Capital humano, el incierto eslabón para la transformación digital en AL

12-05-2019 08:23

La vertiginosa expansión digital requiere con premura capital humano. No se trata de quien pueda contar con un celular conectado a Internet. Sino de aquellos que se harán cargo de la mayor transformación económica de la que el mundo tenga memoria.

La estructura de formación de estos recursos humanos en América Latina muestra una grieta preocupante. Concentra su mayor esfuerzo en cursos básicos y carreras técnicas. El rezago que la región tiene en materia de formación de alto nivel no tardará en pasarle factura.

La amplia desarticulación de los sistemas educativos latinoamericanos, sumada a la falta de continuidad de las políticas públicas, que incluso, como en el caso de México, hablan confusamente de “nacionalismo científico”, colocan a la región frente al riesgo de una nueva brecha: la del capital humano.

Puede haber, y de hecho habrá máquinas, dispositivos, plataformas; puede haber, y de hecho habrá cada vez mayor conectividad territorial, pero si no hay quienes puedan ejercer las labores productivas de liderazgo que requiere ya la transformación digital en materia de producción de bienes y servicios, Latinoamérica habrá repetido su historial de rezago fatalmente.

A partir de lo que ha dado en llamar las “tres olas de la innovación tecnológica”, Raúl Katz, prestigiado investigador sobre transformación digital y sus implicaciones económicas, ha establecido a la par las tres fases en las que las tecnologías surgen, maduran y consolidan su impacto.

De acuerdo con ese modelo, la primera ola, caracterizada por la aparición de las computadoras, la banda ancha y los dispositivos móviles se desarrolló entre 1950 y 1975, y supuso un proceso de adopción entre 1960 y el 2000, su impacto social y económico debe situarse entre 1990 y 2010.

La segunda, que incluye plataformas de Internet y computación en la nube, tuvo sus años de desarrollo entre 1970 y 1990, su adopción, aún en curso, a partir de 1995, y sus años de impacto social y económico, que también se mantienen, a partir del 2005.

Finalmente, a partir de 1980, está en proceso la fase de desarrollo de la 3ª ola, que supone Internet de las cosas, Inteligencia artificial, Robótica y Blockchain, entre otras posibilidades; su etapa de adopción comenzó en 2010 y está en marcha, esperándose que sus mayores impactos sociales y económicos ocurran a partir de 2020, el próximo año.

La brecha de capital humano asoma, en estas condiciones, como una asignatura de primer orden, a riesgo de que la región empeore sus posibilidades de competir, o siquiera ser productiva, en los nuevos entornos de la economía digital globalizada.

 

El éxito de la sociedad digital, pues, va mucho más allá de contar con un celular y acceso a la Red de redes, implica una deuda gigantesca, e histórica, con la justicia y la equidad

 

Dice Katz, a propósito de un amplio informe publicado por CEPAL sobre la brecha de capital humano en el contexto de la transformación digital en América Latina, “las ventajas de reorganizar los programas son muchas.

Por un lado, la capacidad de motivar a los estudiantes con reflexiones generales y prepararlos para los cambios vertiginosos tanto de la generación y aplicación de conocimiento como su necesaria reconversión y actualización. Por otro, la eficientización del gasto en educación que permitiría no tener que reconvertir programas constantemente en función de cambios en la tecnología dominante”.

El informe de CEPAL, coordinado por Katz, que por lo que respecta a cursos avanzados, se identificaron casi 3 mil en robótica y un número similar en inteligencia artificial, siendo la analítica de datos la que registra la menor cantidad con cerca de 2 mil.

Sin embargo, se advierte, “existe una clara brecha de oferta en los programas de capacitación de alto nivel (principalmente doctorados). Esto tiene un impacto en el nivel y recursos dedicados a investigación y desarrollo en la región, con lo que es crítico aumentar el énfasis en la creación de dichos programas”.

“En este sistema, señala Katz como parte de las conclusiones de su trabajo, proliferan las instituciones destinadas a ofrecer programas de formación superior de forma descoordinada, sin responder a una matriz de desarrollo educativo uniforme orientada a aumentar la dotación de capital humano de los países”.

Si lo que se quiere es impactar en la reducción de la pobreza, ello es insuficiente. La adopción tecnológica masiva (y productiva) más allá del ámbito comunicacional o del entretenimiento, requiere que el Estado asuma su responsabilidad en el diseño e implementación de políticas públicas que impacten sobre la mejora educativa y la expansión de acceso y la alfabetización digital.

El éxito de la sociedad digital, pues, va mucho más allá de contar con un celular y acceso a la Red de redes, implica una deuda gigantesca, e histórica, con la justicia y la equidad. Así deberían entenderlo los Estados; no todos están haciendo la tarea.

A diferencia de las revoluciones tecnológicas del vapor y la de la electricidad, que ocurrieron a lo largo de extensos periodos de tiempo, la era digital se expande de modo vertiginoso sobre todo el orbe.

Con el corazón en el pasado, algunos gobernantes siguen postulando que para eso de lo digital, hay tiempo de sobra.

Hace rato que dejó de haberlo.

 

@antoniotenoriom