Economía bajo la maldición de inicios de sexenio

30-04-2019 17:47

La economía mexicana está puntualmente arribando a su tradicional desaceleración de inicios de sexenio, un ritual que lleva ya dos décadas y media de presentarse sin interrupción en la realidad económica del país. 2019, inicio de sexenio, no es diferente al primer año de cada una de las cuatro administraciones anteriores, en materia económica.

Hasta hace apenas algunos meses, tanto autoridades como mercados aún auguraban un crecimiento económico mayor a 2% para el primer año del nuevo gobierno. Incluso el consenso del mercado hasta octubre de 2018  decía que el crecimiento podía ser aún mayor al que se esperaba para el cierre de 2018, ignorando con ello la maldición de inicios de sexenio ya sea por buenos deseos o bien por desconocimiento de la realidad mexicana. Hasta octubre del 2018, la encuesta de Banxico indica que tanto la media como la mediana del consenso reportan un crecimiento mayor a 2% para 2019, con un pronóstico mínimo de 1.6% y uno máximo de 3%.

En agosto del 2018, contrario a lo que anticipaba el mercado, empezamos a recordar la llegada de la tradicional desaceleración en el 2019 (¿Podrá AMLO evitar la maldición de inicios de sexenio?), donde ya anticipamos que el crecimiento estaría mas cercano a 1.5% que a 2%. Incluso organismos financieros internacionales, como el FMI, decían en octubre que México crecería 2.5% en el 2019. La realidad ha demostrado que nada ha cambiado en los últimos seis años como para creer que esta vez las cosas pueden ser diferentes.

Puntual con su ritual sexenal, la economía en voz del Inegi ha dicho que la actividad económica se contrajo 0.2% en el primer trimestre, con respecto al trimestre anterior cuando la economía creció 0.2%. En términos anuales el crecimiento fue de 1.3% con cifras originales. La contracción del PIB en el primer trimestre no debe ser una sorpresa, salvo para las mismas autoridades que hasta hace algunas semanas esperaban un crecimiento aún por arriba de 2% para el año.

Tres factores están detrás del desplome económico del primer trimestre. Primero y más importante es que la economía mexicana no ha logrado conjurar la maldición de inicios de sexenio, cuando la transición política genera efectos contraccionarios en la actividad económica ante el retraso en la ejecución del presupuesto federal y en las actividades empresariales ligadas al gasto público. La curva de aprendizaje de los nuevos equipos tiene un costo sobre la economía, sobre todo con el nuevo gobierno.

Segundo, las acciones de austeridad introducidas por el nuevo gobierno, que incluyen no solo despidos importantes en el aparato burocrático sino también reducciones salariales de considerable magnitud, afectando con ello el gasto de los consumidores. Aunado a esto también están los efectos adicionales generados por algunas interrupciones en el suministro de combustibles y bloqueos a vias de comunicación.

Tercero, la reticencia que ha mostrado el sector privado ante las acciones tomadas por el nuevo gobierno y que han afectado el sentimiento empresarial y las decisiones de inversión durante el arranque del sexenio. Esto ha debilitado la fuente fundamental del crecimiento permanente: la inversión productiva. Esto no solo tiene implicaciones en la debilidad de corto plazo, sino que también limita las posibilidades de una recuperación rápida y sostenida en el mediano plazo.

 

Alcanzar un crecimiento de 4% implica inversiones adicionales de poco más de 30 mil millones de dólares anuales

 

Como resultado de ello, en el 2019 la economía se enfila hacia un crecimiento de alrededor de 1.5% en el mejor de los casos, pero con un fuerte sesgo a la baja que podría llevarla a un crecimiento incluso menor a 1% en caso de que la debilidad se agrave durante el segundo trimestre.

Alcanzar un crecimiento de 4% hacia finales del sexenio (2024) no solo se ve lejano sino incluso se empieza a ver dificil, sobre todo porque este no se dará solo por buenos deseos del Ejecutivo. Remontar un crecimiento sostenido hacia un 3% implica generar nuevas inversiones por un monto de 20 mil millones de dólares en promedio anual durante el sexenio.

Alcanzar un crecimiento de 4% implica inversiones adicionales de poco más de 30 mil millones de dólares anuales. Y esto solo se logra con un total convencimiento del sector empresarial en el rumbo del país y en la fortaleza de sus instituciones.

Mientras tanto, la realidad mexicana ya se ha hecho presente una vez más y está demostrando, tanto a mercados como a autoridades, que la economía mexicana no ha logrado escapar de la maldición de inicios de sexenio: la tradicional desaceleración inducida por la transición política.

 

Twitter:  @AlfredoCoutino

Web:  www.AlfredoCoutino.com

* Director para América Latina en Moody’s Analytics. Las ideas expresadas son de la exclusiva responsabilidad del autor y de ninguna manera deben ser atribuidas a la institución para la cual trabaja.