Así no

21-11-2018 19:20

La legalidad es un estado de cosas muy particular; si no alcanza a regular a todos, no puede proteger a nadie.

No admite grado, existe o no.

Carta Abierta al C. Presidente Electo de los Estados Unidos Mexicanos,

PRESENTE

Ante las múltiples decisiones anunciadas y algunas de ellas efectivamente ejecutadas por usted y los miembros de su equipo de transición desde hace algunas semanas, me parece indispensable escribirle de frente y abiertamente.

Me motiva mi país al que amo, me motivan mis amigos y mis amigas, mis vecinos a los que conozco bien y a los que no conozco, me motivan mis hijos y mis nietos y los hijos y los nietos del señor que cruza la calle frente a mi, o de la señora que atiende en el changarro de la esquina. Me motivan todas y todos los integrantes de los pueblos indígenas de nuestro país, también quienes forman parte de minorías discriminadas o agredidas, los que opinan distinto que yo y hasta los que están de acuerdo conmigo.

Me motivan las y los mexicanos que salimos a votar el 1 de julio, los y las que votaron por usted y las y los que eligieron votar por otra posibilidad. Yo no voté por usted, pero voté; y, con el derecho que me da mi condición de ciudadano mexicano, hoy le escribo, con la fuerza de la buena fe y la esperanza de no equivocarme.

Más allá de sus promesas de campaña y de su ideología, con la que usualmente no coincido (para decirlo sin muchas vueltas), me parece particularmente grave que usted anuncie primero una consulta para que la gente elija si prefiere que se continúe el aeropuerto en Texcoco o que se cancele esa obra y se haga en Santa Lucía. Independientemente de la poca seriedad y manipulación de la consulta en sí, la decisión implica necesariamente una ilegalidad. 

Santa Lucía no es una opción real, al menos no todavía, necesita de múltiples estudios técnicos de todo tipo antes de siquiera poder ser considerada seriamente y sujetarse a un proceso complejo, necesariamente lleno de licitaciones. Hoy y ayer (el día de la consulta) ni siquiera podemos saber si Santa Lucía es un proyecto viable que vaya a ser aprobado por las instancias internacionales de aviación, ¿cómo, entonces, puede ser válida la opción?

En los próximos días, se hará una nueva consulta, entre los temas a evaluar, la construcción del Tren Maya y la nueva refinería; otros dos proyectos que carecen de los requisitos que las leyes establecen para poderse construir. Por si eso fuera poco, muchas de las mentes más reconocidas e independientes en materia ecológica y ambiental se pronunciaron públicamente para pedirle que no construyera ese tren por el daño al medio ambiente.

Su respuesta (lo escuché por la radio hoy en la mañana) “no tienen información”; algunos, afirmó, “seguro que ni han visitado el sureste”. La arrogancia y la cerrazón ante las razones, ante los argumentos de fondo no son una buena señal, no son la señal de un hombre de estado que quiere lo mejor para el país y que por lo mismo escucha y atiende a los y las mejores que tenemos.

La política de “austeridad”, las reducciones de sueldos y despidos indiscriminados (“70% de los trabajadores de confianza”) están literalmente rompiendo la estructura operativa del gobierno federal; después de años de inversión en capital humano, los estamos echando a la calle (en algunos casos, literalmente). En el tema de recorte de sueldos, no puedo dejar de reconocer su austeridad personal, es evidente que no le importan los bienes materiales para su disfrute personal, lo felicito.

Pero no podemos dejar de observar que hay funcionarios y funcionarias con hijos y deudas, con compromisos asumidos con base en la permanencia que su esfuerzo y dedicación les aseguraban en su empleo, que hoy se ven ante la alternativa de abandonar el desarrollo del servicio civil de carrera y buscar mantener sus ingresos en otro lado, o enfrentar una crisis personal de gravedad; no todos pueden vivir con la mitad de lo que hoy ganan.

No podemos faltarle al respeto a las instituciones autónomas que tanto trabajo ha costado construir como verdaderos contrapesos al poder del ejecutivo; no se vale que se les pida la renuncia a los titulares de la CNH o de la CRE. Estamos rompiendo la pluralidad en la discusión y en la toma de decisiones; la pluralidad que es de un gran valor, la estamos cambiando por la división e intolerancia

Necesitamos, sí: NECESITAMOS (no es opcional) vivir en un auténtico Estado de Derecho (así, con mayúscula) con estricto respeto a la legalidad; tenemos que respetar todas las leyes, todas las reglas, no solamente las que nos agradan o convienen. Y si las leyes no nos permiten hacer una consulta organizada en unos cuantos días o comenzar a desmontar la selva para construir una refinería antes de tener estudios de impacto ambiental, pues hay que esperarse.

 

Necesitamos, sí: NECESITAMOS (no es opcional) vivir en un auténtico Estado de Derecho (así, con mayúscula) con estricto respeto a la legalidad; tenemos que respetar todas las leyes, todas las reglas, no solamente las que nos agradan o convienen.

 

No podemos olvidar que las leyes tiene un doble aspecto esencial para la vida social pacífica; las leyes, es cierto, establecen la medida de las obligaciones de los ciudadanos, de las y los gobernados; a veces nos dicen qué hacer, qué requisitos cumplir o cuanto pagar (por ejemplo un 16% de IVA) pero al mismo tiempo, en la misma medida y en sentido opuesto, también son la medida de lo que el Estado nos puede exigir y hasta donde puede llegar. Si la ley me obliga a pagar 16% de IVA, el SAT no me puede exigir el 18% o el 17%, vamos ni siquiera el 16.0000001% de IVA.

La ley establece el límite de la capacidad de actuación de la autoridad. Todo eso junto (y otras cosas más) es el Estado de Derecho, y solamente puede ser usted un hombre de estado, un auténtico estadista, si gobierna con la ley en la mano.

Por todas estas razones, y más, es que hoy le escribo para decirle: así no.

No desde el desprecio por la legalidad y la anulación del Estado de Derecho, no desde la revancha y la necesidad que parece evidente de, a cada paso, demostrar el poder.

Así no, porque destruimos lo que tanto trabajo nos costó construir.

Así no, porque lo que tenemos, aunque entre todas y todos lo construimos, no nos pertenece; es de México, de todas y todos los que aquí vivimos y tenemos la enorme responsabilidad de cuidarlo. Y tenemos que cuidarlo para después entregarlo a nuestros hijos e hijas, esperando que lo cuiden a su vez, en beneficio de nuestros nietos, de los de todos.

Señor Presidente Electo, así no.

 

Ciudad de México, 21 de Noviembre de 2018

Manuel E. Tron

 

@metron01