Cultura

Alejandra Pizarnik, de la locura a la literatura

Poetisa que no sólo creó literatura magnífica, vivió y murió por ella: para Pizarnik un mundo sin letras no sólo era inconcebible, era inexistente.

30-12-2018 07:05 Por : Arena Pública
Alejandra Pizarnik (Wikimedia Commons)
Alejandra Pizarnik (Wikimedia Commons)

El suicidio de la escritora argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) a sus 36 años no resulta un acontecimiento poco común, pareciera una constante entre muchos artistas o escritores: el pintor Van Gogh se suicidó disparándose en el estómago a los 36 años, la escritora Virginia Woolf llenó los bolsillos de su ropa de piedras y se sumergió a un río a sus 59 años; Pizarnik eligió tomar 50 pastillas de sedantes.

Pero… ¿quién fue ella y por qué es importante recordarla?

Escribe en el poema "La enamorada":

 […]ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú […]

Amiga de Octavio Paz y Julio Cortázar, jamás logró adaptarse a la sociedad a la que pertenece y encuentra en la escritura su única forma de subsistir. Calificada como una mujer “inútil” ya que no sabía trabajar, cocinar, salir a la calle o hacer cosas cotidianas como ir al banco: ella no se consideraba “parte de este mundo”.

La muerte, la soledad y el silencio fueron los temas que abundaron en su obra, por medio de las letras ella intentó reparar heridas profundas, rompiendo con su estilo las formas de poesía que existían hasta el momento: intensidad, síntesis e imágenes, es aquello que la caracterizó y se encuentra en sus versos: por la poesía ella estaba dispuesta a morir.

"Simplemente no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿Qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. No lo querré acaso."

Muchos consideraban que tenía características físicas andróginas y una voz sumamente extraña y peculiar con la que declamaba la belleza de sus versos, la brevedad de éstos y el sentir indescriptible que sólo es posible concebir por medio de metáforas.

 

 

Pizarnik no sólo escribió poesía de gran valor, sino que se mimetizó con ella: “Hacer con mi cuerpo el cuerpo del poema”, pero esto no duró demasiado tiempo; ella no sólo rompió, sino que destrozó el lenguaje, de repente las palabras dejaron de servirle y la “Alejandra de los poemas” que existió, empezó a desvanecerse.

Angustiada y plagada de una frustración, el refugio que se creó por medio de la literatura se quebranta y no hay más lugar al que pueda pertenecer, y ante ello, no hay más salida que la propia muerte. 

Mitificada por su suicidio e imagen de poetisa maldita, Alejandra Pizarnik fue gobernadora de sí misma hasta el final de sus días, otorgó un legado literario universal no sólo por la belleza y arte de sus letras, sino por considerar todo su mundo literatura, y a sí misma un personaje literario:

“La vida perdida para la literatura por culpa de la literatura. Por hacer de mí un personaje literario en la vida real fracaso en mi intento de hacer literatura con mi vida real pues ésta no existe: Es literatura”, escribió la poeta argentina en su diario el 15 de abril de 1961.

 

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