La crisis financiera global del 2008-09 desde el cuarto de guerra: 10 años después

17-01-2019 07:51

Como es su costumbre, la Asociación Americana de Economistas (AEA, por sus siglas en inglés) se reunió a inicios del presente año en Atlanta, Georgia.

Hubo, como siempre, numerosas sesiones importantes e interesantes, pero quiero resaltar dos de ellas1. La primera que trataré en esta entrega es la referente al 10 aniversario de la crisis internacional que le pegó al mundo. La segunda, a la que me referiré la siguiente colaboración, se refirió a los empleos del futuro.

Así, en el aniversario 10 de la crisis internacional se convocaron a los tres actores que la enfrentaron directamente desde el cuarto de guerra. Estuvieron en el panel Ben Bernanke, entonces presidente de la Reserva Federal americana, Hank Paulson secretario del tesoro al inicio de la misma, bajo la administración de George Bush; y Tim Geithner, primer gobernador de la Fed NY y, posteriormente, nombrado secretario del Tesoro bajo la administración de Obama. Greg Ip del Wall Street Journal fue el conductor del panel.

Hubo dos temas que desde mi perspectiva vale la pena repasar porque arrojan lecciones que proveen los participantes del cuarto de guerra. El primero es la interrogante que ha habido hasta ahora, y que se les preguntó, de por qué se rescató a Bear Stearns y a Lehman Brothers se le dejó quebrar. Acá el consenso es que la estrategia seguida para ambas fue la misma. Lo que pasó según ellos es que la primera dio resultado y la segunda no. Lo importante es explicar por qué la segunda no dio resultado.

Antes de ir a ello, debo decir que los tres hablaban en primera persona del plural, es decir, se consideraron un equipo cohesionado para enfrentar la crisis, a pesar de que hubo cambio de gobierno y de partido en el poder. Una vez dicho esto, de acuerdo a ellos, el objetivo principal fue evitar el colapso del sistema financiero en su conjunto, que es lo que no se hizo durante la gran crisis del 1929-33 (junto con la mala decisión de la Fed de colapsar la oferta monetaria y permitir deflación). Esto es, tenían un objetivo muy claro desde el inicio: evitar el colapso del sistema financiero (perdón por la reiteración).

 

Los tres -aunque de distintas administraciones y signo político- hablaban en primera persona del plural, es decir, se consideraron un equipo cohesionado para enfrentar la crisis, a pesar de que hubo cambio de gobierno y de partido en el poder

 

Para ello, contaban con los instrumentos tradicionales de política monetaria, como lo es el manejo de la tasa de interés. Sin embargo, éste no era suficiente por una simple razón, el sistema estaba demasiado frágil. Más aún, a diferencia del 1929, la fragilidad provenía de instituciones no-bancarias que contaminaron con sus actividades riesgosas a las bancarias.

Para que el lector se dé una idea, para 2008 el 40 por ciento del sistema lo constituían los bancos mientras que el restante 60 por ciento lo representaba la institución no-bancaria. Y esto es importante porque no solamente las hojas de balance de los bancos estaban afectadas, sino que había mucho, pero mucho arbitraje regulatorio entre los dos tipos de instituciones, lo que no permitía dimensionar el tamaño del animal.

Así, la crítica de por qué rescatar a las no-bancarias era si bien interesante, contraria al objetivo final. No había de otra: se trataba de capitalizar a Bear Stearns en un entorno de fragilidad del sistema. La estrategia para decirla muy simplemente fue encontrar un comprador que asumiera los pasivos porque la Fed no tenía –ni tiene- la autoridad ni los recursos de capitalizar (puede fungir como prestamista de última instancia, pero esto es limitado sobre todo cuando el sistema entero está en peligro). Esto se pudo hacer convenciendo (con cierta “colaterización”) a JP Morgan para que la tomara en marzo de 2008.

Lo de Lehman Brothers (LB) ocurrió después, en octubre de ese mismo año. Para entonces Bear Stearns se interpretó como una primera alerta. La estrategia con LB era nuevamente tratar de capitalizarla (sin recursos gubernamentales) para lo que la Fed tenía en esas circunstancias, como dijimos, una muy limitada armería. Se trató de convencer a muchos actores financieros de que la tomaran, lo que casi se logró con Barclays pero el Banco de Inglaterra no lo permitió ni autorizó.

Así, se dejó quebrar a LB con las consecuencias consabidas. De por qué no se rescató por parte del gobierno (sin comprador privado), uno de los motivos fundamentales fue que Lehman no era un caso único, sino que esa misma semana y las consiguientes surgieron más instituciones con serios problemas: Freddie Mac, Fanny Mae, Merryl Lynch, Wacovia, AIG, entre otras, y era imposible rescatar a todas más allá de cómo convencer al Congreso de rescatar alguna de ellas considerada clave (cosa imposible, de acuerdo a ellos, porque lo intentaron sin éxito).

Entonces hubo que utilizar instrumentos que no estaban en el menú: realizar trasformación de madurez de instrumentos financieros, y tomar riesgos importantes. Se diseñó el Tarp (El Troubled Asset Relief Program) que fue un programa para comprar activos y acciones de instituciones financieras para fortalecer su sector financiero. Fue el componente más importante de las medidas del gobierno en 2008 para hacer frente a la Crisis de las hipotecas subprime.

Esto es, hubo entonces que utilizar recursos públicos, lo que implicó el segundo elemento que considero importante de la discusión. La parte política de manejo de las crisis financieras.

De esta forma, se tuvo que conseguir autorización del Congreso para “sanear” al menor costo posible el sistema financiero de los EU. Reconocieron que al utilizar instrumentos ad-hoc, fuera del menú de opciones, fallaron en la comunicación y eso dificultó la negociación política.

 

Dado que se tuvo que utilizar recursos públicos, la crisis financiera requería manejarse políticamente. Sin el liderazgo del presidente en turno, primero George Bush Jr, y luego Barak Obama, eso no hubiera sido posible 

 

Sin embargo, resaltaron que sin el liderazgo del presidente en turno, primero George Bush Jr, y luego Barak Obama, eso no hubiera sido posible. Para ilustrar el apoyo permítaseme citar dos anécdotas que ejemplifican lo que trato de decir.

1. Durante el inicio de la crisis, cuando se diseña el Tarp, el presidente Bush le dijo a Nancy Pelosi: “cuando hables con Paulson, es como si estuvieras hablando conmigo”. En corto, Bush le había dicho a Paulson, “haremos lo que tú y tu equipo me digan”. En otras palabras, el apoyo fue total.

2. Por su parte, Timothy Geithner, secretario del Tesoro bajo Obama, comentó que en una ocasión se reunió con el presidente y le dijo que la solución (de fortalecer el sistema con recursos públicos que serían recuperados más tarde) iba a ser muy difícil que pasara en el Congreso, pero que era la única salida. Obama le respondió: “tú trabajo es decirme cuál es la mejor solución –que me dices que es la única, lo demás déjamelo a mí, ese es mi trabajo, superar los obstáculos políticos”. Nuevamente, el apoyo presidencial fue absoluto.

Hay varias lecciones de esto: en caso de crisis es necesario que las autoridades formen un equipo, aunque sean de instituciones distintas que busque un objetivo único y claro. Asimismo, es necesario contar con técnicos capaces y especializados. Segundo, que el presidente en turno les dé todo el apoyo. Y, finalmente, estar dispuesto a tomar riesgos decidiendo con instrumentos que a veces no han sido probados pero que hayan sido diseñados seriamente. Es mejor hacer mucho que poco. Y siempre hay que estar preparado para lo peor. Pero todo esto con una estrategia de comunicación efectiva. Sin ésta, lo anterior no se comprenderá.

Para terminar, es necesario señalar que no ven una crisis financiera pronto. Habrá una ligera recesión “relativamente normal” para 2020 y la volatilidad financiera actual es también “relativamente normal”. No hay nada en el horizonte que sugiera que puede haber una crisis como la del 2008-09. El sistema financiero está completamente capitalizado.

Para el caso mexicano, sería interesante que hubiera un panel con los actores del cuarto de guerra para recordar, analizar y dotar de lecciones a las nuevas generaciones en el 25 aniversario de la crisis del tequila de 1994, la del error de diciembre, que justo se cumple en este año que recién comienza.

México, infortunadamente, no tiene esa tradición por motivos que desde mi perspectiva muestran nuestros prejuicios y la intrínseca falta de rendición de cuentas del desempeño. Imagínese un panel donde participara Jaime Serra, Guillermo Ortiz, Miguel Mancera, Pedro Aspe y, por qué no, Ernesto Zedillo. Con ésta podríamos extraer lecciones adicionales para las nuevas generaciones de funcionarios financieros; así es como se transmite parte del conocimiento, y los gringos lo saben, por eso están donde están.

Especificaron que todavía hay críticas a su actuación de entonces, pero hay que enfrentarlas públicamente.

 

[1] Otra, que no reseñaré, ocasionó que los mercados financieros se calmaran, ya que las declaraciones de Jerome Powel fueron bien recibidas y difundidas ampliamente por toda la prensa internacional, por lo que no le destinaré tiempo a ello.