Por eso del lado mexicano, aunque parezca una metáfora simplona, habrá que tener halcones sagaces y no palomas.

No puede improvisarse un equipo así. Por eso es que el presidente Peña debe rodearse de los mejores expertos con experiencia en estas lides. Los hay y muy buenos, de la concepción del TLCAN para acá. ¿Dónde están? Así qué puede formularse la pregunta a Enrique Peña Nieto sobre nuestro propio equipo ofensivo-defensivo: ¿Halcones o palomas, señor Presidente?

 

@CJonesTamayo

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